Nuria Roure, neuropsicóloga: “Dormir cinco o seis horas entre semana deteriora el rendimiento cognitivo”; el cerebro deja de notar que está cansado

Muchos creen que ya se acostumbraron a dormir cinco horas, pero ese no es el verdadero problema.

Dormir Menos Horas
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samantha

Samantha Guerrero

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Entusiasta de la tecnología. Otaku en las sombras, con RGB para ver de noche y debilidad por las historias donde alguien grita “¡Seeenpaiiiii!”. Como diría Vash the Stampede: “¡Este mundo está hecho de amor y paz!”.

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Hay personas que llevan años durmiendo cinco o seis horas entre semana y están convencidas de que su cuerpo ya se acostumbró. Se levantan temprano, cumplen con el trabajo, estudian, atienden reuniones, hacen ejercicio y terminan el día pensando que, si lograron hacer todo eso, entonces dormir menos no les está pasando factura y lo más probable es que no sea así.

El problema no es únicamente dormir poco. El verdadero riesgo es que el cerebro también puede dejar de avisarte que ya está funcionando peor y poco a poco te acostumbras al cansancio y empiezas a creer que ese nivel de rendimiento es el normal, aunque en realidad ya no estés pensando con la misma claridad que antes. Según la neuropsicóloga Nuria Roure, dormir menos de seis horas de forma crónica puede reducir hasta un 30% la capacidad cognitiva, pero lo más preocupante no es solo esa disminución, sino que muchas personas ni siquiera son conscientes de que está ocurriendo.

El cerebro no se adapta tan bien como creemos

Dormir poco suele verse casi como una habilidad. Hay empresarios que presumen descansar cinco horas, estudiantes que sacrifican noches completas durante los exámenes y trabajadores que consideran normal recuperar el sueño únicamente los fines de semana. La idea de que el cuerpo "aprende" a funcionar con menos descanso está tan extendida que pocas veces nos detenemos a cuestionarla.

Sin embargo, la ciencia lleva años mostrando otra cosa. Cuando dormir poco se convierte en un hábito, el cerebro empieza a acumular un déficit de descanso que afecta funciones tan importantes como la atención, la memoria, la velocidad para procesar información y la capacidad para resolver problemas.

Lo más engañoso es que ese deterioro ocurre de forma gradual. No despiertas una mañana sintiendo que perdiste una tercera parte de tu capacidad para pensar, sino que simplemente empiezas a tardar más en concentrarte, a distraerte con facilidad o a cometer errores que antes no cometías, y ahí está el verdadero problema: el cerebro puede acostumbrarse a esa sensación de cansancio, pero eso no significa que haya recuperado su rendimiento.

El cansancio deja de ser evidente, pero los errores no

Olvidar dónde dejaste las llaves, abrir el refrigerador y olvidar qué ibas a sacar, leer dos o tres veces el mismo párrafo, tardar más en entender un correo o no recordar el nombre de una persona son situaciones que casi todos atribuimos al estrés, a la carga de trabajo o incluso a la edad.

Pero también pueden ser una consecuencia de dormir menos de lo necesario durante semanas o meses. Diversas investigaciones sobre privación de sueño han encontrado un fenómeno curioso: mientras el rendimiento continúa disminuyendo, las personas suelen creer que ya se adaptaron.

Sueno

Es decir, el cerebro deja de mandar señales tan evidentes de cansancio, pero sigue funcionando por debajo de su capacidad y esa es justamente la trampa.

Dormir menos no siempre significa aprovechar mejor el día

Muchas personas reducen sus horas de sueño porque sienten que así ganan tiempo. La lógica parece sencilla: si duermo dos horas menos, tengo dos horas más para trabajar, estudiar, entrenar o terminar pendientes.

Sobre el papel tiene sentido. El problema aparece cuando ese tiempo extra se utiliza con un cerebro que procesa la información más despacio, tarda más en concentrarse, recuerda menos detalles y toma peores decisiones.

Las horas "ganadas" empiezan a perderse en distracciones, errores o tareas que antes podían resolverse mucho más rápido y, al final, no siempre trabajas más, en muchos casos, simplemente trabajas más tiempo con un cerebro que rinde menos.

No es un problema aislado: en México millones de personas tampoco descansan lo suficiente

Dormir poco no es una realidad exclusiva de quienes buscan ser más productivos o tienen jornadas laborales extensas. En México también representa un problema de salud pública.

De acuerdo con la Secretaría de Salud, una de cada tres personas presenta algún trastorno del sueño y, dentro de ese grupo, alrededor del 40% vive con insomnio. Los especialistas advierten que dormir mal no solo afecta el descanso: también incrementa el riesgo de accidentes, disminuye el rendimiento y puede favorecer la aparición de distintos problemas de salud.

Dormir Poco

Más allá del número de horas, el reto está en la constancia. Dormir siete horas una noche y recuperar el sueño el fin de semana no siempre compensa los efectos de una semana completa de descanso insuficiente. Por eso la recomendación sigue siendo la misma: mantener entre siete y nueve horas de sueño de manera regular.

Dormir poco también tiene un costo para la productividad

Ese menor rendimiento no se queda únicamente en la memoria o la concentración, también termina reflejándose en el trabajo.

Una investigación realizada por especialistas de la UNAM y la UAM encontró que, en pacientes con insomnio asociado a ansiedad y depresión, la pérdida de productividad representó casi dos terceras partes del costo económico total de la enfermedad. El problema no era solo faltar al trabajo, sino asistir todos los días con un rendimiento menor al habitual.

Eso coincide con lo que explica Nuria Roure. Cuando dormir menos de seis horas se vuelve una costumbre, tareas que antes resolvías en pocos minutos comienzan a tomar más tiempo, aumenta la probabilidad de cometer errores y resulta más difícil mantener la concentración. En otras palabras, esas horas que aparentemente ganaste al dormir menos pueden terminar perdiéndose después en forma de menor rendimiento.

Mientras tú duermes, el cerebro sigue trabajando

Aunque parezca que todo se detiene durante la noche, el cerebro sigue muy ocupado. Mientras descansas, consolida recuerdos, decide qué información conservar, elimina parte de los desechos metabólicos acumulados durante el día y reorganiza procesos que serán esenciales para aprender, tomar decisiones y mantener la atención al día siguiente.

Menor Productividad

Dormir no es una pausa para el cerebro, es parte de su trabajo. Por eso, reducir sistemáticamente las horas de sueño implica interrumpir procesos que son fundamentales para que pueda funcionar correctamente.

Quizá el mayor problema no sea tener sueño

La mayoría de las personas sabe reconocer cuándo tiene hambre o cuándo necesita descansar físicamente y con el sueño ocurre algo diferente. Después de semanas durmiendo poco, muchas dejan de percibir el cansancio como una señal de alerta y empiezan a verlo como parte de su rutina. Ese es, probablemente, el mayor riesgo.

No porque el cerebro deje de necesitar descanso, sino porque deja de avisarte con la misma claridad que algo no está funcionando como debería. Quizá el verdadero efecto de dormir cinco horas no sea sentir más sueño durante el día; en realidad, es creer que todavía estás rindiendo igual, cuando en realidad tu cerebro ya empezó a trabajar por debajo de su capacidad.

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