
Sacó el máximo puntaje posible. La UNAM puso su examen bajo revisión.
Obtener todos los aciertos debería ser el momento en que una estudiante deja de preocuparse por su examen de admisión y empieza a pensar en su primer día de universidad; pero para Brisa Nisdany García Santiago ocurrió exactamente lo contrario. La joven oaxaqueña consiguió el puntaje perfecto para intentar estudiar Medicina en la UNAM después de prepararse durante aproximadamente un año, según Excelsior.
Su resultado llegó en el peor momento posible: el primer examen de admisión en línea de la universidad había terminado rodeado de dudas después de que los puntajes de algunos aspirantes se dispararan y aparecieran indicios de posibles irregularidades. La UNAM decidió entonces aplicar un examen de control presencial para comprobar que los resultados obtenidos en línea realmente correspondieran con los conocimientos de los aspirantes.
Brisa estaba dispuesta a presentarlo; de hecho, su postura era bastante clara: si había estudiado para conseguir 120 aciertos, podía volver a demostrarlo. El problema es que no le permitieron hacerlo y unas semanas después, la Universidad terminó cancelando definitivamente su examen.
Todo empezó con un examen que cambió las reglas
Para entender qué ocurrió con la calificación perfecta que terminó en esta situación, hay que regresar al origen del problema: el examen de admisión 2026 de la UNAM, ya que por primera vez, la Universidad realizó su examen de ingreso a licenciatura completamente en línea.
La idea tenía sentido: evitar traslados, facilitar la aplicación a miles de aspirantes y aprovechar una infraestructura digital que ya forma parte de prácticamente todos los procesos educativos, pero cuando aparecieron los resultados comenzaron las preguntas.
Los puntajes de ingreso de varias carreras se dispararon respecto a años anteriores, especialmente en algunas de las licenciaturas más demandadas. La diferencia fue suficientemente llamativa como para que surgiera una pregunta inevitable: ¿realmente los aspirantes habían mejorado tanto de un año para otro o algo había cambiado en la forma de presentar el examen?
No era una sospecha basada únicamente en que alguien hubiera conseguido una calificación alta. El problema era que el comportamiento general de los resultados había cambiado y eso llevó a la UNAM a revisar lo ocurrido.
Cuando un examen deja de ser confiable, la calificación ya no basta
La discusión se volvió todavía más complicada porque el examen en línea no solamente medía conocimientos. También dependía de que la universidad pudiera garantizar que la persona que aparecía frente a la computadora era quien realmente estaba resolviendo la prueba y que no tenía ayuda externa.
Si esa condición se rompe, una calificación de 100, 110 o incluso 120 aciertos deja de ser suficiente para saber qué ocurrió. La UNAM informó que había detectado irregularidades y decidió establecer un mecanismo de comprobación mediante un nuevo examen presencial.
El objetivo era que quienes hubieran obtenido determinados resultados tendrían que volver a demostrar sus conocimientos en condiciones controladas. No se trataba, al menos en principio, de volver a hacer todo el proceso de admisión; era un examen de control y ahí es donde la historia de Brisa se vuelve particularmente interesante.
Ella no se opuso a repetirlo
Brisa tenía una razón muy poderosa para aceptar la prueba: había conseguido 120 aciertos de 120 reactivos. La joven, originaria de San Baltazar Guelavila, Oaxaca, había estudiado en el CETis 124 y terminó el bachillerato con promedio de 9.6.
De acuerdo con su propio testimonio, recopilado por medios locales, durante un año combinó sus estudios con una preparación intensiva para el examen de ingreso. Cuando comenzaron las versiones de que la UNAM aplicaría una segunda evaluación para comprobar algunos resultados, su reacción no fue negarse, fue prácticamente la contraria.
Estaba dispuesta a repetir el examen e incluso llegó a decir que, aunque consideraba injusto tener que hacerlo, no tenía problema en volver a presentar la prueba porque confiaba en su preparación. No era una estudiante intentando evitar una comprobación, sino que era una estudiante diciendo: "Déjenme comprobar que sí puedo hacerlo".
Pero su nombre no apareció en el examen de control
Cuando llegó el momento de registrarse para la nueva prueba, Brisa descubrió que no podía hacerlo. El sistema de la UNAM le mostraba que, de acuerdo con el procedimiento establecido, no participaría en esa etapa del proceso.
La joven aseguró que intentó comunicarse con la universidad por diferentes vías para conocer la razón, pero no recibió una respuesta que resolviera sus dudas. Aun así, acudió a la sede donde se aplicaría el examen de control en Oaxaca junto con su padre.
Su intención era pedir una explicación y, sobre todo, conseguir la oportunidad de presentar la prueba. La escena resulta paradójica: una estudiante que había conseguido el resultado máximo posible estaba ahí pidiendo permiso para volver a demostrar que sabía lo que supuestamente ya había demostrado, pero no pudo hacerlo.
El caso de Brisa llegó hasta Rectoría
La situación llamó todavía más la atención porque ocurrió justo cuando la propia UNAM defendía la necesidad de ponerse del lado de quienes sí habían estudiado. El rector Leonardo Lomelí había planteado que la Universidad tenía que proteger a los aspirantes que habían realizado el esfuerzo de prepararse y que el proceso debía garantizar que los resultados fueran confiables.
Desde esa perspectiva, el examen de control tenía una lógica clara. Si había dudas sobre determinados resultados, había que comprobarlos, pero el caso de Brisa introducía una pregunta incómoda: ¿qué pasa con una estudiante que quiere someterse a esa comprobación y no tiene acceso a ella?
La propia Universidad anunció que revisaría su caso después de que la joven acudiera a la sede de Oaxaca para solicitar que le permitieran presentar el examen. La historia todavía no estaba cerrada, pero terminaría de una manera que Brisa probablemente no esperaba.
La UNAM terminó cancelando su examen
El desenlace llegó este mes. La Universidad informó la cancelación definitiva del examen de admisión de 11 aspirantes en Oaxaca, entre ellos Brisa, y la medida formó parte de las acciones tomadas después de detectar anomalías relacionadas con el examen de admisión en línea.
La UNAM sostiene que existieron irregularidades en los exámenes, mientras que la familia de Brisa, por su parte, y según El Universal, niega que ella haya hecho trampa y cuestiona las evidencias que la institución habría presentado. Su padre aseguró que algunas capturas utilizadas para sustentar el señalamiento no correspondían con el equipo de cómputo de su hija, pero la Universidad canceló su examen y ella quedó fuera del proceso de admisión.
El problema no era solamente Brisa
Y aquí es donde conviene volver a mirar el panorama completo. El caso de la joven oaxaqueña ocurrió dentro de un proceso mucho más amplio, ya que la UNAM convocó a aspirantes a realizar el examen de control presencial después de detectar irregularidades en la primera evaluación.
En Oaxaca, por ejemplo, más de mil aspirantes llegaron a estar contemplados para este mecanismo de comprobación, aunque no todos terminaron presentándose. La universidad necesitaba resolver un problema bastante serio: cómo garantizar que los resultados del primer examen realmente fueran comparables y confiables para todos.
Por eso decidió introducir una segunda prueba. Si un aspirante podía utilizar ayuda externa durante el examen en línea, aceptar automáticamente su resultado significaría darle una ventaja frente a quien sí respondió sin asistencia, pero el remedio también tenía sus propios problemas.
Porque una prueba de control puede comprobar conocimientos, sí, pero también puede convertirse en una fuente de controversia cuando un estudiante considera que fue seleccionado o excluido injustamente.
Los puntajes habían encendido las primeras alarmas
Esto también ayuda a entender por qué la historia de Brisa no debería comenzar directamente con sus 120 aciertos. Antes de que su nombre se hiciera viral, ya existía una discusión sobre qué había ocurrido con los puntajes del examen de ingreso.
El primer proceso en línea produjo resultados que llamaron la atención por sus diferencias frente a años anteriores. En algunas carreras, los puntajes mínimos necesarios para obtener un lugar aumentaron de manera importante.
Eso no demuestra por sí mismo que hubiera trampa. Un aumento en los puntajes puede tener diferentes explicaciones, pero cuando ese cambio ocurre al mismo tiempo que un nuevo formato de examen y aparecen indicios de irregularidades, resulta lógico que la Universidad quiera revisar qué sucedió.
Es cuando aparece la importancia del examen de control. No solamente se trataba de descubrir quién hizo trampa, también se trataba de volver a establecer confianza en los resultados.
Medicina hacía todavía más difícil la situación
Brisa no estaba buscando cualquier lugar. Quería estudiar Medicina, una de las carreras más demandadas de la UNAM y una de aquellas en las que los puntajes de ingreso suelen ser particularmente altos.
Para tener una referencia, la propia DGAE de la UNAM establece criterios de convocatoria al examen de control basados, entre otras cosas, en los puntajes mínimos históricos de cada carrera, plantel, sede y modalidad.
En otras palabras, en este proceso cada acierto podía ser decisivo. Brisa había conseguido todos, pero precisamente por las dudas alrededor del proceso, esos 120 aciertos terminaron sin ser suficientes para conservar su lugar.
Y aquí aparece la parte que más duele de la historia
Después de todo lo ocurrido, la familia decidió no continuar con acciones legales contra la UNAM. Su padre explicó que no cuentan con los recursos ni el tiempo necesarios para llevar adelante una disputa de ese tipo y que prefieren cerrar el capítulo.
Brisa, mientras tanto, no abandonó su objetivo de estudiar Medicina, también había presentado el examen de ingreso a la Universidad Autónoma Metropolitana y consiguió ser aceptada. Sin embargo, ahora se prepara para intentar ingresar el próximo año a la Escuela Médico Militar. Así que aquella calificación perfecta no terminó con sus planes, pero sí cambió el camino.
El examen perfecto que terminó abriendo otra pregunta
Hay una ironía difícil de ignorar en todo esto. Brisa hizo exactamente lo que cualquier aspirante desearía hacer: estudió durante meses, presentó el examen y obtuvo 120 de 120, y cuando aparecieron dudas sobre la confiabilidad del proceso, incluso estuvo dispuesta a volver a presentarlo.
Pero nunca tuvo esa oportunidad. La UNAM terminó cancelando su resultado, mientras que la familia sostiene que las acusaciones contra ella no fueron demostradas de manera suficiente y eso deja una pregunta que va más allá de esta estudiante: ¿Cómo se comprueba que un examen de admisión es justo cuando el problema no está necesariamente en las preguntas, sino en saber quién las respondió y bajo qué condiciones?
La UNAM ya tuvo que cambiar su estrategia: pasar de un examen completamente en línea a utilizar una evaluación presencial de control para comprobar determinados resultados. El caso de Brisa demuestra el otro lado de ese problema.
Para una institución, garantizar que nadie tenga una ventaja indebida es indispensable. Para un estudiante, también debería serlo tener la oportunidad de demostrar que su resultado fue legítimo y, en esta historia, la joven que consiguió 120 aciertos de 120 estaba dispuesta a hacerlo.
Al final, no repetirá el examen. Simplemente decidió dejar atrás la UNAM y buscar otra forma de llegar a la carrera que lleva años soñando estudiar.
Imágenes | Pexels
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