Lo que pasa en el mercado de San Juan resume un cambio en la CDMX: vender ahora implica hablar chino

Luis Ángel Márquez Flores

Editor Jr

Con la llegada de empresas trasnacionales asiáticas a México en los últimos años, en diversas zonas de la ciudad se ha observado una trasformación en sus calles, así como en las dinámicas sociales. Uno de los mejores ejemplos de esto es el mercado de San Juan Pugibet, en el centro histórico de la CDMX, donde algunos negocios han comenzado a adaptarse a la clientela proveniente de países como China y Corea.

Locatarios del lugar han optado, por ejemplo, por exhibir los precios de sus productos en hanzi, es decir, los caracteres propios de sistemas de escritura como el chino, a fin de que sus clientes de aquel país puedan identificar más fácilmente sus productos. Sin embargo, al no conocer el idioma, aún existe una brecha comunicativa entre los comerciantes y sus clientes, la cual intentan salvar con ayuda de la tecnología.

Comerciantes ahora promocionan sus productos en chino

Hace poco, el periódico Milenio contaba el caso de unos carniceros en el mercado de San Juan Pugibet. Uno de ellos era Antonio, a quien un amigo de origen chino que "más o menos habla español" le ayudó a traducir sus carteles. Él cuenta que el arribo de migrantes asiáticos comenzó en el año 2010. En ese entonces el porcentaje de clientes extranjeros era mínimo para él. Ahora, el 70% de sus ganancias proviene de ellos.

Sus principales clientes son propietarios de restaurantes de comida asiática. Antonio recibe la visita de "chinitos" los viernes, sábados y domingos, que son los días en los que acuden a hacer las compras para sus negocios. El comerciante menciona que son pocos quienes llevan productos para consumo doméstico.

Lo cierto es que los locales de comida asiática han aumentado en varios puntos de la ciudad, como Polanco. Esto ha motivado no solo a los carniceros, sino a otros comerciantes a ampliar su oferta. Esto ha impulsado la importación de productos como rábano blanco, taro, pepino o melón amargo. 

Una carnicería ofrece sus productos en chino. Imagen | Mitzi Alejandra Zárate/ Milenio.

Salvando la barrera del idioma

Roselia y Javier también son propietarios de un negocio familiar en el mercado de San Juan. Venden principalmente carne de aves, como pato o pollo. A ellos, una sobrina les ayudó a hacer sus carteles con ayuda de Google Translate, pero pronto descubrieron que este sistema no es muy confiable, pues uno de sus letreros está en tailandés.

Sin embargo, el traductor es crucial para esta familia: "hay chinos que vienen y no sabe nada español, entonces la comunicación es nula; es por medio del traductor como hacemos la venta". El problema es aún con la ayuda de esta herramienta, la comunicación se dificulta, y por ende, los negocios. 

Muchas veces Javier ha llegado a sospechar que los clientes se van sin comprar, no por falta de interés en lo que venden, sino "porque no nos podemos entender". Roselia y Javier tienen dos sobrinos que hablan inglés y francés. Los fines de semana, ellos acuden al mercado para ayudarlos con las ventas a algunos de los clientes extranjeros que llegan a comprarles.  

El traductor de Google se ha convertido en el aliado de los comerciantes.

Los problemas de la gentrificación 

En Polanco y Nuevo Polanco, la llegada de los trabajadores asiáticos disparó las rentas de departamentos hasta a los 100,000 pesos. En alcaldía Miguel Hidalgo, entre 2020 y 2024, el número de residencias temporales otorgadas a chinos aumentó 623%.  En general, la gentrificación ha disparado el precio de las rentas hasta en un 94% en varias zonas de la CDMX.

Por supuesto, la gentrificación no solo se da por el arribo de trabajadores asiáticos. Desde hace años la capital del país se ha convertido en el destino predilecto de nómadas digitales provenientes de países como Estados Unidos. Pero el problema no es la llegada de extranjeros al país, sino el encarecimiento de la vida en las zonas a las que llegan, la pérdida de la identidad cultural y el desalojo de familias en edificios cuyos dueños han decidido convertir en Airbnb.

El gobierno ha anunciado una serie de medidas para frenar el impacto de la gentrificación. No obstante, con el Mundial de Futbol a la vuelta de la esquina y la llegada de visitantes de distintas partes del mundo para la justa deportiva, muchos capitalinos han sido echados de los que por años habían sido sus hogares y se han enfrentado a terrible reto de encontrar una vivienda digna  a un precio razonable. 

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