Este hombre de 80 años se ganó 51 millones de pesos en la lotería y tenía claro qué hacer con el premio: una red de distribución de drogas

Ganar Loteria

Su premio de lotería podía haberle comprado una jubilación tranquila.

Samantha Guerrero

Editora Jr

Ganar la lotería suele asociarse con una vida bastante predecible: dejar de trabajar, comprar una casa, viajar o, simplemente, olvidarse por un rato de las preocupaciones económicas. John Eric Spiby tenía 65 años cuando ganó 2.4 millones de libras en la National Lottery británica en 2010, unos 51 millones de pesos mexicanos al tipo de cambio aproximado.

Catorce años después, aquel hombre que ya tenía dinero suficiente para retirarse fue condenado a poco más de 16 años de prisión por formar parte de una operación dedicada a fabricar y distribuir pastillas falsificadas, según The Guardian.

La historia, sin embargo, es todavía más extraña cuando se descubre dónde comenzó parte de la operación. Una de las instalaciones estaba en una propiedad rural de Spiby, cerca de Wigan, en Greater Manchester, y desde fuera parecía una casa tranquila; dentro había una operación capaz de fabricar tabletas a escala industrial.

El premio de lotería no terminó en vacaciones

Spiby ganó el premio en 2010, pero una década después su nombre apareció en una investigación que terminó destapando una organización dedicada a fabricar pastillas falsificadas y distribuirlas como si fueran medicamentos legítimos. 

El Tribunal de la Corona de Bolton determinó que había participado en una conspiración para producir y suministrar drogas de clase C; también fue declarado culpable de posesión de armas de fuego y munición, además de intentar obstruir la justicia. La sentencia llegó el 27 de enero de 2026: 16 años y seis meses de prisión.

La cuestión, entonces, no era qué hizo con los millones que ganó, sino cómo terminó involucrado en una operación que necesitaba precisamente algo que él podía aportar: espacio, instalaciones y recursos.

La fábrica estaba escondida junto a su casa

La primera instalación estaba en un espacio conocido como "the stables", ubicado junto a la propiedad rural de Spiby. De acuerdo con la policía de Greater Manchester, el hombre proporcionó las instalaciones, ayudó a adaptarlas y participó en la compra de la maquinaria utilizada para fabricar las tabletas.

La operación tampoco se quedó en ese lugar. En 2021, el grupo ya se había expandido a una segunda instalación industrial en Salford y, para ocultar parte de sus actividades, también utilizó una empresa fachada llamada Nutra Inc., según lo expuesto durante el juicio.

A esas alturas, ya no se trataba de una pequeña fabricación clandestina escondida en un garaje. La organización necesitaba instalaciones, maquinaria y una logística capaz de mover grandes cantidades de producto.

No eran medicamentos: eran pastillas falsificadas 

Las tabletas se fabricaban para parecerse a diazepam, un medicamento conocido comercialmente como Valium y utilizado, entre otras cosas, para tratar ansiedad, espasmos musculares y determinados tipos de convulsiones.

Pero las pastillas no contenían diazepam. Su ingrediente era etizolam, una sustancia con efectos sedantes que puede ser peligrosa y que se comercializaba como si se tratara de un medicamento regulado.

La fiscalía calculó que la operación completa pudo haber producido millones de pastillas y alcanzar un valor de entre 56 millones y 288 millones de libras, dependiendo de si se calcula a precios mayoristas o de venta final. Por su magnitud, el juez llegó a describirla como posiblemente la mayor operación de fabricación de este tipo de drogas descubierta por la policía británica.

El problema era que parecían medicamentos reales

Esa es la diferencia entre esta historia y una simple fábrica clandestina de drogas: el objetivo no era solamente producir una sustancia ilegal, sino hacerla pasar por otra cosa. 

Las tabletas se presentaban como diazepam, un medicamento que sí existe y se vende legalmente; pero su contenido no estaba sometido a los controles de composición, dosis y calidad que tendría un medicamento autorizado. Una persona podía creer que estaba comprando un fármaco conocido y terminar consumiendo una sustancia completamente distinta.

La policía de Greater Manchester calificó las pastillas como altamente peligrosas y señaló el daño asociado con su distribución. La investigación también relacionó la disponibilidad de este tipo de drogas con un aumento de muertes relacionadas con sustancias de esta clase en determinadas zonas de Greater Manchester, según las pruebas presentadas durante el juicio.

Y ahí está el verdadero riesgo: no solo se vendía una sustancia ilegal, también se hacía pasar por un medicamento que alguien podía considerar seguro.

El problema no termina en Reino Unido

La historia ocurrió en Inglaterra, pero el mercado de medicamentos falsificados no es un problema exclusivo de ese país. México también ha registrado casos de productos que se comercializan como medicamentos sin serlo mediante la Cofepris.

En 2026, autoridades federales detuvieron en el Estado de México a dos personas relacionadas con la comercialización de medicamentos apócrifos. Durante el operativo fueron aseguradas 15,000 dosis de clonazepam, vacunas falsas y etiquetas para cajas de vacunas, entre otros productos.

El problema también ha aparecido en mercados clandestinos. Una investigación de N+ documentó en Guadalajara la venta de productos que supuestamente correspondían a medicamentos como diazepam y Valium. En algunas de las muestras analizadas se encontraron sustancias que no correspondían con lo que indicaba el producto comercializado.

Estos casos no tienen relación con la organización de Spiby y no hay evidencia de que exista algún vínculo entre ellos. La conexión está en el riesgo: una persona puede comprar una pastilla pensando que está adquiriendo un medicamento y terminar consumiendo otra sustancia.

La operación necesitaba algo más que dinero

No fue literalmente que Spiby ganó la lotería y decidió convertirse en fabricante de drogas al día siguiente. Ganó el premio en 2010 y la operación por la que fue condenado estuvo activa principalmente entre 2020 y 2022, una década después. Lo que sí estableció el tribunal fue que proporcionó las instalaciones, ayudó a adaptarlas y participó en la adquisición de maquinaria para fabricar las tabletas.

Es decir, su papel no consistía simplemente en prestar una casa. Formaba parte de una estructura que necesitaba espacios, maquinaria, logística y contactos para funcionar.

En ella también estaban su hijo John Colin Spiby, Lee Drury y Callum Dorian. Este último había sido identificado como una de las principales figuras de la organización y utilizaba EncroChat, la plataforma de comunicaciones cifradas que posteriormente fue infiltrada por las autoridades.

El golpe llegó con una camioneta cargada de pastillas

La investigación dio un giro decisivo en abril de 2022, cuando la policía interceptó una camioneta que transportaba 2.5 millones de tabletas. El cargamento estaba destinado a ser entregado en un hotel de Manchester, mientras que el envío, según la policía, tenía un valor potencial de calle de entre 1.04 y 5.2 millones de libras.

A partir de ahí, los investigadores pudieron reconstruir una organización que llevaba años operando. Spiby fue arrestado y posteriormente juzgado, aunque durante el proceso negó conocer la conspiración. El jurado terminó declarándolo culpable.

Su hijo recibió una sentencia de nueve años y Lee Drury fue condenado a nueve años y nueve meses. Callum Dorian ya había recibido 12 años de prisión en 2024 por delitos relacionados con la conspiración. En total, los cuatro integrantes de la organización acumularon casi 50 años de prisión.

El premio terminó llevándolo a prisión 

Hay algo peculiar en la historia de Spiby. A los 65 años ganó una cantidad de dinero suficiente para cambiar por completo su vida y, al menos sobre el papel, retirarse sin mayores preocupaciones económicas.

Más de una década después, terminó en el centro de una operación que podía producir millones de pastillas y mover cientos de millones de libras. Su propiedad rural no terminó convertida en una casa de descanso: terminó formando parte de una fábrica clandestina.

El premio le había comprado la posibilidad de retirarse. La ambición terminó comprándole algo completamente distinto: 16 años y medio de cárcel.

Imágenes | Pexels, Greater Manchester Police

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