El grupo automotriz más grande del mundo dice adiós a China y su fracaso enciende alertas: a los chinos sólo les interesan sus marcas propias

Stellantis China Salida Autos

Cuántos más enfrentarán el mismo destino

Adolfo Reséndiz

Editor

Hubo una época en la que entrar al mercado chino era casi una garantía de éxito para cualquier fabricante de autos. Hoy ocurre exactamente lo contrario. Empresas que durante décadas dominaron la industria mundial pierden terreno frente a rivales locales, cierran fábricas o abandonan el país. Lo que parecía imposible ya comenzó y el mensaje es claro: el consumidor chino dejó de mirar hacia Europa, Japón o Estados Unidos para comprar su siguiente automóvil.

La prueba más dura llegó con Stellantis. El grupo automotriz con más marcas del mundo terminó en quiebra dentro de China después de varios años de caída en las ventas. No se trata de un tropiezo menor. Hablamos del conglomerado que reúne algunos de los nombres más conocidos de la industria. Si una empresa de ese tamaño ya no pudo mantenerse a flote, la pregunta deja de ser quién sigue y pasa a ser cuántos más enfrentarán el mismo destino.

Mitsubishi en China.

Lo más llamativo es que Stellantis ni siquiera representa el caso más reciente. Mitsubishi decidió salir por completo del mercado chino tras más de dos décadas de operaciones. La marca japonesa inició actividades en 1998 gracias a una alianza con Shenyang Aerospace Mit. Engine. Mfg. Ltd para fabricar motores. En 2012 encontró un impulso importante con GAC. Esa sociedad llegó a vender más de 144,000 vehículos al año, sobre todo gracias a Outlander. Ni siquiera ese nivel de éxito alcanzó para resistir el cambio que vive el mercado.

Sería fácil pensar que el problema nació por compartir socio con GAC. Los hechos cuentan otra historia. Fabricantes con estrategias distintas también atraviesan momentos complicados. El patrón se repite porque el cambio ocurrió del lado del cliente. Los compradores chinos cada vez prefieren más vehículos desarrollados por empresas nacionales. Esa decisión modifica todo el equilibrio de la industria y deja a varios fabricantes extranjeros en una posición que hace apenas diez años parecía imposible.

Volkswagen también sintió ese golpe. El fabricante alemán cerró la planta de Nanjing, que operaba desde 2008 junto con SAIC Motor. Ahí salieron distintas versiones del Passat para el mercado chino y varios modelos de Skoda adaptados a los gustos locales. El cierre pesa porque Volkswagen construyó buena parte de su crecimiento global gracias a China. Si incluso una marca con esa trayectoria reduce presencia, el mensaje para el resto de la industria resulta difícil de ignorar.

Porsche tampoco vive el panorama que disfrutó durante años. Las ventas cayeron 28% porque el segmento de lujo ya no pertenece únicamente a las marcas tradicionales. Empresas chinas ofrecen productos cada vez más sofisticados y con precios más competitivos. Xiaomi encontró un lugar en esa conversación con el SU7. El modelo despertó tanto interés que Hyundai compró algunas unidades para analizarlas a detalle. Hace pocos años la escena habría parecido absurda. Hoy refleja la rapidez con la que cambió la industria.

Volkswagen en China.

La industria automotriz cambió de centro de gravedad 

Tesla todavía conserva crecimiento dentro de China, aunque la cifra tampoco invita al optimismo. El incremento anual apenas llegó a 0.8%. La comparación con BYD cambia por completo la lectura. El fabricante chino registra cerca de 11% de crecimiento anual y además impulsa infraestructura de carga con velocidades superiores a las de Tesla dentro del país. La competencia ya no gira únicamente alrededor del automóvil. También pasa por tecnología, precio, servicios y velocidad para adaptarse al consumidor chino.

Todo apunta hacia la misma conclusión, aunque todavía pocos fabricantes parecen dispuestos a reconocerla. China dejó de ser el mercado donde las marcas extranjeras imponían tendencias. Ahora ocurre lo contrario. Xiaomi, BYD y Geely marcan el ritmo mientras gigantes históricos pierden presencia o abandonan el país. La salida de Mitsubishi, la quiebra de Stellantis, el cierre de la planta de Volkswagen y la caída de Porsche parecen noticias independientes, pero forman parte de la misma historia. La industria automotriz cambió de centro de gravedad y quizá el resto del mundo apenas comienza a darse cuenta.

Imagen de portada | Stellantis

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