Cuando se habla del Mundial 2026, la conversación suele centrarse en los estadios, el turismo, la derrama económica o los retos de seguridad que implica recibir a millones de aficionados. Sin embargo, organizaciones tanto de México, Estados Unidos y Canadá han puesto sobre la mesa una preocupación muy distinta: el aumento de la violencia doméstica y familiar durante los grandes eventos deportivos.
La Red Nacional de Refugios de México, Women's Shelters Canada y la National Network to End Domestic Violence de Estados Unidos presentaron la campaña "La violencia contra las mujeres no es parte del juego", una iniciativa que busca visibilizar los riesgos que enfrentan mujeres y niñas durante competiciones deportivas de gran escala.
El Mundial que ocurre lejos de las canchas
La preocupación de las organizaciones no es nueva. De acuerdo con datos citados por la Red Nacional de Refugios y organismos internacionales, durante grandes eventos deportivos las llamadas de emergencia y solicitudes de ayuda relacionadas con violencia familiar pueden aumentar hasta 30%.
Por ello, la campaña busca que los tres países anfitriones incorporen medidas de prevención, atención y acompañamiento para las víctimas antes de que comience el torneo.
La advertencia resulta particularmente relevante porque el Mundial de 2026 será el más grande de la historia, con partidos distribuidos entre México, Estados Unidos y Canadá y la llegada de millones de visitantes a lo largo de varias semanas.
Para los colectivos, la preparación del evento no debería limitarse a la infraestructura, la movilidad o la seguridad en espacios públicos. También consideran necesario fortalecer las redes de apoyo y protección para las personas que puedan enfrentar situaciones de violencia dentro de sus hogares.
México llega al Mundial con un problema previo
La preocupación tampoco surge en el vacío. De acuerdo con la Red Nacional de Refugios, los casos de violencia familiar en México aumentaron entre marzo de 2025 y marzo de 2026. Además, las tres entidades mexicanas que albergarán partidos mundialistas (Ciudad de México, Jalisco y Nuevo León) figuran entre los estados con mayores registros de violencia familiar del país.
La dimensión del problema también se refleja en las cifras oficiales. Tan solo entre enero y abril de 2026 se registraron más de 87 mil casos de violencia familiar en México, una muestra de que se trata de un fenómeno que ya representa un desafío importante antes incluso del inicio del torneo.
Una de las metas de la campaña consiste en generar conciencia sobre un fenómeno que suele quedar fuera de la conversación cuando se habla de grandes eventos deportivos.
Lo que ocurre durante los partidos
Las organizaciones también señalan que el aumento de la violencia no se limita a los grandes torneos internacionales. Según La Jornada con datos recopilados de la Red Nacional de Refugios, durante encuentros deportivos importantes suelen registrarse entre 15% y 20% más llamadas de auxilio relacionadas con situaciones de violencia.
Aunque el futbol no es la causa directa de estas agresiones, los colectivos advierten que eventos capaces de movilizar emociones intensas, reuniones masivas y consumo de alcohol pueden coincidir con un incremento en los riesgos para mujeres y niñas.
La psicología detrás de una relación incómoda
Durante un Mundial convergen varios elementos que la psicología ha estudiado durante años: emociones intensas, consumo de alcohol, frustración, estrés y una fuerte identificación con equipos o selecciones.
Cuando las personas depositan expectativas emocionales en el resultado de un partido, una derrota o un desempeño decepcionante pueden generar sentimientos de enojo, frustración o pérdida de control.
Diversas investigaciones han encontrado que algunas personas tienen mayores dificultades para regular esas emociones negativas, especialmente cuando se combinan con otros factores de riesgo como antecedentes de violencia o consumo excesivo de alcohol.
Los especialistas describen este fenómeno como una forma de desplazamiento emocional. La frustración generada por un acontecimiento que no puede controlarse encuentra una vía de expresión en otros espacios de la vida cotidiana. Por sí solo, un partido de futbol no provoca violencia. Sin embargo, puede actuar como un detonante dentro de situaciones donde ya existen dinámicas problemáticas previas.
A ello se suma otro factor importante. Los grandes eventos deportivos suelen estar acompañados por reuniones sociales prolongadas y un mayor consumo de alcohol. Diversos estudios han relacionado esta combinación con una disminución de la capacidad de autocontrol y un aumento de conductas impulsivas, elementos que pueden agravar situaciones de conflicto ya existentes.
Por eso las organizaciones insisten en que el problema no está en el deporte, sino en las condiciones que pueden amplificar comportamientos violentos cuando no existen mecanismos adecuados de prevención y atención.
Una alerta antes de que ruede el balón
La mayoría de las preocupaciones asociadas a un Mundial suelen estar relacionadas con la organización del torneo: transporte, hospedaje, seguridad, operación de estadios o recepción de turistas. Sin embargo, las organizaciones detrás de la campaña sostienen que existe otro desafío menos visible y que ocurre lejos de las cámaras y de las transmisiones deportivas.
Su llamado es a que la protección de mujeres y niñas también forme parte de la preparación rumbo a la Copa del Mundo de 2026 y que el tema no quede relegado por la expectativa que genera el evento deportivo más importante del planeta.
Porque mientras millones de personas estarán pendientes de lo que ocurra dentro de las canchas, las organizaciones advierten que algunas de las consecuencias más preocupantes del torneo podrían desarrollarse fuera de los estadios.
El Mundial 2026 transformará ciudades, llenará hoteles, movilizará a millones de aficionados y concentrará la atención del planeta durante varias semanas. Pero para las organizaciones que impulsan esta campaña, también representa una oportunidad para recordar que algunos de los problemas más graves no aparecen en el marcador. Mientras el torneo se juegue dentro de las canchas, otra parte de la historia podría desarrollarse lejos de ellas, en los hogares donde la violencia sigue siendo una realidad cotidiana.
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