La psicología explica el cambio del "sí se puede" al "¿Y si sí?": por qué una frase terminó convirtiéndose en el lema de la afición mexicana

El "¿Y si sí?" no es solo una frase viral, es algo que conectó a millones de mexicanos.

Y Si Si Frase
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samantha

Samantha Guerrero

Editora Jr
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Entusiasta de la tecnología. Otaku en las sombras, con RGB para ver de noche y debilidad por las historias donde alguien grita “¡Seeenpaiiiii!”. Como diría Vash the Stampede: “¡Este mundo está hecho de amor y paz!”.

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Hace apenas unas semanas, "¿Y si sí?" era una frase más entre las miles que aparecen cada día en redes sociales. Hoy está en memes, publicaciones, camisetas y conversaciones sobre la Selección Mexicana; y casi sin proponérselo, terminó convirtiéndose en el lema de una afición que llevaba años acostumbrada a desconfiar.

Lo más llamativo es que nunca nació pensando en el Mundial. Surgió durante una conferencia de prensa de Efraín Juárez, entonces entrenador de Pumas, cuando un periodista le preguntó si realmente creía que su equipo podía ser campeón del Clausura 2026. En lugar de responder con un simple "sí", devolvió otra pregunta: "¿Y si sí? ¿Y si Pumas sí es campeón?".

La frase comenzó a circular en redes sociales como una muestra de optimismo. Pero, conforme la Selección Mexicana fue encadenando buenos resultados en el Mundial de 2026, dejó de pertenecer únicamente al técnico universitario. La afición terminó haciéndola suya y ahí ocurrió algo mucho más interesante que un simple fenómeno viral.

Del deseo a una posibilidad

A simple vista, ambas frases parecen decir lo mismo; las dos hablan de esperanza. Pero psicológicamente no parten del mismo lugar, pues por años el "sí se puede" funcionó como una consigna y no describía lo que estaba ocurriendo. Era una forma de convencer al grupo de que todavía era posible.

El "¿Y si sí?", en cambio, nace desde otra perspectiva. No intenta fabricar confianza desde cero, sino que sugiere que ya existen razones para empezar a creer. La diferencia parece pequeña, pero para la psicología del deporte representa un cambio importante en la manera en que las personas interpretan la realidad.

México llevaba décadas aprendiendo a desconfiar

Ese cambio no apareció de un día para otro. Durante buena parte de la historia reciente de la Selección Mexicana, la narrativa estuvo marcada por una mezcla constante de ilusión y resignación.

México avanzaba regularmente a los octavos de final, pero una y otra vez encontraba el mismo límite. Mundial tras Mundial, el famoso "quinto partido" terminó convirtiéndose en una promesa incumplida.

Con el paso del tiempo, esa repetición fue moldeando la forma en que la afición interpretaba cada torneo. Era como si todos esperaran que, tarde o temprano, algo saliera mal y por eso la psicología lleva tiempo estudiando fenómenos como este.

Resultados

El cerebro utiliza las experiencias pasadas para estimar qué tan probable considera un resultado futuro. Cuando una misma historia se repite durante años, el escepticismo deja de ser una opinión y termina convirtiéndose en una expectativa casi automática.

Cuando creer también cambia la forma de competir

La confianza tampoco es solo una emoción; puede modificar la forma en que actúa un grupo. Uno de los conceptos más conocidos dentro de la psicología del deporte es la eficacia colectiva, desarrollada por Albert Bandura.

Lo que significa es que cuando un equipo cree de verdad que puede alcanzar un objetivo, suele comportarse de manera diferente. La comunicación mejora, disminuye la ansiedad y las decisiones bajo presión suelen ser más acertadas.

Esa confianza, además, no siempre se queda dentro del vestidor; también puede extenderse hacia la afición. Cuando millones de personas perciben que su selección realmente compite para ganar, cambia el ambiente emocional que rodea cada partido. En ese contexto, el "¿Y si sí?" deja de ser únicamente una frase viral: se convierte en una forma de expresar una confianza compartida.

El cerebro dejó de mirar únicamente los "ya merito"

Durante años, la conversación alrededor del Tri estuvo llena de los mismos recuerdos: el penal que no entró, la eliminación inesperada, el quinto partido que nunca llegó.

Triunfo 1

La psicología conoce este fenómeno como pensamiento contrafáctico. Es la tendencia a imaginar cómo habría cambiado la historia si una sola jugada hubiera sido diferente: "Si aquel penal hubiera entrado...", "Si el árbitro no hubiera marcado esa falta...".

Durante mucho tiempo, buena parte de la conversación alrededor de la Selección Mexicana giró alrededor de esos escenarios que nunca ocurrieron. El "¿Y si sí?" cambia completamente la dirección de ese pensamiento.

En lugar de quedarse atrapado en lo que no pasó, dirige la atención hacia aquello que todavía puede ocurrir. No elimina la incertidumbre, sino que simplemente abre espacio para la posibilidad.

Los resultados también alimentan la ilusión

Pero la historia no termina ahí. Una vez que aparece esa posibilidad, el propio cerebro empieza a buscar señales que la confirmen y la psicología llama a esto sesgo de confirmación.

Cuando una persona comienza a creer en una idea, tiende a prestar más atención a los hechos que parecen respaldarla. En otros Mundiales, la ilusión solía romperse muy rápido y en esta ocasión ocurrió algo diferente. 

Seleccion 2

México avanzó con paso perfecto en la fase de grupos, mantuvo su portería invicta y volvió a mostrar una defensa sólida en la ronda de eliminación directa. Cada partido reforzaba la sensación de que esta selección podía ser distinta: la esperanza dejó de sentirse únicamente emocional y empezó a encontrar argumentos dentro de la cancha.

La frase dejó de pertenecer a Efraín Juárez

La sociología también ofrece una explicación. El politólogo Benedict Anderson describía las comunidades imaginadas como grupos enormes de personas que, aun sin conocerse, comparten símbolos capaces de fortalecer su sentido de pertenencia.

Durante un Mundial, basta uno de esos símbolos para que millones de aficionados sientan que forman parte de la misma historia: puede ser una canción, un gol, una celebración o una frase. Eso fue lo que ocurrió con el "¿Y si sí?"; la expresión dejó de pertenecer a quien la pronunció por primera vez y ahora pertenece a la afición.

Claro, ninguna frase habría prendido igual sin resultados

También conviene decirlo, y es que si México hubiera quedado eliminado en la fase de grupos, probablemente el "¿Y si sí?" habría desaparecido tan rápido como apareció, pero ocurrió todo lo contrario. La propia psicología deportiva explica que las expectativas positivas funcionan mejor cuando encuentran evidencia que las respalde.

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La Selección Mexicana fue construyendo resultados que alimentaron la ilusión, dejó atrás a rivales como Sudáfrica, Corea del Sur, Chequia y Ecuador sin recibir un solo gol, modificando poco a poco el estado de ánimo de la afición. Y cada partido hizo que la frase pareciera menos una ocurrencia y más una posibilidad.

Del "sí se puede" al "¿Y si sí?"

Ahí estaría la verdadera diferencia entre ambas expresiones. Durante años, el "sí se puede" buscó convencer a la afición de que el siguiente paso era posible. El "¿Y si sí?" aparece en un momento distinto.

No nace de la necesidad de creer, sino de cuando los resultados empiezan a ofrecer razones para hacerlo; sin embargo, eso no garantiza que México vaya a levantar la Copa del Mundo, mucho menos asegura que esta generación vaya a romper todas las barreras del pasado.

Lo que sí refleja es un cambio mucho más profundo. Por mucho tiempo, la conversación alrededor del Tri giró en torno a por qué volvería a quedarse cerca. Hoy, por primera vez, millones de aficionados parecen hacerse una pregunta diferente: ¿Y si sí?

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