Enrique Verdugo, entrenador: "Perder velocidad al caminar suele ser el primer aviso de fragilidad o pérdida de autonomía a futuro"

Haberdoedas F0ukloh Qfy Unsplash 1

Más allá de acumular pasos en el reloj inteligente, la velocidad a la que nos desplazamos después de los 50 años ofrece una lectura precisa sobre la masa muscular, el sistema nervioso y la longevidad.

MartinPixel

Coordinador Editorial Senior

Cumplir la meta diaria de 10,000 pasos de rigor se ha convertido en el estándar indiscutible de actividad física para millones de personas. Sin embargo, contar pasos deja fuera un factor decisivo: la velocidad a la que nos desplazamos. Para diversos especialistas, el ritmo no es un detalle menor, sino una señal directa sobre nuestro estado funcional y nuestra esperanza de vida.

"Siempre nos han dicho lo de los 10.000 pasos, pero la realidad es que cuanto caminamos es solo una parte de la historia. A partir de los 50, la velocidad a la que nos movemos se convierte en un indicador clave de salud física y longevidad", explica Javier Verdugo, entrenador personal y creador del Método Neuro-Return en esta entrevista. Según el especialista, ralentizar el paso con los años suele ser el primer aviso de fragilidad futura o de pérdida de independencia.

La evidencia respalda el valor del hábito. La OMS subraya que caminar con regularidad previene y ayuda a controlar padecimientos no transmisibles como la diabetes, el cáncer y las enfermedades cardiovasculares, además de disminuir los síntomas de ansiedad y depresión, estimulando la salud cerebral y el bienestar integral. La diferencia radica en la exigencia que le imponemos al cuerpo durante el recorrido.

El ritmo de la marcha como termómetro de vida

Dar un paso parece un acto automático, pero involucra fuerza muscular, coordinación y respuesta inmediata a las irregularidades del terreno. Al aumentar el paso, las demandas fisiológicas se disparan: "Caminar a buen ritmo exige que el corazón, los músculos y el sistema nervioso trabajen coordinados", apunta Verdugo. Esto permite elevar la intensidad del ejercicio sin necesidad de correr ni someter las articulaciones a entrenamientos de alto impacto, una ventaja clave en etapas avanzadas de la vida.

La relación entre paso ligero y esperanza de vida está ampliamente documentada en la literatura médica. Uno de los estudios más representativos en adultos mayores de 65 años reveló que, por cada aumento de 0.1 metros por segundo en la velocidad habitual de la marcha, el riesgo relativo de muerte se redujo alrededor de un 12%, un patrón consistente en los nueve análisis revisados por la investigación.

En esa misma línea, otro estudio publicado en 2023 contrastó la velocidad de marcha en personas de entre 65 y 89 años frente a parámetros físicos tradicionales, como la fuerza de prensión manual y la prueba de levantarse de una silla. Los investigadores comprobaron que la rapidez al caminar mantenía una correlación especialmente estrecha con la mortalidad por cualquier causa.

Cómo estructurar paseos más efectivos: intervalos y fuerza

El paso se vuelve lento de forma progresiva. Tal como detalla Verdugo, "con la edad y el sedentarismo tendemos a perder fuerza rápida (fibras tipo II) y movilidad en caderas y tobillos". Estas capacidades son indispensables para tareas tan cotidianas como incorporarse de un asiento, subir un escalón o corregir la postura tras un tropiezo imprevisto. Al deteriorarse el rango articular, la zancada se acorta y el paso se frena casi sin percibirlo.

Para contrarrestar este desgaste, la estrategia no consiste en acelerar sin control, sino en trabajar la biomecánica: "No se trata de echar a correr, sino de despertar la conexión entre cerebro y músculo", puntualiza Verdugo. Su propuesta combina:

  • Introducir cambios de ritmo a lo largo de una caminata de entre 20 y 25 minutos.
  • Sumar una rutina breve de ejercicios de fuerza al terminar el recorrido para sostener la masa muscular encargada de la propulsión y el equilibrio.

Dentro de los ejercicios recomendados figuran las sentadillas (útiles para fortalecer el tren inferior y trabajar la movilidad articular en cadera y rodillas), las elevaciones de talones para impulsar la pisada y los ejercicios de balance sobre una sola pierna para afinar la estabilidad y prevenir caídas.

Otra herramienta eficiente es la caminata a intervalos. El método que recomienda el entrenador Alvaro Puche consiste en alternar un minuto al paso más rápido posible con un periodo de recuperación activa a velocidad moderada, permitiendo retomar el aliento antes del siguiente esfuerzo. Este esquema mejora la velocidad funcional, la resistencia cardiorrespiratoria y la fuerza general, siempre recordando adaptar la intensidad al estado de salud personal y asesorarse con especialistas médicos o de entrenamiento antes de modificar la rutina.

Imágenes | Haberdoedas

En Xataka México | Hacer 10,000 pasos al día no era más que un mito, y la ciencia ahora sabe el número óptimo

En Xataka México | La pelvis masculina moderna podría ser una innovación evolutiva: ayuda a caminar largas distancias

Ver todos los comentarios en https://www.xataka.com.mx

VER 0 Comentario
↑