
Para entenderlo, debemos considerar que el asfalto absorbe la radiación solar durante el día y la libera por la noche
Los paisajes urbanos no son por pura casualidad, aunque a veces lo parezcan. Por ejemplo, pintar las calles de blanco trae consigo un beneficio: frescura. Al ser de este color, el material refleja la radiación solar y mantiene los interiores más templados.
Aunque hay un truco detrás, encalar los muros por dentro también ayuda a absorber la humedad, lo que reduce la sensación de bochorno y estabiliza la temperatura de las habitaciones. Esta técnica no es nueva; ya la usaban los romanos porque sabían que funcionaba.
Sin embargo, con la llegada de las pinturas modernas —que sellan las paredes por completo— la gente se dio cuenta de que no basta con dar un brochazo blanco para ganarle al clima. Se necesita un enfoque mucho más integral. Hace una década, en Los Ángeles pensaron: ¿por qué no aplicar esta misma lógica al asfalto de la ciudad para ganarle al calor? Spoiler: la idea no ha salido tan bien como esperaban.
Cualquiera que viva en ciudades calurosas como Monterrey, sabe perfectamente que el calor se siente mucho más pesado entre los edificios que en el campo o en zonas con más vegetación. Esto no es una alucinación colectiva; es un fenómeno científico real conocido como el efecto de "isla de calor".
El asfalto y el concreto absorben la radiación solar durante el día y la liberan lentamente por la noche, lo que hace que las temperaturas urbanas sean drásticamente más altas. Algunos estudios muestran diferencias de hasta 11 °C entre el centro de una ciudad y sus zonas rurales colindantes; otros análisis incluso elevan esa cifra a los 12 °C.
Para combatir esto, en Los Ángeles han experimentado durante una década con pintar las calles de blanco. La metrópolis californiana es el ejemplo de manual de una isla de calor urbana: altas temperaturas, millones de habitantes, rascacielos concentrados y, sobre todo, millones de autos que circulan por avenidas gigantescas.
Así nació el proyecto CoolSeal, una iniciativa para recubrir las calles con una pintura especial de color gris claro. El plan original era reducir la temperatura ambiental en 3 °C en tres años. Para lograrlo, comenzaron a aplicar un recubrimiento que originalmente se diseñó para ocultar pistas de aterrizaje militares de los sensores infrarrojos de los satélites espía.
Sin embargo, la idea tiene un enemigo gigantesco: el presupuesto. De acuerdo con Ribaj, pintar una sola milla (1.6 kilómetros) cuesta alrededor de 40,000 dólares. Si consideramos que Los Ángeles tiene unas 23,000 millas de calles, según sus propios datos oficiales, pintar toda la ciudad costaría la estratosférica cifra de 1,300 millones de dólares.
Además del factor económico, hay un problema físico de rebote. De acuerdo con un análisis en The Conversation, el asfalto blanco funciona tan bien que puede volverse contraproducente. En calles estrechas rodeadas de edificios altos, el sol casi no llega al suelo, por lo que la inversión no sirve de nada. Pero lo peor viene en las calles abiertas.
Al pintar el asfalto de blanco, la radiación solar se refleja, pero no desaparece: rebota hacia los lados. Esto significa que el calor se dirige directamente a las fachadas de las casas y departamentos cercanos, lo que obliga a la gente a encender más el aire acondicionado. Mientras que algunos residentes aseguraron a Los Angeles Times que sí notaron un ambiente más fresco, otros dijeron que no sentían diferencia alguna.
En una postura similar se posiciona la consultora Urbanomy, recordando el caso de Lyon, en Francia. Ahí se probó una solución parecida y terminó por descartarse: el costo es altísimo para un beneficio mínimo. Muchos expertos señalan que, en lugar de recurrir a este "asfalto frío", sale mucho más barato y es más eficiente plantar árboles que den sombra real.
Cory Dakota Setter explicó en Medium otro punto crítico: la producción de este revestimiento químico genera más emisiones de gases de efecto invernadero que la fabricación del asfalto convencional. Por ello, los resultados de pintar las calles de blanco están lejos de ser la solución mágica. Por eso, las ciudades siguen en búsqueda de alternativas para reducir la temperatura.
Foto | CoolSeal
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