
Los humanos de esa era sabían elegir el tipo de madera según sus propiedades de combustión y brillo
Imagina tener que adentrarte en una cueva profunda y oscura en una época en la que la humanidad aún no inventa el foco. Lo lógico sería pensar en agarrar un pedazo de tronco y prenderle fuego para hacer una antorcha. Y si bien muchos podemos pensar que entre más grande el tronco tendríamos más tiempo de combustión, lo que se traduce a más luz, durante el paleolítico una familia se vio en la misma situación: eligieron palitos de pino.
En la cueva de Bàsura, ubicada cerca de Toirano, Italia, el proyecto multidisciplinario Bàsura Revisited ha estudiado durante una década cómo un grupo de cazadores-recolectores de la última glaciación logró recorrer casi 800 metros de galerías subterráneas en total oscuridad hace unos 14,400 años. Evidentemente, la electricidad no inexistía por aquel entonces.
La gran duda era saber qué tipo de iluminación utilizaron estas personas en su trayecto. Tras recuperar y estudiar 56 fragmentos de carbón, los investigadores descubrieron que más de la mitad correspondía a ramas jóvenes de menos de dos o tres centímetros de diámetro de pino silvestre o especies muy similares. Esto demuestra que no cargaban con pesadas antorchas hechas de troncos, sino con manojos de ramas delgadas de pino cortadas directamente de árboles vivos.
Por qué es relevante. Este hallazgo rompe con la idea tradicional que se tenía sobre cómo se iluminaban las cuevas en el Paleolítico. En lugar de optar por antorchas estorbosas, utilizaron un método mucho más práctico: era ligero, generaba menos humo y resultaba sumamente eficiente, ya que podían cubrir una caminata de dos horas al usar apenas unas 20 piezas.
El contexto. Las excavaciones en la cueva de Bàsura comenzaron en la década de los 50. En un principio, se pensó erróneamente que las huellas encontradas pertenecían a neandertales, pero análisis posteriores revelaron que correspondían al periodo epigravetiense. El uso del fuego para iluminar cuevas ya ha sido ampliamente documentado en otros sitios arqueológicos del Paleolítico superior en Europa.
Además, investigaciones previas ya sugerían que los humanos de esa era sabían elegir el tipo de madera según sus propiedades de combustión y brillo. Para poner a prueba esta hipótesis, el equipo científico realizó simulaciones en una cueva con condiciones idénticas a las de Bàsura y encendieron ramas de pino parecidas a las halladas en el sitio.
El experimento demostró que bastaba con llevar dos ramitas encendidas para guiar al grupo de cinco personas en fila india. De hecho, se ofreció una visibilidad de hasta diez metros una vez que la vista se acostumbraba a la penumbra. El desgaste del material fue mínimo: la madera apenas se reducía unos cuatro centímetros por cada minuto de caminata.
El análisis de polen en la zona apunta a que el entorno exterior era una estepa abierta con bosques dispersos de pinos. Sin embargo, no todo el polen hallado dentro de la cueva fue transportado por humanos, una parte importante también se debe a los osos que usaban el lugar para invernar.
Aunque los experimentos se realizaron de forma rigurosa, no dejan de ser una simulación moderna de escenarios probables y no constituyen una prueba absoluta de lo que ocurrió exactamente hace 14,400 años. Además, la muestra de carbón analizada es pequeña como para asegurar que este era el método estándar de iluminación en todo el Paleolítico.
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