
¿Qué tan lejos puede llegar alguien si consigue los datos de otra persona?
Durante más de 20 años, los documentos oficiales de Estados Unidos dijeron que Carlos Felipe Jaramillo Grajales era otra persona. Y no porque hubiera inventado una identidad desde cero: utilizó el nombre, la fecha de nacimiento y el número de Seguro Social de un ciudadano estadounidense real.
Con esos datos consiguió una licencia de conducir, un pasaporte, se registró para votar y participó en elecciones; también utilizó esa identidad en distintos trámites migratorios relacionados con su entonces esposa. Todo comenzó en 2003 y terminó este mes, cuando un tribunal federal de Florida lo condenó a tres años de prisión.
Pero la parte más llamativa del caso no es solamente que utilizara el nombre de alguien más durante tanto tiempo. Es cómo consiguió que una identidad que no le pertenecía terminara acumulando documentos, registros y trámites como si realmente fuera suya.
Todo comenzó con la identidad de otra persona
De acuerdo con el Departamento de Justicia de Estados Unidos, Jaramillo Grajales utilizó el nombre, la fecha de nacimiento y el número de Seguro Social de un ciudadano estadounidense nacido en Puerto Rico. Es decir, no tuvo que crear una persona ficticia: tomó los datos de alguien que ya existía y comenzó a presentarse ante distintas instituciones como si fuera él.
El primer documento que consiguió fue una licencia de conducir de Florida, expedida en marzo de 2003. Los datos que presentó coincidían con los registros de una persona real y eso permitió que el documento fuera emitido bajo esa identidad.
Y aquí es donde la historia empieza a hacerse más extraña. Aquella licencia no fue un documento aislado que utilizó una vez y después abandonó. La renovó en distintas ocasiones y la última renovación registrada ocurrió en febrero de 2024, más de dos décadas después de haber comenzado a utilizar la identidad, pero la licencia era apenas el principio.
Después consiguió un pasaporte estadounidense
En abril de 2003, apenas un mes después de obtener la licencia, Jaramillo Grajales solicitó un pasaporte de Estados Unidos utilizando nuevamente los datos del ciudadano cuya identidad había adoptado.
Para respaldar la solicitud, presentó un certificado de nacimiento de Puerto Rico perteneciente a esa persona y la licencia de conducir que acababa de conseguir. El pasaporte fue aprobado y expedido en mayo de ese mismo año.
Tampoco se quedó ahí. Jaramillo Grajales volvió a solicitar renovaciones del pasaporte en 2013 y 2023. Para entonces, aquella identidad ya llevaba aproximadamente dos décadas funcionando en distintos documentos oficiales y el nombre era de otra persona, pero los papeles empezaban a construir una vida alrededor de él.
Después llegó el voto
La identidad falsa tampoco se quedó en documentos de viaje. En diciembre de 2010, Jaramillo Grajales presentó una solicitud para registrarse como votante en Florida y en el formulario afirmó que era ciudadano estadounidense y que había nacido en Puerto Rico, nuevamente utilizando los datos de la persona cuya identidad había adoptado.
La solicitud fue aprobada y, de acuerdo con los documentos del Departamento de Justicia, posteriormente votó en varias elecciones. Las autoridades señalan específicamente su participación en la elección del 3 de noviembre de 2020 en el condado de Duval, Florida.
El caso deja de ser solamente una historia sobre alguien que consiguió documentos con información ajena; la identidad robada también llegó a formar parte del registro electoral. Eso sí: el caso concreto no demuestra que exista un problema generalizado de personas no ciudadanas votando en Estados Unidos.
Lo que sí demuestra es algo mucho más específico: una persona consiguió mantener una identidad ajena durante años y llegó a utilizarla para afirmar falsamente que era ciudadana estadounidense.
La identidad falsa incluso apareció en trámites migratorios
La historia tampoco se quedó en los documentos de Jaramillo Grajales. Según el Departamento de Justicia, utilizó los datos del ciudadano estadounidense durante procesos relacionados con la situación migratoria de su entonces esposa, quien obtuvo la ciudadanía estadounidense en agosto de 2017.
La pareja se divorció en enero de 2020 y posteriormente volvió a casarse. Para entonces, la identidad que Jaramillo Grajales llevaba años utilizando seguía apareciendo en distintos registros oficiales y fue precisamente otro trámite migratorio el que terminó poniendo todo al descubierto.
Un nuevo trámite terminó cruzando las dos identidades
En 2024, Jaramillo Grajales viajó a Colombia utilizando todavía la identidad que había adoptado. Después, su entonces exesposa solicitó una visa K-1 para él utilizando su nombre real y ese pequeño cambio terminó siendo importante.
Las autoridades pudieron comparar la información de la persona que aparecía en la nueva solicitud con los registros que durante años habían asociado la identidad falsa con un ciudadano estadounidense.
Después de que la pareja volvió a casarse en 2025, Jaramillo Grajales presentó una solicitud de residencia permanente como esposo de una ciudadana estadounidense. Fue durante ese proceso cuando las autoridades descubrieron el uso prolongado de la identidad ajena; luego de más de 20 años, dos identidades que hasta entonces habían podido coexistir en distintos registros finalmente comenzaron a cruzarse.
¿Cómo pudo funcionar durante tanto tiempo?
Esta es probablemente la parte más interesante del caso. Jaramillo Grajales no estaba utilizando un nombre completamente inventado; los datos que proporcionaba correspondían a un ciudadano estadounidense real: había un nombre que existía, una fecha de nacimiento registrada y un número de Seguro Social que pertenecía a otra persona.
Eso significa que, cuando presentaba esos datos en determinados trámites, los sistemas podían encontrar información que efectivamente existía. El problema estaba en otra parte: comprobar que la persona que estaba utilizando esos datos era realmente su legítimo propietario.
Durante años, esa diferencia aparentemente no fue suficiente para detenerlo. La identidad continuó acumulando documentos y registros hasta convertirse, sobre el papel, en una persona perfectamente reconocible dentro de distintos sistemas oficiales.
No tuvo que inventar una vida completamente nueva. Le bastó con tomar la de alguien que ya existía y conseguir que distintos sistemas creyeran que él era esa persona.
No tuvo que inventar una identidad. Tuvo que convertirse en alguien más
Una vez descubierto el fraude, el caso terminó convirtiéndose en varios cargos federales. Jaramillo Grajales se declaró culpable de hacer declaraciones falsas en una solicitud de pasaporte, robo agravado de identidad, afirmar falsamente que un número de Seguro Social le había sido asignado y afirmar falsamente que era ciudadano estadounidense para votar.
La investigación involucró a varias agencias estadounidenses, entre ellas Homeland Security Investigations, el Servicio de Seguridad Diplomática del Departamento de Estado y la Oficina del Inspector General de la Administración del Seguro Social.
Desde esa perspectiva, el caso deja de parecer simplemente el de alguien que utilizó un nombre falso. La misma identidad terminó vinculada con una licencia de conducir, un pasaporte, un número de Seguro Social, registros electorales y trámites migratorios.
México también tiene un problema con las identidades que otros pueden utilizar
Aunque el caso ocurrió en Estados Unidos y Jaramillo Grajales será deportado a Colombia, el problema de fondo no es exclusivo de ese país. En México también existe el robo o usurpación de identidad, cuando alguien obtiene y utiliza los datos personales de otra persona sin autorización.
La CONDUSEF señala que esa información puede incluir datos como nombre, domicilio, documentos oficiales y otros identificadores que pueden terminar utilizándose para realizar trámites, contratar servicios o cometer fraudes.
Eso no significa que el caso de Jaramillo Grajales tenga alguna conexión con México. No hay evidencia de que haya utilizado una identidad mexicana. La comparación sirve para mostrar que el problema de fondo, que otra persona consiga apropiarse de nuestros datos y los utilice en nuestro nombre, también existe en nuestro país.
El INE, por ejemplo, cuenta con mecanismos para verificar información de las credenciales para votar en determinados trámites y recomienda reportar una credencial perdida o robada para evitar que pueda utilizarse indebidamente.
¿Qué pasa si alguien utiliza tus datos?
No hace falta que alguien construya durante 20 años una segunda identidad para que el robo de datos se convierta en un problema. Una persona puede utilizar información ajena para intentar solicitar un crédito, contratar un servicio o realizar alguna operación que después termine asociada al verdadero propietario de los datos.
Por eso, las autoridades mexicanas recomiendan actuar rápidamente cuando se pierde o roba una identificación. En el caso de la credencial para votar, el INE permite reportarla y tramitar una reposición.
La CONDUSEF también recomienda revisar periódicamente los movimientos financieros y consultar el Reporte de Crédito Especial para detectar operaciones que no reconozcamos. La idea es bastante sencilla: cuanto antes descubramos que alguien está utilizando nuestros datos, más fácil será limitar el daño.
El caso también toca un tema especialmente sensible: el voto
Que Jaramillo Grajales haya utilizado una identidad falsa para votar añade otra dimensión a la historia. Las leyes federales de Estados Unidos establecen que los no ciudadanos no pueden votar en elecciones federales.
En este caso, las autoridades señalan que Jaramillo Grajales afirmó falsamente ser ciudadano estadounidense y utilizó la identidad de otra persona para participar en el sistema electoral, pero nuevamente, conviene separar el caso individual de una conclusión mucho más amplia.
Aquí no estamos ante una prueba de que los registros electorales estadounidenses estén llenos de personas utilizando identidades ajenas. Estamos ante un caso concreto en el que una identidad robada consiguió atravesar durante años diferentes sistemas oficiales y terminó llegando hasta el registro electoral, y eso explica por qué el caso llamó la atención de las autoridades federales.
Ahora tendrá que pasar tres años en prisión
El caso finalmente llegó a su desenlace el 13 de agosto de 2026. Un juez federal de Florida condenó a Jaramillo Grajales, de 55 años, a tres años de prisión federal por los delitos relacionados con el robo de identidad, el fraude con documentos y la falsa declaración de ciudadanía.
Una vez que cumpla su condena, será removido a Colombia, su país de origen. La sentencia pone fin, al menos oficialmente, a una identidad que comenzó a construirse en 2003 con una licencia de conducir de Florida.
Durante más de dos décadas, aquel nombre ajeno apareció en documentos, renovaciones, registros electorales y trámites migratorios y quizá esa sea la parte más llamativa de toda la historia. Jaramillo Grajales no tuvo que inventar una identidad desde cero; le bastó con tomar la de alguien que ya existía y conseguir que, durante más de 20 años, distintos sistemas creyeran que él era esa persona.
Imágenes | Pexels, United States Attorney's Office
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