
Una idea, meses de planeación y condiciones infernales dieron como resultado una imagen onírica
Sí, seguramente piensas que es IA, pero la imagen que acabas de ver es real. La obra en cuestión es trabajo de Angel Fux, una fotógrafa especializada en astrofotografía que, ante su pasión por capturar paisajes nocturnos, se aventuró a escalar los Alpes suizos. A 4,200 metros de altitud, 28° centígrados bajo cero, fuertes rachas de viento y cornisas congeladas logró tomar una foto imposible: el doble arco de la Vía Láctea.
En su blog personal, Flux relató cómo su trayectoria la llevó a soportar condiciones infernales con tal de alimentar su ambición por regresar a casa con una fotografía hipnótica. Tras haber recorrido los Andes, los Pirineos y las Dolomitas, decidió ir un paso más allá y contemplar el cielo nocturno desde el Dent d'Hérens, cumbre ubicada entre Italia y Suiza. Así, dio inicio a la aventura de capturar un espectáculo único y efímero.
"Una vez al año, en el hemisferio norte, ocurre algo sencillamente extraordinario en el cielo nocturno. Durante unos pocos días, cada mes de marzo es posible contemplar ambos brazos de la Vía Láctea sobre el horizonte en la misma noche, no al mismo tiempo, sino a lo largo de la misma rotación terrestre".
"El arco invernal, una franja de estrellas más tranquila y menos densa, se eleva durante la primera mitad de la noche. Luego, a medida que la Tierra gira, el arco estival asciende desde la otra dirección, trayendo consigo el núcleo galáctico, ese inconfundible y denso río de luz. Juntos, forman lo que se conoce como doble arco de la Vía Láctea".
Vale la pena mencionar que este fenómeno no es inexplorado, otros fotógrafos ya lo han captado en impresionantes imágenes. Sin embargo, el reto de Fux fue situarse en una zona en la que sus compañeros de oficio no suelen ir y mucho menos en invierno. Para su expedición recurrió a un guía de montaña profesional, a quien contactó con seis meses de antelación, así como contemplar diversos detalles logísticos.
En primera instancia, tuvo que calcular condiciones extra como la fase adecuada de la luna, la ubicación correcta para el ángulo de los arcos, un horizonte despejado de 360 grados y un nivel de contaminación lumínica lo más bajo posible. A su vez, Fux relata que aún con todo esto contemplado la mayor complicación es el periodo de apenas cinco días óptimos en los que se puede apreciar el fenómeno.
Su equipamiento consistió de un saco de dormir diseñado para soportar temperaturas de hasta -30ºC, botas de montaña de tres capas y cuerdas y arneses que la ataran a las cornisas en todo momento. En lo referente a lo técnico, la francesa utilizó una Nikon Z6 II adaptada para la astrofotografía, un objetivo Nikon NIKKOR Z 20mm f/1.8 y un rastreador de estrellas Benro Polaris.
Algunas de las complicaciones que experimentó previo a la gran noche fue tener que practicar con la cámara para poder manejarla con los guantes, sesiones completas en las que no se logró grabar nada, así como la sensación térmica de -28ºC en la cumbre, la cual vino acompañada de gélidas rachas de viento. No obstante, persistió hasta dar con el timing perfecto.
El momento llegó el 19 de marzo. A las 20:30 horas y hasta las 23:30 fotografió primeramente el arco invernal. Después de un descanso de varias horas, llegó el turno del arco de verano a partir de las 2:30 de la madrugada. Hasta ese momento, todo iba según lo previsto, pero la contaminación lumínica ascendente desde Italia trajo consigo un premio que no tenía en mente: una tercera estela de luz.
"Hubo una sorpresa. Mientras revisaba la panorámica del arco invernal me fijé en un tenue arco ovalado que se extendía en dirección opuesta al sol, atravesando el encuadro con un degradado sutil pero inconfundible. Se trata del Gegenschein, un brillo difuso del cielo nocturno causado por la luz solar que refleja el polvo interplanetario, justo en la posición opuesta al sol. Es muy tenue y rara vez se capta en fotografía".
"Estaba ahí, visible incluso en los archivos sin procesar, lo que indicó que la imagen final tendría más de lo que había previsto. Lo que plantee como un doble arco se convirtió en un arco triple: el Gegenschein, la Vía Láctea invernal y la estival, todo en un único encuadre sobre los Alpes".
Tomar las fotos fue la parte más fascinante y arriesgada del proyecto. Sin embargo, adelante vendría lo esencial y complicado: el análisis de las imágenes. De acuerdo con PetaPixel, Fux dedicó cerca de 40 largas horas a procesar todo el material. Primeramente solo se dedicó a observar números, histogramas, scripts de calibración y líneas de código. El total de la información constó de 300 gigabytes.
Al final, poco a poco el resultado tomó forma: un paisaje nocturno con tres arcos. De hecho, la foto resultó tan increíble que la propia NASA la publicó en su selección de imágenes astronómicas. Tal como presume Fux en sus redes sociales: "Esto es a lo que me refiero cuando digo que soy fotógrafa".
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