‘Tokenmaxxing’: Las empresas querían usar IA para ahorrar dinero; algunas ya están descubriendo que también puede quemarlo

AI costosa

Una compañía gastó accidentalmente 500 millones de dólares en IA en un mes. Es el despertar de la peor pesadilla financiera de Silicon Valley

Wilson Vega

Editor Sr

El uso desmedido de la inteligencia artificial tiene a compañías de todos los tamaños descubriendo el costo -en dinero contante y sonante- de soltarle las riendas a la poderosa fuerza detrás de la nueva revolución de nuestros días. En el centro de la debacle están los tokens, las unidades básicas de datos que utilizan los modelos de IA para entender el texto y que, dependiendo del modelo, se pagan a medida que se usan.

Es así que se ha acuñado un nuevo término, que ya causa terror en las salas de juntas y oficinas de contabilidad: “tokenmaxxing”, un fenómeno en el que la tendencia de Silicon Valley de medir la productividad de la IA por la cantidad de IA que utiliza un individuo o una empresa lleva a los empleados a utilizar modelos avanzados para tareas triviales, sin generar un valor comercial claro.

Bueno, ya no más hora feliz. Impulsados por las cuentas de cobro, las grandes compañías encontraron, por fin, el pedal del freno. Una de ellas es Amazon, que anunció el cierre de una tabla de clasificación creada por empleados que rastreaba el uso de tokens de IA porque -descubrieron- animaba a algunos a realizar tareas que no necesariamente resolvían problemas, solo para poder ascender en la jerarquía.

“No usen IA solo por usarla”

Según reporta The Financial Times, Amazon había introducido objetivos específicos de uso de IA para sus empleados, pero en lugar de motivarlos a usarla de maneras productivas, solo logro motivarlos a usarla de maneras creativas… y mayormente inútiles. Los empleados estaban manipulando el sistema para automatizar tareas personales y subir en los rankings, sin beneficio para la empresa.

Por eso, David Treadwell, vicepresidente senior de Amazon, envió esta semana un correo a todo el personal. En él se lee: “Por favor, no usen la IA solo por usarla. Usen la IA para ayudarles a resolver problemas de clientes, para ayudarles a resolver problemas de negocio, para innovar”.

Algo similar le pasó a Uber, que según reportes recogidos por Fortune, agotó en tan solo semanas todo su presupuesto para herramientas de codificación de IA en 2026, tras incentivar a los empleados a adoptar la tecnología mediante una tabla interna de clasificación similar a la de Amazon. El experimento terminó sin que la empresa viera una relación medible entre el uso y el provecho de la IA. 

500 millones de dólares en un mes

El caso de Microsoft va más allá, porque la firma de Redmond, de hecho, comenzó a cancelar parte de sus licencias directas de Claude Code. Según The Verge, sus ingenieros se orientaron hacia el uso de la CLI de GitHub Copilot. El CEO de Duolingo, Luis von Ahn, cambió el año pasado su posición pública sobre la IA, diciendo que no ve que la tecnología sustituya las tareas que realizan sus empleados.

Pero, de lejos, el caso más crítico se conoció esta semana. Un informe de Axios indica que una misteriosa empresa, cuyo nombre no fue revelado, gastó accidentalmente 500 millones de dólares en un solo mes en Claude, tras olvidarse de establecer límites de uso para las licencias de sus empleados. El informe afirma que los líderes corporativos “están empezando a cuestionar si el aumento vertiginoso del gasto en IA está generando rendimientos significativos” y a plantearse si la IA no se ha vuelto más cara que contratar trabajadores de carne y hueso.

Y no es el único caso: Tom’s Hardware recuerda cómo en abril, un cliente de Google Cloud se despertó con una factura de 18,000 dólares a pesar de tener solo 7 dólares en el presupuesto tras una brecha de seguridad. A principios de mayo, el creador de OpenClaw reveló que había quemado 1.3 millones de dólares en tokens de OpenAI API en un solo mes.

El ‘gota a gota’ de los tokens

Para entender cómo alguien puede dilapidar 500 millones de dólares en 30 días, primero hay que entender la mecánica del consumo por tokens. Cada vez que un usuario envía un bloque de texto a un modelo lingüístico y cada vez que ese modelo genera una respuesta, el sistema está consumiendo y produciendo tokens. Es la materia prima de la industria de la IA avanzada.

Al principio, los proveedores de estos modelos ofrecían algo parecido a una tarifa plana para captar cuota de mercado rápido. Pero en cuanto se dieron cuenta de que las grandes empresas estaban abusando brutalmente de la infraestructura, cambiaron a un modelo de facturación estricto, en el que se cobra por cada token procesado. 

El problema es que, sin las debidas precauciones, gamificar de esa manera el uso de una herramienta de pago, por uso sin atarla a resultados reales de negocio, es una receta para el desastre. Eso lo ilustran testimonios como el de Matan Grinberg, CEO de Factory AI, que le contó a The Wall Street Journal cómo descubrió que sus equipos estaban quemando cientos de miles de dólares usando los modelos premium -los más potentes y los más caros- para tareas ridículas como resumir un correo electrónico de tres líneas, consultar el pronóstico del clima, o simplemente para charlar sobre sus planes para el fin de semana.

La IA como servicio público

Todo esto es más que la anécdota, y expertos ven en lo ocurrido una advertencia: los altos costos están convirtiendo a la inteligencia artificial de vanguardia en un club extremadamente exclusivo. 

Con firmas como SpaceX invirtiendo fuerte en potencia de cómputo, con los precios de las tarjetas gráficas en la nube, con firmas como Anthropic levantando miles de millones de dólares en inversión y con OpenAI proyectando 47,000 millones de dólares en ingresos anualizados, solo los gigantes tecnológicos y los gobiernos pueden permitirse sentarse a la mesa en la que se toman las decisiones.

Así, la IA deja de ser una simple herramienta de productividad y adquiere visos de ajedrez geopolítico, con el pentágono castigando a Anthropic por no autorizar el uso de su IA en operaciones de vigilancia masiva y tensiones crecientes sobre quién controla los pesos del modelo, quién define los límites de seguridad y sobre todo, quién tiene acceso al botón de apagado.

Pero del lado del empresariado, el consumo solo puede aumentar. La gran ironía de lo ocurrido es que el token es cada vez más barato, pero se gastará cada vez más rápido. La razón es el salto inminente desde los modelos de lenguaje tipo chatbot hacia la inteligencia artificial agéntica, que funciona mediante un proceso iterativo de pensamiento y corrección continua que consume tokens de manera exponencial.

Por eso, Sam Altman, el CEO de OpenAI, ventiló recientemente su visión de un futuro en el que la inteligencia artificial se desliga completamente de la idea tradicional de software y se convierte en un servicio público esencial, como el agua corriente o como la red eléctrica. La idea, dijo, es que pagaremos por la inteligencia que fluye hacia nuestros sistemas a través de un contador constante, gota a gota, e impulsando todas estas operaciones en segundo plano, sin que el usuario esté pendiente de ello.

En ese punto, no puede uno sino pensar que no estar pendiente de ello es, justamente, lo que llevó a una empresa a quemar accidentalmente 500 millones de dólares en un mes sin que nadie se diera cuenta. Al menos, ningún humano.

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