China quiere darle una lección al mundo convirtiendo robots humanoides en mayordomos, pero hay un problema: una casa no es una fábrica

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No es lo mismo que los robots se acoplen a una vivienda real a un escenario controlado

Ismael Garcia Delgado

Editor Jr

China es uno de los titanes en el desarrollo y fabricación de robots. Hoy por hoy, las redes sociales se han inundado con videos en los que bailan, corren y hasta practican artes marciales. Pero tal ha sido la insistencia del país por demostrarle al mundo las capacidades de estas máquinas humanoides que el siguiente paso es casi un hecho: volverlos mayordomos.

La idea, como se ha visualizado en pequeñas demostraciones, es que en un futuro cercano los robots se encarguen de tender la cama, lavar ropa, hacer la comida y hasta ayudar en el cuidado de adultos mayores. El problema radica en que esta transición está repleta de pequeñas diferencias. Es decir, una casa no es una fábrica.

Para explicar la diferencia entre una demo vistosa y un producto útil nos podemos remontar al modelo creado por GigaAI. De acuerdo con South China Morning Post, la compañía china presentó el primer robot humanoide doméstico. 

Bajo el nombre SeeLight S1, este robot es capaz de realizar tareas como cortar verduras, freír huevos, cargar una lavadora, tender ropa, hacer una cama o abrir cortinas. Y no solo eso, se prevé que para mediados de 2027 ya se encuentre en hogares de Wuhan.

He ahí la cuestión. En una fábrica los robots pueden trabajar a base de tareas rudimentarias y movimientos que se repiten de la misma manera una y otra vez. Las variaciones son casi nulas. En cambio, en una casa cualquier cosa puede cambiar de un momento a otro. Por ejemplo, una playera nunca va a estar en el mismo lugar. 

Es por estas diferencias, como que una mascota se cruce delante del robot justo cuando está en medio de una tarea, que el medio Xinhua ha hecho una comparativa de su funcionamiento. Según explican, los robots tienen un "cerebelo" que les ayuda al control y coordinación, el cual han desarrollado con creces.

Sin embargo, el "cerebro" de los robots arrastra problemas en su desarrollo. Básicamente, pueden ejecutar movimientos complejos, pero les cuesta entender su entorno así como el análisis de conceptos abstractos o las funciones contextuales de los objetos. Como indica el fundador de Heshi Thinking, Zhao Pu:

"Un niño humano que se ha sentado en tres taburetes sabe que 'los taburetes son para sentarse'. Pero los robots actuales simplemente no pueden hacer eso; solo reconocen los taburetes con los que han sido entrenados y no pueden comprender que otros taburetes también sirven para sentarse".

Ahora bien, el problema para que estos robots funcionen es que practiquen en casas reales. Pero los hogares no son precisamente iguales cada uno. Sí, un edificio puede tener la misma estructura para cada departamento, pero los datos no se acoplan a las rutinas, objetos, muebles y hasta el número de habitantes

Por ello, uno de los grandes desafíos es que se concreten las ventas esperadas por el país. Desde NSFC recaban que China espera una venta de 10,000 unidades para este 2025. No obstante, esta carrera industrial no significa que los "robots mayordomos" se vuelvan un éxito comercial en las casas. 

Así, el gran problema radica en que aquellas demostraciones preparadas se materialicen en un sistema útil, seguro y con un costo razonable. Si bien China puede acelerar prototipos, pilotos y producción, no es lo mismo que el robot se acople a una vivienda real a un escenario de exhibición controlado y monitoreado.

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