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Hace treinta años, las tarjetas de memoria de la PS1 tenían una capacidad de 128 KB. Hoy, no podrían contener uno de los dedos del pie de Kratos

sony

Un accesorio vital que nadie podría tomar en serio hoy en día 

Ismael Garcia Delgado

Editor Jr

Para muchos, puede que sea algo totalmente desconocido. Para otros, es un viaje en el tiempo a entrañables recuerdos. Porque si jugaste con la PlayStation original hace treinta años, muy probablemente recuerdes aquel pequeño rectángulo gris que se insertaba encima del puerto de mando: la tarjeta de memoria.

A grandes rasgos, la tarjeta de memoria de la PS1 se usaba para almacenar el progreso, configuraciones y desbloqueos de distintos juegos en la consola. Lo que permitía continuar las partidas más tarde. Un accesorio vital con solo 128 KB de memoria flash, pero que hoy no podría guardar ni siquiera uno de los dedos del pie de Kratos.

"Esto trae alegría y muy buenos recuerdos. Qué época". El comentario de un usuario en Reddit demuestra la importancia que tenía la tarjeta de memoria en aquel entonces. Una imagen que resuena entre los jugadores de toda una generación, quienes quedaban satisfechos con los famosos 15 bloques utilizables.

Para quienes este artefacto les sea ajeno, los bloques utilizables eran divisiones internas de la memoria de la tarjeta. Cada bloque representaba una cantidad fija de espacio -más o menos 8 KB- y los juegos ocupaban alrededor de uno. Aunque juegos exigentes podían ocupar más. En resumen: cada bloque tenía un valor sentimental.

Sin embargo, vale la pena recodar que la tarjeta de la PS1 no solía guardar texturas, modelos 3D, escenas cinemáticas ni gigabytes de datos. En realidad, se enfocaba en el progreso, posición en el juego, récords o estadísticas. Básicamente, solo necesitaba saber en qué punto del juego te quedaste. Algo que ya no ocurre con las consolas actuales.

Hoy por hoy, sabemos que los juegos guardan las partidas de forma automática. Ya no es necesario presionar botones de manera manual "por si acaso" algo sale mal. Pero esto también conlleva que los juegos requieran un espacio de almacenamiento bastante pesado. Es ahí donde llegamos al gran ejemplo: God of War: Ragnarok.

Si lo has jugado, seguramente recordarás las decenas de gigabytes que requiere God of War. Porque claro, los juegos actuales manejan recursos diseñados para 4K, HDR, audio 3D y cinemáticas con extremo detalle. Por lo tanto, una tarjeta de memoria de PS1 no podría almacenar una imagen moderna y sin comprimir de Kratos. Y ni hablar de su modelo o textura. 

Para darte una idea, aquellos 128 KB equivalen a 0.125 MB. Actualmente, una captura de pantalla de tu celular puede pesar varios megabytes. Un juego de PS5 necesita alrededor de 80 GB en la unidad SSD de la consola. En perspectiva, la tarjeta de memoria de la PS1 es más una reliquia y sinónimo de nostalgia que algo útil. 

Lo que es de reconocer, y para muchos incluso entrañable, es que esos 128 KB que hoy podrían parecer inservibles eran capaces de almacenar todo el historial de un jugador a finales del siglo pasado. Por lo tanto, aquella antigua tarjeta conserva un encanto especial: recordarnos que la memoria es esencial, incluso cuando apenas alcanza los 128 KB.

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