
La IA necesita algo que no puede descargar de la nube.
Cuando alguien hablaba de los trabajos que podían beneficiarse de la inteligencia artificial, casi siempre aparecían los mismos nombres: programadores, ingenieros, científicos de datos y, en general, personas que pasan buena parte del día frente a una computadora. Jensen Huang, CEO de NVIDIA, tiene una predicción bastante distinta.
El empresario considera que algunos de los grandes ganadores de la revolución de la IA podrían ser electricistas, plomeros, soldadores, técnicos y trabajadores de la construcción. Y no porque la inteligencia artificial tenga algo especial contra los algoritmos, sino por una razón mucho más sencilla: por más digital que sea esta tecnología, alguien tiene que construir físicamente todo lo que necesita para funcionar.
Durante su discurso de graduación en Carnegie Mellon University, Huang aseguró que la inteligencia artificial está dando a Estados Unidos la oportunidad de volver a construir a gran escala y lanzó un mensaje directo a los trabajadores de estos oficios: “Este es su momento”. Su argumento parte de una realidad que puede parecer menos espectacular que un nuevo modelo de lenguaje, pero que resulta fundamental para que exista: hacen falta edificios, electricidad, sistemas de refrigeración, tuberías, redes y miles de personas capaces de instalarlos y mantenerlos.
La IA no vive en la nube
Decimos que una aplicación está “en la nube” como si los datos realmente flotaran en algún lugar invisible. Pero no funciona así.
Detrás de cada consulta a un modelo de inteligencia artificial existen servidores físicos instalados en centros de datos. Son enormes instalaciones llenas de procesadores, sistemas eléctricos, redes de comunicación y mecanismos de refrigeración que deben funcionar prácticamente sin descanso.
Y cuanto más utilizamos la IA, más infraestructura hace falta. Los chips que fabrica NVIDIA tienen que instalarse en servidores. Los servidores necesitan edificios. Los edificios necesitan electricidad para funcionar y sistemas capaces de distribuirla.
Además, los procesadores generan una enorme cantidad de calor, así que también hacen falta sistemas de refrigeración capaces de mantenerlos funcionando dentro de determinados rangos de temperatura. En otras palabras, la inteligencia artificial puede ser digital, pero una buena parte del mundo que necesita para existir no lo es.
El cuello de botella está fuera de la pantalla
Aquí es donde la predicción de Huang comienza a tener sentido. Mientras las empresas tecnológicas compiten por desarrollar modelos cada vez más capaces, también están construyendo centros de datos a una velocidad que está aumentando la demanda de trabajadores especializados.
Un centro de datos no se levanta únicamente con ingenieros de software. Necesita personas que instalen sistemas eléctricos, construyan estructuras, conecten tuberías, monten sistemas de refrigeración, instalen equipos, coloquen cableado y mantengan funcionando toda esa infraestructura.
Por eso Huang considera que oficios como electricidad, plomería, soldadura, construcción y mantenimiento podrían experimentar una demanda especialmente fuerte durante la expansión de la IA. La paradoja es bastante curiosa: una de las tecnologías más avanzadas de nuestra época podría aumentar el valor de trabajos que durante años parecían estar muy alejados de Silicon Valley.
La IA también tiene hambre de electricidad
Hay otra razón detrás de esta predicción: los centros de datos necesitan cantidades enormes de energía. Los procesadores especializados utilizados para entrenar y ejecutar modelos de IA consumen electricidad y generan calor. Eso obliga a construir sistemas eléctricos y de refrigeración cada vez más sofisticados.
La energía se está convirtiendo así en uno de los principales límites para seguir expandiendo la infraestructura de inteligencia artificial. El problema no consiste únicamente en fabricar más chips o construir más servidores. También hay que conseguir suficiente electricidad para mantenerlos funcionando y ahí aparece nuevamente el electricista.
Pero no hablamos simplemente de alguien que va a instalar un enchufe en una oficina. Se necesitan trabajadores capaces de participar en proyectos industriales de gran escala, donde un error en la infraestructura eléctrica puede dejar fuera de operación enormes cantidades de servidores.
No significa que cualquier plomero vaya a hacerse millonario
Aquí conviene ponerle freno a la predicción. Huang no está diciendo que todos los electricistas, plomeros o trabajadores de la construcción vayan automáticamente a ganar salarios extraordinarios. Su argumento está relacionado con algo mucho más básico: oferta y demanda.
Si las empresas construyen centros de datos más rápido de lo que el mercado laboral puede proporcionar trabajadores especializados, quienes tengan las habilidades necesarias pueden adquirir mayor poder de negociación. Pero eso dependerá del lugar, la experiencia, la especialización y el tipo de proyecto.
Tampoco significa que los programadores o ingenieros vayan a desaparecer. La construcción de esta infraestructura necesita profesionales capaces de diseñar sistemas, desarrollar software, administrar redes y operar los propios centros de datos. El punto de Huang es otro: la economía de la IA será mucho más grande que el trabajo que ocurre frente a una computadora.
México ya está entrando en esta carrera
Aquí es donde la predicción deja de parecer una historia exclusivamente estadounidense. México ya está construyendo parte de la infraestructura necesaria para la economía de la inteligencia artificial y Querétaro se encuentra en el centro de esa expansión.
De acuerdo con datos de la Asociación Mexicana de Centros de Datos citados por El Economista, México cuenta con 279 megawatts de capacidad instalada para operar centros de datos y 72% de esa capacidad se encuentra en Querétaro. La entidad se ha convertido así en uno de los principales polos de esta industria en el país.
La proyección también ayuda a dimensionar lo que podría venir. La capacidad instalada de centros de datos en Querétaro podría llegar a alrededor de 1,730 MW para 2031, de los cuales 1,200 MW serán aproximadamente el 70% del total nacional, mientras que el crecimiento de la inteligencia artificial aumenta todavía más las necesidades energéticas de estas instalaciones.
Eso significa que la pregunta ya no es únicamente quién va a desarrollar los próximos modelos de IA; también es quién va a construir todo lo que esos modelos necesitan para funcionar.
Querétaro ya está construyendo la infraestructura de la IA
Un proyecto anunciado en 2025 ayuda a entender la magnitud de lo que está ocurriendo. El Gobierno de México informó que CloudHQ invertiría 4,800 millones de dólares para construir seis centros de datos en Querétaro. El proyecto contempla una superficie de 52 hectáreas y más de 7,200 empleos durante la construcción, además de alrededor de 900 puestos permanentes una vez que las instalaciones entren en operación.
La cifra resulta interesante porque muestra que la revolución de la IA no solamente está creando empleos relacionados con chips, software o desarrollo de modelos. También necesita trabajadores que levanten edificios, instalen sistemas eléctricos, coloquen cableado, construyan sistemas de refrigeración y mantengan toda esa infraestructura funcionando, y esos trabajos no se pueden hacer desde una pantalla.
El problema es que los servidores también necesitan electricidad
El crecimiento de los centros de datos está creando otro desafío para Querétaro: la energía. Especialistas citados por El Economista han advertido que el aumento en el uso de inteligencia artificial está elevando todavía más los requerimientos eléctricos de estas instalaciones.
Eso cambia la perspectiva. Para que México pueda alojar más infraestructura de IA, no basta con construir edificios llenos de servidores; también necesita ampliar y fortalecer las redes que suministran electricidad a esos edificios y aquí vuelven a aparecer los oficios de los que habla Huang.
La expansión de la IA necesita ingenieros que diseñen los sistemas, pero también personas que instalen cables, monten equipos, construyan estructuras, mantengan sistemas de refrigeración y reparen la infraestructura cuando algo falle.
La inteligencia artificial también necesita manos
Durante años, la tecnología hizo que algunos trabajos manuales parecieran cada vez menos importantes frente a las profesiones relacionadas con las computadoras. Ahora la inteligencia artificial podría estar provocando una situación bastante curiosa.
Mientras los algoritmos empiezan a escribir código, generar imágenes, analizar documentos y automatizar tareas que antes requerían horas de trabajo humano, la expansión física de esta tecnología está creando una necesidad mucho más difícil de digitalizar: alguien tiene que construir el edificio.
Alguien tiene que instalar los cables, alguien tiene que conectar las tuberías, alguien tiene que montar los sistemas de refrigeración y alguien tiene que reparar todo cuando algo falla. Un modelo de IA puede diseñar un sistema eléctrico en segundos, pero todavía hace falta una persona que llegue al edificio, tome las herramientas y lo instale.
Un algoritmo puede calcular cuánta capacidad necesita un centro de datos, pero alguien tiene que construirlo, y un servidor puede ejecutar millones de operaciones por segundo, pero si se queda sin electricidad o su sistema de refrigeración falla, ninguna inteligencia artificial puede salir de la pantalla para arreglar físicamente la tubería.
Los que ganan con la IA
La predicción de Jensen Huang puede sonar extraña si se observa únicamente desde la pantalla de una computadora. Cuando se mira desde el suelo, empieza a tener bastante más sentido.
La inteligencia artificial todavía suele presentarse como una revolución de algoritmos, chips y modelos. Pero debajo de todo eso existe otra revolución mucho menos visible. Una hecha de concreto, cables, tuberías, acero, electricidad y manos humanas, y quizá ahí está la verdadera razón por la que Jensen Huang cree que los electricistas, plomeros y trabajadores de la construcción pueden ser algunos de los grandes ganadores de la carrera de la IA.
Durante años pensamos que la revolución digital iba a ocurrir frente a una computadora, pero en realidad, una parte importante de ella está ocurriendo lejos de las pantallas. La inteligencia artificial podrá escribir el código, pero alguien todavía tiene que construir el lugar donde ese código va a funcionar.
Imágenes | Pexels
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