
Busca resolver un problema que las baterías todavía tienen en determinados trabajos
Durante años, la conversación sobre el futuro del automóvil parecía bastante sencilla. Los motores de gasolina perderían terreno y las baterías ocuparían ese espacio. Toyota lleva tiempo diciendo que la historia no será tan simple. La marca japonesa mantiene al hidrógeno como una alternativa para ciertos vehículos y ahora quiere llevar esa tecnología con más fuerza al transporte pesado europeo. No busca reemplazar de golpe al auto eléctrico. Busca resolver un problema que las baterías todavía tienen en determinados trabajos.
Para entender la apuesta hay que olvidarse por un momento del auto que una persona utiliza para ir de casa a la oficina. Un vehículo particular puede pasar horas estacionado y tener tiempo suficiente para cargar. La situación cambia con un camión que debe cubrir largas distancias y trabajar durante buena parte del día. Para ese tipo de transporte, el peso de una batería muy grande y el tiempo necesario para recuperar energía pueden convertirse en factores importantes. Ahí es donde Toyota quiere que el hidrógeno tenga una oportunidad.
La tecnología utiliza una pila de combustible para producir electricidad a partir del hidrógeno. Esa electricidad alimenta un motor eléctrico. No hay un motor de combustión tradicional en medio de la cadena. El punto que Toyota quiere aprovechar está en la posibilidad de ofrecer movilidad eléctrica sin depender de una batería enorme para determinados usos. Sobre el papel, la idea tiene sentido para vehículos comerciales y camiones. En la práctica, todavía existe una barrera bastante grande. Hace falta una red de suministro capaz de sostenerla.
Toyota lleva varios años preparando esa infraestructura en Europa. En diciembre de 2023 creó Hydrogen Factory Europe, una división dedicada al desarrollo, producción, comercialización y posventa de las tecnologías de hidrógeno de la compañía. La intención forma parte de un objetivo más amplio. Toyota pretende alcanzar la neutralidad de carbono de sus operaciones europeas en 2040. La estrategia deja claro que la electrificación de la marca no depende de una sola tecnología.
El avance más reciente está en la tercera generación de las pilas de combustible de Toyota, presentada en 2025. La compañía reporta una mejora de alrededor de 20% en eficiencia y una autonomía superior en una proporción similar. La durabilidad también duplica la de la generación anterior. Toyota contempla el sistema para vehículos ligeros y comerciales pesados, además de distintos mercados, entre ellos Europa. Ya no se trata sólo de probar si el hidrógeno puede mover un vehículo. La empresa busca que la tecnología tenga una vida útil y un costo que permitan su uso comercial.
El siguiente paso está fuera de los autos particulares. Toyota ya trabaja con fabricantes europeos como Hyliko y VDL Groep para introducir camiones con propulsión mediante hidrógeno. También contempla esta tecnología para operaciones logísticas propias. En 2026 reforzó además la colaboración con Volvo Group y Daimler Truck dentro de cellcentric, compañía dedicada al desarrollo de pilas de combustible. La apuesta tiene lógica desde el punto de vista industrial. Un camión que recorre grandes distancias todos los días plantea exigencias muy distintas a las de un auto que permanece estacionado durante la noche.
El problema es que el hidrógeno todavía tiene dos enemigos difíciles de ignorar
Europa también prepara el terreno desde el lado energético. La regulación establece que en 2030 al menos 42% del hidrógeno utilizado por la industria en determinados usos deberá proceder de combustibles renovables de origen no biológico. El porcentaje llegará a 60% en 2035. Esto no significa que casi la mitad de todo el hidrógeno consumido en Europa tenga que ser verde en cualquier circunstancia. El objetivo aplica a usos industriales concretos. La diferencia es importante porque el origen del hidrógeno determina buena parte del beneficio ambiental que puede ofrecer.
El problema es que el hidrógeno todavía tiene dos enemigos difíciles de ignorar. El primero es el costo. El segundo es la infraestructura. Mientras los autos eléctricos cuentan con una red de carga que crece en distintos mercados, las estaciones de repostaje de hidrógeno siguen siendo escasas. Sin puntos suficientes para cargar, incluso una pila de combustible eficiente pierde parte de su atractivo. Por eso sería incorrecto presentar la estrategia de Toyota como una señal de que las baterías fracasaron. La realidad es menos espectacular y bastante más lógica. Cada tecnología puede tener un lugar distinto.
Toyota está apostando por esa diferencia antes de que la industria tenga una respuesta única. Para un auto urbano, una batería puede ser una solución práctica. Para un camión que pasa jornadas enteras en carretera, el cálculo puede ser distinto. El hidrógeno tampoco tiene garantizado el éxito. Necesita infraestructura, producción limpia y costos competitivos. Pero la apuesta de Toyota deja una idea que merece atención. El futuro del automóvil quizá no tenga un solo tipo de vehículo eléctrico. Puede tener baterías para unos usos y pilas de combustible para otros. La verdadera pelea no será sólo por decidir qué tecnología gana, sino por descubrir cuál funciona mejor cuando llega la hora de usarla todos los días.
Imagen | Toyota
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