La psicología explica el mito del "ruido de los pobres": los ricos no son más silenciosos, simplemente tienen el dinero para comprar el aislamiento

Ruido Cdmx

El ruido es muy común en CDMX, pero no todos lo toleran.

Samantha Guerrero

Editora Jr

Una frase constante en redes sociales ha aparecido junto con discusiones urbanas y hasta conversaciones cotidianas: "los pobres hacen más ruido". La idea se suele usar para hablar de música alta, motos, fiestas, bocinas en la calle o vecinos escandalosos. Pero detrás de esa percepción existe algo mucho más complejo que educación o cultura.

En ciudades como la CDMX, el ruido ya forma parte del paisaje cotidiano. Microbuses, motos, puestos, vendedores, bocinas, tráfico y construcciones crean un entorno donde el silencio rara vez existe por completo. De hecho, autoridades capitalinas han advertido que algunas zonas alcanzan niveles cercanos a los 85 decibeles, muy por encima de lo considerado saludable.

La realidad es bastante más compleja. El silencio también es un privilegio económico. No es que las personas ricas sean biológicamente más silenciosas, sino que cuentan con recursos para vivir lejos del ruido. Eso es algo que llevan años señalando la psicología ambiental, la sociología urbana y los estudios sobre desigualdad.

El silencio también se compra

En las grandes ciudades, el dinero no solo compra espacio. También adquiere aislamiento. Colonias con baja densidad poblacional, calles amplias, menos comercio ambulante, edificios con mejor aislamiento acústico, ventanas dobles, árboles que absorben sonido y automóviles más silenciosos. Todo eso cuesta.

Mientras tanto, muchas comunidades de bajos ingresos suelen ubicarse cerca de avenidas principales, rutas de transporte pesado, corredores comerciales, zonas industriales o áreas de alta densidad poblacional. Es decir, el ruido no siempre es una decisión cultural, sino una consecuencia de cómo están diseñadas las ciudades.

Diversas investigaciones sobre desigualdad ambiental encontraron que la contaminación acústica afecta de manera desproporcionada a sectores económicamente vulnerables. En otras palabras: las personas con más dinero no necesariamente generan menos ruido; simplemente tienen más barreras físicas entre ellas y el resto del mundo.

En ciudades como la CDMX, además, el ruido rara vez se distribuye de manera uniforme. Las zonas con mayor tráfico, comercio o transporte público suelen coincidir con áreas donde viven millones de personas de ingresos medios y bajos, mientras que las zonas residenciales más exclusivas cuentan con mejores condiciones de aislamiento y menor saturación urbana.

Cuando la casa es pequeña, la vida se mueve hacia afuera

Otro factor importante es el espacio. En muchas colonias populares, las viviendas suelen ser más pequeñas y albergar a más personas por habitación. Cuando el espacio privado es reducido, buena parte de la convivencia cotidiana termina desplazándose hacia la banqueta, el patio, la calle, el automóvil, la tienda de la esquina. La ciudad se convierte en extensión de la casa.

Datos del INEGI muestran que millones de personas en México viven en condiciones de aglomeración o en viviendas donde varias personas comparten habitaciones reducidas. Eso modifica completamente la manera en que se vive el espacio público.

El psicólogo social Robert Sommer, especialista en espacio personal y comportamiento urbano, explicaba que el sonido también puede funcionar como una forma de marcar presencia o territorio en entornos densamente compartidos.

Eso cambia por completo la lectura del fenómeno. Porque en ocasiones el ruido no nace simplemente del "mal gusto", sino de la manera en que las personas aprenden a habitar espacios saturados.

El cerebro también aprende a vivir con ruido

Otra idea importante desde la psicología ambiental es la habituación sensorial. El cerebro humano se adapta a estímulos constantes para poder seguir funcionando. Una persona que creció rodeada de tráfico, vendedores, transporte público o música alta desarrolla un umbral de tolerancia distinto al de alguien acostumbrado a zonas residenciales silenciosas.

Lo que para alguien puede sentirse insoportable, para otra simplemente forma parte del sonido normal de la vida cotidiana. Investigaciones publicadas en The Lancet encontraron que la exposición prolongada al ruido modifica respuestas fisiológicas y psicológicas relacionadas con estrés, atención y percepción ambiental. Y en México el problema ya es visible como tema de salud pública.

La Universidad Nacional Autónoma de México ha advertido que la exposición constante a contaminación auditiva puede provocar alteraciones del sueño, fatiga, irritabilidad, problemas de concentración, estrés crónico e incluso afectaciones cardiovasculares.

Eso explicaría por qué dos personas pueden experimentar exactamente el mismo entorno sonoro de maneras completamente distintas.

El problema es la desigualdad urbana

La conversación suele simplificarse a una idea considerada clasista: existe gente ruidosa y gente educada. Pero muchas veces lo que realmente existe es una diferencia brutal en acceso al espacio, privacidad y aislamiento.

Porque el silencio moderno rara vez aparece por accidente. Se diseña, se construye, se compra. Y conforme las ciudades se vuelven más densas, más saturadas y más caras, el silencio empieza a comportarse como otros lujos urbanos: el tiempo libre, las áreas verdes, la privacidad o la vivienda amplia.

El mito del “ruido de los pobres” dice más sobre las ciudades que sobre las personas

Quizá por eso la idea de que “los pobres son más ruidosos” termina siendo engañosa. No porque el ruido no exista, sino porque ignora todo lo que ocurre detrás: densidad, infraestructura, hacinamiento, estrés urbano, falta de espacio privado y desigualdad ambiental.

En un país donde millones de personas viven pegadas a avenidas, rutas de transporte o zonas comerciales, el silencio rara vez es gratuito. Porque mientras algunos pueden cerrar ventanas dobles y aislarse del mundo, otros viven literalmente encima del sonido de la ciudad. Y eso no siempre habla de educación, sino muchas veces habla de dinero.

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