24 años después de que alguien tirara una envoltura de comida a este cenote, sigue casi intacta en el fondo

Chankom Cenote

¿Te imaginas encontrar hoy una envoltura que alguien tiró en 1996?

Samantha Guerrero

Editora Jr

Tiras una envoltura de frituras y en cuestión de segundos deja de existir para ti. Ya no está en tu mano, ya no está sobre la mesa y probablemente tampoco volverás a pensar en ella; pero que dejemos de verla no significa que haya desaparecido. En 2021, un buzo encontró en el fondo de un cenote de Yucatán una bolsa de Poffets con los personajes de Animaniacs

El empaque correspondía a 1996 y, 24 años después, todavía podía reconocerse. La propia buzo, Kayú Vilchis, explicó que en aquella época esas frituras costaban un peso. El hallazgo ocurrió durante trabajos de saneamiento en el cenote Chankom, en Yucatán, y ahí es donde la historia deja de ser una simple curiosidad sobre una envoltura vieja: la bolsa no estaba sola.

La basura que dejamos de ver sigue ahí

La fotografía de aquella envoltura resulta inquietante precisamente porque no parece haber pasado décadas bajo el agua. Los colores siguen ahí, también los personajes de Animaniacs, y podría parecer una bolsa que alguien dejó caer unos días antes, no un residuo que llevaba 24 años en el fondo de un cenote.

Pero alrededor había algo mucho menos nostálgico. Durante los trabajos de saneamiento del cenote Chankom también se encontraron distintos residuos, entre ellos envases de plástico, envolturas y otros objetos abandonados bajo el agua. 

Dependiendo de las condiciones del lugar, durante esas labores llegaron a retirarse entre 100 y 160 kilos de basura. La bolsa de Poffets era solo una más y lo que la hacía especial era su edad: había permanecido ahí mucho tiempo. 

Eso ayuda a entender un problema que normalmente es difícil de visualizar: cuando tiramos algo a la basura, dejamos de verlo casi inmediatamente. El ambiente, en cambio, puede seguir lidiando con ese residuo durante mucho más tiempo.

Un cenote no es simplemente un lago

Aquí es donde aquella bolsa empieza a contar una historia mucho más grande. A simple vista, un cenote puede parecer un pequeño cuerpo de agua rodeado de vegetación. Pero en la península de Yucatán también es una ventana hacia el agua subterránea.

La región está formada en gran parte por roca caliza y un complejo sistema kárstico en el que el agua circula por grietas, cavidades y conductos. En el municipio de Chankom, por ejemplo, el gobierno estatal señala que no existen corrientes superficiales de agua y que las corrientes subterráneas forman depósitos conocidos como cenotes.

La UNAM también explica que la península cuenta con fracturas, cavernas, el Anillo de Cenotes y ríos subterráneos que hacen que la infiltración y el movimiento del agua sean especialmente complejos. 

Por eso un cenote no debería entenderse como un recipiente aislado. Lo que llega a uno de estos cuerpos de agua puede formar parte de un sistema mucho más grande.

Yucatán tiene un acuífero especialmente vulnerable

La misma estructura geológica que permite que existan los cenotes también tiene una consecuencia importante: el agua subterránea puede ser vulnerable a los contaminantes que llegan desde la superficie.

Investigadores de la Facultad de Química de la UNAM explican que el acuífero kárstico de la península facilita que algunos contaminantes presentes en el suelo se filtren rápidamente y se desplacen por conductos y fracturas hasta alcanzar el agua subterránea y, eventualmente, los pozos de abastecimiento. Y no hablamos únicamente de una posibilidad. 

La UNAM ha documentado en el acuífero de la península la presencia de nitratos, plaguicidas, hidrocarburos, contaminantes orgánicos volátiles, productos farmacéuticos y de cuidado personal, esteroles fecales y algunos metales, entre otros compuestos. 

En un monitoreo realizado en 2024 se tomaron muestras en 16 puntos del acuífero de la península: 15 pozos y un cenote. Los primeros resultados detectaron 10 de los 15 compuestos orgánicos volátiles analizados

En general, las concentraciones estuvieron por debajo de los límites establecidos como referencia en la NOM-127-SSA1-2021, aunque en uno de los sitios se encontraron niveles de bromoformo y tetracloruro de carbono por encima de esos valores. 

La bolsa de Poffets, por supuesto, no demuestra que ese residuo haya provocado ninguno de esos contaminantes. Sería incorrecto establecer esa relación. Lo que sí ayuda a visualizar es algo mucho más sencillo: el agua que vemos en un cenote forma parte de un sistema que puede recibir sustancias procedentes de la superficie.

La contaminación no siempre se puede ver

Una botella de plástico se puede fotografiar. Un sanitario abandonado en el fondo de un cenote también. Un plaguicida, un hidrocarburo o determinados compuestos químicos no necesariamente, y esa diferencia importa.

La Facultad de Química de la UNAM monitorea contaminantes en distintos puntos del sistema, incluidos cenotes y pozos de abastecimiento, además de analizar el agua, los sedimentos y organismos de la zona costera.

Entre las sustancias que se estudian están los plaguicidas, hidrocarburos, trihalometanos y distintos contaminantes emergentes. Incluso hay un dato curioso: los investigadores pueden utilizar la presencia de cafeína como indicador químico para ayudar a identificar aportes de aguas residuales de origen humano al acuífero.

Es decir, no siempre hace falta encontrar una botella flotando para saber que algo está ocurriendo. A veces la contaminación está ahí, aunque nuestros ojos no puedan verla.

México sí está intentando limpiar estos ecosistemas

La historia tampoco termina con aquella envoltura. En Yucatán existen acciones específicas para retirar residuos, monitorear los sistemas kársticos y reducir las fuentes de contaminación.

En mayo de 2025, la Secretaría de Desarrollo Sustentable de Yucatán puso en marcha la Estrategia para la Conservación de los Sistemas Kársticos, con el objetivo de trabajar durante ese año en el saneamiento de 20 cenotes prioritarios, además de realizar monitoreo científico y promover la participación de las comunidades. 

Y los trabajos no se quedaron en el anuncio. En julio de 2025, una jornada de saneamiento en el cenote X'Pakay, en Tekit, permitió retirar 102 kilos de residuos, de los cuales 38 kilos fueron extraídos directamente del fondo por buzos especializados.

Un mes después, en el cenote Chen Ha, en Dzityá, seis buzos recuperaron 109 kilos de residuos sólidos urbanos. Entre ellos había una llanta, un sanitario, envases de PET, botellas de vidrio, fragmentos de gabinetes de cocina y la tapa de un tambor metálico.

Y en octubre de ese mismo año, una jornada en el cenote Pedz Can, en Homún, permitió retirar otros 47.5 kilos de residuos. La diferencia es importante: estos no son residuos encontrados hace décadas; son ejemplos de basura que todavía está llegando a los cenotes.

El problema no es solamente sacar la basura

Limpiar un cenote es probablemente la parte más visible del trabajo. Pero no necesariamente es la más importante. Porque si retiramos una llanta, una botella o una envoltura del agua y después permitimos que nuevos residuos sigan llegando, el problema simplemente vuelve a empezar.

Por eso el Gobierno de Yucatán también mantiene acciones relacionadas con el manejo de residuos en los municipios que forman parte de la zona de recarga del Anillo de Cenotes.

Su programa de manejo integral contempla, entre otras medidas, el saneamiento de tiraderos clandestinos y la rehabilitación de sitios de disposición final en los 13 municipios que forman parte de esa zona. 

La lógica es bastante sencilla: no basta con limpiar lo que ya llegó al agua si no se evita que vuelva a llegar más basura. De ahí que las estrategias también incluyan educación ambiental, participación comunitaria, monitoreo y un mejor manejo de los residuos.

El cenote tampoco está aislado del resto de Yucatán

La dimensión del problema se entiende todavía mejor cuando se mira el tamaño del área que protege el Anillo de Cenotes. La Reserva Estatal Geohidrológica Anillo de Cenotes fue decretada como Área Natural Protegida en 2013 y tiene una superficie de 219,207.83 hectáreas.

Comprende 13 municipios de Yucatán y dentro de ella existen 24 ecosistemas kársticos reconocidos como sitios Ramsar por su importancia internacional como humedales. La reserva, entonces, no existe únicamente para proteger paisajes que se ven bonitos en las fotografías de turistas.

También protege un sistema que cumple funciones hidrológicas fundamentales y eso hace que aquella bolsa de frituras resulte todavía más interesante: no estaba simplemente tirada en un lugar turístico, sino dentro de un sistema natural conectado con el agua subterránea de una buena parte de la región.

Hasta una bolsa de un peso puede convertirse en una cápsula del tiempo

Hay algo casi absurdo en la historia de aquella Poffets. En 1996, la bolsa costaba un peso y llevaba a los personajes de Animaniacs. Alguien la compró, comió la botana y en algún momento tiró la envoltura y después pasaron 24 años.

Durante ese tiempo cambiaron los teléfonos, las computadoras, las formas de consumir entretenimiento y hasta una generación completa creció. Pero la bolsa seguía ahí.

Cuando Kayú Vilchis la encontró, todavía era posible reconocer la época a la que pertenecía. Sin proponérselo, aquel residuo se había convertido en una pequeña cápsula del tiempo, solo que no estaba en un museo, estaba en el fondo de un cenote. 

El problema de la basura es que dejamos de verla demasiado rápido

Cuando tiramos una envoltura, desaparece de nuestra vista casi inmediatamente. Puede salir de nuestra mano, del automóvil o de nuestra casa en cuestión de segundos. Pero eso no significa que haya desaparecido del ambiente.

Puede terminar en un relleno sanitario, en un tiradero, en un río o, como ocurrió con aquella bolsa de Poffets, en el fondo de un cenote. Y en Yucatán el problema adquiere una dimensión especial porque los cenotes forman parte de un sistema kárstico conectado con el agua subterránea y vulnerable a distintos tipos de contaminación.

Por eso aquella envoltura de 1996 no es solamente una curiosidad nostálgica. Es una forma bastante gráfica de entender cuánto tiempo puede permanecer un residuo después de que nosotros dejamos de preocuparnos por él. La bolsa costaba un peso y probablemente alguien tardó apenas unos segundos en deshacerse de ella.

El cenote la conservó durante 24 años y quizá lo más inquietante no sea que una envoltura de frituras haya sobrevivido tanto tiempo, sino pensar qué estamos tirando hoy que alguien podría encontrar en el fondo de un cenote dentro de otras dos décadas. 

Imágenes | Kayú Vilchis, Pexels

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