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Alejandro González Iñárritu, director de cine: "migrar es morir un poco, es dejar algo, requiere integración"; por qué cambiar de país también transforma quién eres

Frase Inarritu

Una frase sobre migrar terminó resumiendo una de las experiencias más personales de su vida.

Samantha Guerrero

Editora Jr

Durante buena parte de su carrera, Alejandro González Iñárritu contó historias sobre personas que buscaban un lugar al cual pertenecer. Lo hizo en Amores perros, donde distintos personajes intentan escapar de su realidad; en Babel, con personas separadas por idiomas y fronteras; y en Biutiful, donde retrató la vida de los migrantes que sobreviven en los márgenes de Barcelona.

Lo curioso es que ninguna de esas películas hablaba directamente de él. Eso cambió en 2022, cuando presentó Bardo, falsa crónica de unas cuantas verdades y pronunció una frase que rápidamente comenzó a compartirse por todo el mundo: "Migrar es morir un poco. Es dejar algo. Requiere integración".

No era una declaración política ni una forma de resumir el fenómeno migratorio. Era la manera en que Iñárritu intentaba explicar algo que había comprendido después de vivir durante años entre México y Estados Unidos.

La enseñanza de Iñárritu

La frase apareció durante una entrevista con Carmen Aristegui para CNN en Español mientras hablaban sobre Bardo. Ahí hizo una aclaración importante: su experiencia no podía compararse con la de millones de personas que migran obligadas por la pobreza, la violencia o la persecución.

Él tuvo el privilegio de viajar por trabajo y construir una carrera internacional. Aun así, descubrió que mudarse de país también implica despedirse de muchas cosas. De los amigos, de la familia, de las costumbres, del idioma que se habla todos los días y, en cierta medida, de una parte de la identidad.

Porque al final, migrar no solo cambia el lugar donde vives, también cambia la forma en que te relacionas con el sitio del que vienes. Muchos migrantes descubren que, cuando regresan, su país sigue siendo el mismo, pero ellos ya no lo son. Y esa sensación atraviesa buena parte de la obra de Iñárritu.

Todo comenzó mucho antes de Hollywood

La historia de esa reflexión empezó muchos años antes de que Iñárritu ganara cinco premios Óscar. Antes de dirigir películas, trabajó como locutor de radio y, siendo muy joven, recorrió parte de Europa y África trabajando en un barco mercante. Ahí empezó a mirar el mundo de otra manera; luego de convivir con personas de distintos países, terminó despertando un interés que después aparecería una y otra vez en su cine.

Con el paso del tiempo desarrolló gran parte de su carrera en Estados Unidos. Películas como Birdman y The Revenant lo convirtieron en uno de los cineastas más reconocidos del mundo. Sin embargo, mientras su nombre crecía en Hollywood, también comenzaba una pregunta mucho más personal: ¿Qué significa seguir siendo mexicano cuando llevas años viviendo fuera de México?

Bardo terminó hablando más de él

Aunque Bardo sigue la historia de Silverio Gama, un periodista y documentalista ficticio que regresa a México después de vivir durante años en Estados Unidos, la película nunca intentó ocultar sus vínculos con la vida del propio director.

Iñárritu ha reconocido que la cinta nació como una reflexión sobre la memoria, la identidad y el desarraigo. Más que contar una historia lineal, buscaba representar esa sensación de vivir entre dos países sin sentirse completamente parte de ninguno.

La película también llegó después de otro proyecto que transformó su manera de entender la migración. En 2017 presentó Carne y arena, una instalación de realidad virtual basada en los testimonios de migrantes y refugiados que cruzaron la frontera entre México y Estados Unidos. 

Durante ese proceso escuchó cientos de historias de personas que habían dejado atrás todo lo que conocían para intentar construir una nueva vida. Ya no se trataba únicamente de imaginar cómo vive un migrante. Ahora estaba escuchando esas historias directamente de quienes las habían vivido.

Vivir entre dos países también cambia quién eres

Migrar no siempre significa dejar atrás una identidad para adoptar otra. Muchas veces ocurre exactamente lo contrario y las personas empiezan a construir una mezcla de ambas.

Conservan tradiciones, formas de hablar, comida y costumbres de su país de origen, mientras incorporan nuevas maneras de vivir en el lugar donde ahora pasan buena parte de su vida. Al final, terminan sintiéndose parte de dos lugares al mismo tiempo y ese conflicto aparece constantemente en Bardo.

La psicología lleva décadas estudiando esa sensación

Lo interesante es que esa sensación tiene nombre y desde hace años la psicología la conoce como duelo migratorio. El psiquiatra español Joseba Achotegui, uno de los principales especialistas en salud mental y migración, explica que emigrar supone enfrentar varias pérdidas al mismo tiempo. 

No significa únicamente extrañar un lugar. Significa aprender a vivir mientras una parte de tu vida continúa en otro país: modificar las relaciones sociales, adaptarse a nuevas normas culturales, hablar otro idioma y reconstruir el sentido de pertenencia.

A diferencia del duelo por la muerte de una persona, el duelo migratorio tiene una característica particular: aquello que se pierde sigue existiendo, pero permanece lejos. 

El lugar de origen continúa ahí, al igual que los seres queridos, aunque ya no formen parte de la vida cotidiana. Desde esa perspectiva, la frase de Iñárritu deja de parecer una metáfora y describe una experiencia emocional que la psicología lleva décadas analizando.

También es una historia que habla de México

La reflexión del director adquiere un significado especial en un país como México. De acuerdo con el Anuario de Migración y Remesas México 2025, elaborado por el CONAPO, la Fundación BBVA y BBVA Research, alrededor de 12 millones de personas nacidas en México residen en Estados Unidos, una de las diásporas más numerosas del mundo. En otras palabras, es como si existiera otro México viviendo del otro lado de la frontera.

A ello se suma que las remesas enviadas por esa comunidad representaron alrededor del 3.5 % del PIB mexicano en 2024, una muestra de que migrar no solo transforma la vida de quien cruza una frontera, sino también la de millones de familias que permanecen en el país.

Detrás de esas cifras no solo hay dinero, también hay familias separadas, llamadas por videollamada y celebraciones que muchas veces ocurren a la distancia. Por eso la frase conecta con una realidad profundamente mexicana: No habla únicamente del acto de cruzar una frontera, habla de todo aquello que permanece del otro lado.

Una frase que terminó explicando mucho más que una película

Quizá por eso la frase sigue resonando mucho más allá del cine. No porque intente explicar toda la migración, ni porque convierta la experiencia de Iñárritu en una verdad universal, sino porque pone en palabras una sensación que millones de personas conocen muy bien.

Que cambiar de país no consiste únicamente en empezar una vida nueva. También implica aprender a convivir con la parte de uno mismo que nunca terminó de irse y tal vez esa sea la verdadera historia detrás de aquella frase.

No nació para explicar una película, nació cuando uno de los cineastas mexicanos más importantes del mundo descubrió que, incluso después de muchos años lejos de casa, hay una parte de la identidad que nunca hace las maletas.

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