
Todo comenzó con una conversación junto a la cama de su padre.
Hay frases que parecen hablar de dinero, pero en realidad hablan de todo lo que ocurrió antes de tenerlo. Una de ellas la dijo María Asunción Aramburuzabala cuando aseguró que "el dinero no te hace inteligente, te hace visible". Escuchada por sí sola, podría parecer una opinión sobre la riqueza o el éxito empresarial.
Pero había una historia detrás de esas palabras, una que comenzó mucho antes de que apareciera en las listas de las personas más ricas de México. Porque, según ella misma ha contado, no fue el dinero lo que cambió su forma de ver el mundo, sino el camino que tuvo que recorrer para conservar el patrimonio familiar, aprender a tomar decisiones empresariales y construir una carrera propia cuando prácticamente nadie esperaba que lo hiciera.
Todo comenzó con una promesa a su padre
Durante una conversación en Cracks Podcast, Aramburuzabala recordó uno de los momentos más difíciles de su vida. Su padre, Pablo Aramburuzabala, quien había heredado una parte importante del legado de Grupo Modelo, enfrentaba un cáncer avanzado cuando le hizo una petición que terminaría marcando su futuro.
Le pidió que cuidara de la familia y ella aceptó. Décadas después reconoce que esa promesa sigue acompañándola. Incluso aseguró que probablemente habría cuidado de su madre, su hermana y sus hijos de cualquier forma, pero aquel compromiso terminó convirtiéndose en una especie de guía personal que influyó en cada una de las decisiones que tomó desde entonces.
De ama de casa a dirigir uno de los patrimonios empresariales más importantes del país
La vida que llevaba entonces era muy distinta a la que construiría después. Ella misma ha contado que se casó joven, formó una familia y estaba dedicada principalmente a su hogar. Nunca imaginó que tendría que hacerse cargo de un patrimonio empresarial justo en uno de los momentos más complicados para su familia.
Pero había un detalle. Tras la muerte de su padre, comenzaron a acercarse banqueros, asesores y distintas personas interesadas en participar en las decisiones sobre las empresas familiares.
Fue entonces cuando tomó una decisión que cambiaría el rumbo de su vida. Según recuerda, reunió a su madre y a su hermana para decirles algo muy sencillo: no sabía exactamente cómo hacerlo, pero sí tenía claro cuál era el objetivo. Proteger a la familia y aprender todo lo necesario para conseguirlo.
Aprender mientras todo ocurría
Aramburuzabala reconoce que nunca tuvo un mentor que le enseñara cómo desenvolverse en el mundo empresarial. Le tocó aprender sobre la marcha.
Su estrategia fue mucho más sencilla, aunque también mucho más exigente: asistir personalmente a todas las reuniones posibles, escuchar, hacer preguntas y aprender directamente de abogados, asesores financieros y especialistas mientras las decisiones seguían avanzando.
Poco a poco comenzó a entender un mundo completamente nuevo para ella. Y también empezó a cambiar la manera en que se administraba el patrimonio familiar.
Así nació Tresalia Capital
Con el tiempo entendió que depender únicamente de Grupo Modelo podía representar un riesgo. Por eso, en 1996, junto con su madre y su hermana, fundó Tresalia Capital, un family office cuyo nombre significa literalmente "Tres Aliadas".
La idea parecía sencilla: administrar el patrimonio familiar, pero también diversificarlo para que dejara de depender exclusivamente del negocio cervecero que durante décadas había construido la fortuna de la familia.
Y esa decisión terminó cambiándolo todo. Con los años, Tresalia dejó de limitarse a conservar inversiones heredadas para convertirse en uno de los grupos privados de inversión más importantes de México.
Su portafolio comenzó a expandirse hacia sectores como bienes raíces, educación, salud, infraestructura, consumo, tecnología, telecomunicaciones, capital privado y venture capital, tanto en México como en Estados Unidos y Europa.
La propia Aramburuzabala ha explicado que su filosofía nunca consistió en quedarse quieta. Si una industria cambiaba, había que aprender; si parecía una oportunidad, había que entenderla y, si el mercado evolucionaba, también había que reinventarse.
Una estrategia que fue mucho más allá de Grupo Modelo
La diversificación no quedó solo en el discurso. Uno de los casos más representativos fue KIO Networks, empresa mexicana especializada en infraestructura tecnológica y centros de datos que durante años se convirtió en uno de los referentes nacionales en servicios digitales para empresas.
Pero esa fue apenas una de muchas apuestas. También impulsó Aliat Universidades, una red con más de 30 campus distribuidos en distintas entidades del país, además de participar en proyectos inmobiliarios, fondos internacionales y empresas de consumo.
Más que administrar una fortuna heredada, terminó construyendo una estrategia para que el patrimonio familiar dejara de depender de una sola industria.
Mucho más que una heredera
Con el paso de los años, María Asunción Aramburuzabala dejó de ser vista únicamente como una heredera empresarial. Su nombre comenzó a aparecer ligado al mundo de las inversiones y el capital privado.
Fue la primera mujer en integrar el consejo de la Bolsa Mexicana de Valores, participó en distintos consejos de administración nacionales e internacionales y durante años apareció como la mujer más rica de México en diversos rankings financieros.
También participó en una de las operaciones corporativas más importantes del país: la venta de Grupo Modelo a AB InBev en 2013, una transacción valuada en alrededor de 20,100 millones de dólares.
Pero hay algo curioso: cuando habla de su trayectoria, rara vez pone el dinero en el centro de la conversación, ya que prefiere hablar de aprendizaje, la disciplina y la responsabilidad.
"El dinero no te hace inteligente"
Fue precisamente al reflexionar sobre ese camino cuando compartió una de las frases más recordadas de la entrevista. Para Aramburuzabala, el dinero puede generar una idea equivocada.
Muchas personas asumen que quien acumula riqueza también tiene respuestas para cualquier tema, pero ella no lo ve así. Su conclusión fue mucho más directa: "El dinero no te hace inteligente, te hace visible".
Lo que quiso decir es que la riqueza amplifica la atención y hace que más personas quieran escuchar tus opiniones. Que las decisiones reciban mayor cobertura y que cualquier declaración tenga mucho más alcance; pero el dinero, insiste, no vuelve automáticamente a nadie más preparado ni más capaz.
La psicología lleva décadas estudiando algo muy parecido
Lo curioso es que esa reflexión también tiene respaldo en la psicología social. Los especialistas lo conocen como efecto halo, un sesgo cognitivo descrito por el psicólogo Edward Thorndike hace más de un siglo.
Explica que cuando una persona destaca en un aspecto, como el éxito económico, la fama o el prestigio, tendemos a asumir automáticamente que también posee muchas otras cualidades positivas.
Esto quiere decir que el cerebro suele asociar riqueza con inteligencia, liderazgo o buen juicio. No porque necesariamente exista una relación entre ambas cosas, sino porque utiliza atajos mentales para formarse una opinión rápidamente.
Es un fenómeno que también aparece en el mundo empresarial. Las opiniones de un empresario exitoso suelen recibir mucha más atención que las de otra persona con la misma experiencia, pero sin el mismo nivel de reconocimiento público.
Una frase que nació mucho antes de la riqueza
Esa sería la razón por la que la frase de María Asunción Aramburuzabala sigue llamando la atención, ya que no habla únicamente del dinero. Habla de todo lo que tuvo que aprender antes de que millones de personas comenzaran a verla como una de las empresarias más influyentes de México.
La historia no empezó cuando apareció en las listas de multimillonarios. Empezó mucho antes, cuando una promesa hecha a su padre la obligó a entrar a un mundo para el que, según ella misma reconoce, no se sentía preparada.
Con el tiempo aprendió a negociar, invertir y construir una trayectoria propia. Y fue precisamente ese camino el que terminó dando sentido a una frase que hoy sigue compartiéndose con frecuencia.
Porque el dinero puede atraer reflectores y puede hacer que más personas escuchen lo que dices. Pero, como ella misma resume, nunca sustituye aquello que realmente construye una carrera: aprender, tomar decisiones y estar dispuesto a asumir responsabilidades cuando todavía nadie espera que puedas hacerlo.
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