
¿Por qué algunas personas lloran por todo y otras parecen no llorar nunca?
Hay personas que lloran viendo una película, escuchando una canción o cuando alguien les cuenta algo triste. También están quienes, después de una discusión, necesitan unos minutos porque las lágrimas aparecen antes de que puedan explicar qué sienten. Y luego están quienes pueden ver a otra persona llorando y, casi de inmediato, terminan con los ojos llenos de lágrimas.
Seguro todos conocemos a alguien así. Incluso puede que seamos esa persona y que, cuando ocurre con frecuencia, aparezca la misma frase: “lloras por todo”. Durante mucho tiempo, llorar con facilidad se ha relacionado con ser demasiado sensible, exagerar las cosas o no saber controlar las emociones. Pero la psicología ofrece una explicación bastante menos sencilla.
No todos procesamos lo que ocurre a nuestro alrededor de la misma manera. Para algunas personas, una emoción puede sentirse especialmente intensa o seguir dando vueltas en la cabeza mucho después de que el momento terminó. En ciertos casos, esto puede estar relacionado con un rasgo conocido como sensibilidad de procesamiento sensorial (SPS).
No todos procesamos lo mismo de la misma manera
Imagina que dos personas están viendo exactamente la misma película. Llega una escena triste y una de ellas piensa: “qué triste” y continúa viendo la historia; la otra quizá empieza a pensar en lo que está viviendo el personaje, recuerda algo que le ocurrió hace años, imagina cómo se sentiría en una situación parecida y termina con lágrimas en los ojos. La escena fue exactamente la misma; lo que cambió fue la manera de procesarla.
La sensibilidad de procesamiento sensorial se refiere precisamente a diferencias individuales en la forma en que las personas procesan los estímulos que reciben. La investigación la relaciona con una mayor profundidad de procesamiento, atención a detalles, reactividad emocional y sensibilidad ante estímulos sociales y emocionales.
La psicóloga Elaine Aron es una de las principales investigadoras asociadas con este concepto y popularizó el término persona altamente sensible (PAS) para describir a quienes presentan niveles elevados de esta sensibilidad.
Ser altamente sensible no significa estar enfermo. Es un rasgo, de la misma manera que algunas personas necesitan silencio para concentrarse mientras otras pueden trabajar perfectamente con ruido alrededor. Nuestro sistema nervioso tampoco procesa todo exactamente de la misma forma.
No se trata solamente de “sentir más”
Aquí aparece una diferencia importante. Decir que una persona sensible “siente todo más fuerte” puede quedarse corto. Una parte del asunto tiene que ver con qué hace con la información que recibe.
Una conversación incómoda puede terminar para una persona cuando acaba la discusión. Para otra, puede continuar durante horas: “¿Por qué me dijo eso?”, “¿Lo habrá dicho en serio?”, “¿Yo también fui demasiado dura?”, “¿Y si entendí mal?”.
Ese procesamiento puede hacer que una experiencia emocional permanezca activa durante más tiempo. Las investigaciones sobre SPS también han encontrado diferencias en la respuesta ante estímulos emocionales y sociales, incluyendo regiones relacionadas con la empatía, la conciencia y el procesamiento de información.
Por eso, una persona puede reaccionar con mucha intensidad ante algo que para alguien más parece pequeño. No necesariamente está exagerando, puede estar procesándolo de otra manera.
Y sí, también puedes llorar cuando estás feliz
Aquí aparece algo que suele desconcertarnos. Entendemos que alguien llore cuando está triste, pero ¿por qué ocurre lo mismo cuando está feliz? Una boda, el nacimiento de un bebé, volver a ver a alguien después de mucho tiempo o incluso una canción que trae un recuerdo pueden provocar lágrimas. El llanto emocional no está reservado para las experiencias negativas: también puede aparecer ante emociones positivas.
Una revisión sobre la neurobiología del llanto señala que las lágrimas emocionales pueden presentarse ante emociones negativas y positivas, además de situaciones cotidianas como películas, canciones, conflictos o momentos de frustración.
Así que decir “estoy feliz, pero estoy llorando” no es una contradicción. Una emoción agradable también puede alcanzar suficiente intensidad como para provocar lágrimas.
Llorar tampoco significa que alguien perdió el control
Otra idea que vale la pena cuestionar es que llorar equivale a perder el control de las emociones. La respuesta fisiológica detrás de las lágrimas es bastante más compleja.
En un experimento con 197 estudiantes universitarias, investigadores analizaron qué ocurría fisiológicamente cuando las participantes lloraban después de ver videos con contenido emocional. Quienes lloraron presentaron cambios en la respiración y en la frecuencia cardiaca alrededor del momento del llanto, cambios que los investigadores relacionaron con procesos fisiológicos que acompañan la respuesta emocional.
Pero hay una precisión importante: el estudio no demostró que llorar elimine el estrés. Las participantes que lloraron no soportaron durante más tiempo la situación estresante ni mostraron una reducción clara del cortisol.
Así que no sería correcto decir que llorar funciona como un botón de reinicio para el estrés. Lo que sí muestra la investigación es que el llanto viene acompañado de cambios fisiológicos y forma parte de una respuesta emocional mucho más compleja de lo que parece.
A veces ni siquiera lloramos por nosotros
Hay otra situación que seguramente resulta familiar. Alguien comienza a llorar, lo vemos y unos segundos después tenemos un nudo en la garganta. No estamos viviendo su problema, pero nuestro cuerpo parece reaccionar de todos modos.
Las lágrimas también tienen una función social. No solamente expresan que estamos experimentando una emoción; pueden comunicar a quienes nos rodean que estamos afectados, que necesitamos apoyo o que estamos atravesando un momento especialmente intenso.
La investigación sobre el llanto señala que las personas pueden interpretar las lágrimas de los demás como una señal de vulnerabilidad o necesidad de ayuda. Y aquí aparece nuevamente la empatía.
Las investigaciones sobre sensibilidad de procesamiento sensorial han encontrado asociaciones entre este rasgo y una mayor respuesta ante estímulos sociales y emocionales.
Por eso algunas personas parecen captar con mucha facilidad el estado de ánimo de quienes tienen cerca. Si alguien está triste, lo sienten; si alguien está emocionado, también, y si alguien llora, bueno, ya sabemos cómo puede terminar la historia.
En México también se ha estudiado esta sensibilidad
La alta sensibilidad tampoco es un concepto que en México conozcamos únicamente por redes sociales. Investigadores de distintas universidades del país han trabajado en adaptar y estudiar herramientas para medir este rasgo específicamente en población mexicana.
En 2019, investigadores de instituciones como la Universidad de Colima, la Universidad Autónoma de Yucatán, la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo y la Universidad de Guanajuato analizaron las propiedades psicométricas de la Highly Sensitive Person Scale, una herramienta utilizada para evaluar la sensibilidad de procesamiento sensorial.
El problema era bastante concreto: hasta entonces no existía en México un instrumento validado para evaluar esta característica. Los investigadores concluyeron que la adaptación de la escala tenía propiedades psicométricas adecuadas y podía utilizarse para estudiar este rasgo en población mexicana.
Eso importa porque permite hablar de sensibilidad de procesamiento sensorial en México con algo más de sustento que simplemente aplicar un concepto popular a cualquier persona que llore mucho.
También hay personas especialmente sensibles a las emociones de los demás
En 2024, investigadores de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo estudiaron algo todavía más específico: la sensibilidad interpersonal. Hay personas que parecen detectar con mucha facilidad cuando alguien está incómodo, triste, enojado o preocupado, incluso antes de que esa persona diga algo.
Los investigadores describen la sensibilidad interpersonal como una mayor sensibilidad ante los estados emocionales de las personas con las que interactuamos. Para desarrollar y evaluar su instrumento participaron 429 estudiantes universitarios de entre 18 y 29 años. El estudio identificó tres dimensiones: atención a las sutilezas, sobreestimulación y el efecto persistente que pueden tener determinadas experiencias.
Eso conecta con una escena bastante cotidiana. Alguien comienza a llorar, tú lo ves y unos segundos después también sientes un nudo en la garganta y no necesariamente porque estés viviendo el mismo problema, sino porque la emoción de la otra persona también se convirtió en un estímulo para ti.
Eso tampoco significa que cualquier persona que reaccione así sea altamente sensible. Simplemente muestra que nuestra manera de percibir y responder a las emociones de los demás puede variar bastante.
Pero llorar mucho no significa automáticamente ser PAS
Aquí conviene poner un freno a cualquier diagnóstico rápido. Encontrarte llorando con una película no significa que seas una persona altamente sensible, tampoco significa que tengas ansiedad, depresión o algún otro trastorno y ocurre al revés: una persona altamente sensible no necesariamente pasa el día llorando.
La SPS es un rasgo, no un diagnóstico clínico. La investigación diferencia las condiciones como el trastorno del espectro autista, la esquizofrenia o el trastorno de estrés postraumático, aunque algunas características puedan coincidir.
Por eso tampoco basta con hacer un test de internet que pregunte si lloras viendo películas o si te afectan las críticas para concluir que eres PAS. La sensibilidad es mucho más amplia e incluye aspectos como la atención a estímulos sutiles, la reactividad emocional, la sensibilidad social y la manera en que una persona responde a determinados ambientes.
Entonces, ¿por qué algunas personas lloran con tanta facilidad?
Aquí la respuesta deja de ser tan sencilla. Una persona puede llorar fácilmente porque está pasando por una etapa especialmente estresante. Otra puede tener una forma de expresar sus emociones mucho más visible. Alguien más puede estar atravesando una experiencia que le recuerda algo importante.
Y, en determinados casos, una mayor sensibilidad de procesamiento sensorial puede formar parte de la explicación, pero reducirlo todo a “es una persona sensible” tampoco sería correcto; las lágrimas no vienen con una etiqueta que diga de dónde salieron.
La sensibilidad también puede tener un lado positivo
Cuando hablamos de personas sensibles, muchas veces nos concentramos en lo que parece jugar en su contra: sentirse abrumadas, darle demasiadas vueltas a las cosas o reaccionar intensamente ante determinados estímulos.
Pero la sensibilidad también puede tener aspectos positivos. Las investigaciones sobre SPS la han relacionado con una mayor atención a los detalles, profundidad de procesamiento, empatía y respuesta ante experiencias positivas.
Por eso Elaine Aron plantea la alta sensibilidad como una característica que puede aprenderse a gestionar, en lugar de tratarla simplemente como algo que debería eliminarse. La cuestión no sería conseguir que una persona sensible deje de llorar. Sería entender qué está sintiendo, qué provocó esa reacción y qué necesita después.
Quizá no lloran “por todo”
Al final, decir que alguien “llora por todo” puede ser una forma demasiado sencilla de describir algo mucho más complejo. Quizá no está llorando únicamente por una película; puede ser una canción, un recuerdo, una discusión o incluso las lágrimas de otra persona; también puede ser una experiencia que simplemente le llegó con más fuerza.
Ninguna de esas cosas convierte automáticamente a alguien en débil, exagerado o enfermo; tampoco significa que todas las personas que lloran fácilmente sean altamente sensibles, pero sí deja una idea interesante: las lágrimas no necesariamente dicen cuánto control tiene alguien sobre sus emociones. A veces simplemente muestran cuánto significado tiene para esa persona lo que está viviendo.
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