Moverse en Ciudad de México es un deporte de alto riesgo y una ciencia exacta que solo los chilangos dominamos a punta de empujones. Todos damos por hecho que el Metro es la columna vertebral de esta urbe monstruosa, el gigante de hierro que nunca descansa pese a sus achaques. Sin embargo, pocos se detienen a mirar las cifras reales que dictan cómo diablos llegamos a nuestro destino cada mañana.
El INEGI acaba de soltar información sobre los hábitos de transporte en el primer trimestre de 2026 y los datos rompen varios mitos urbanos. El Metro sigue en la cima con 107 millones de pasajeros en marzo, pero la verdadera sorpresa aparece cuando buscamos quién ocupa el segundo lugar del podio. Ese puesto le pertenece al Metrobús, ese sistema de autobuses rojos que devoran carriles exclusivos y que muchos consideran la salvación ante el tráfico infernal.
Metro en CDMX.
Pero aquí hay un giro en la trama que nadie vio venir: mientras el Metro crece, su hermano menor, el Metrobús, experimentó una caída estrepitosa del 6%. Es una cifra que enciende las alarmas en las oficinas de movilidad porque significa que millones de personas decidieron bajar de esos camiones articulados. De 38.8 millones de usuarios que tuvo en marzo del año pasado, la cifra bajó a 36.4 millones este mes. ¿A dónde se fue toda esa gente que ya no quiere ver el mundo desde una estación de cristal?
La respuesta está en los sistemas que antes veíamos como complementarios y que hoy ganan terreno con una fuerza bruta. El Trolebús es el verdadero campeón silencioso de esta temporada con un crecimiento brutal de casi el 30%. Pasó de mover a ocho millones de personas a superar los once millones de pasajeros en apenas un año. Esta resurrección de los transportes eléctricos indica que el usuario busca alternativas que no se queden atoradas en el caos vial de cada cruce. Junto a él, la Red de Transporte de Pasajeros y el Cablebús también sacan pecho con incrementos que rozan el 15%.
Mientras el flujo de gente cambia de bando, las entrañas del sistema principal enfrentan una crisis de manos que pocos quieren ver. En estaciones clave como Hidalgo, el corazón donde se cruzan las líneas 2 y 3, los trabajos de remodelación avanzan a paso de tortuga. Hay un secreto a voces entre los pasillos: falta personal especializado para poner loseta y rehabilitar los muros. Las renuncias se acumulan por falta de pagos puntuales y promesas de ascensos que nunca llegan a los bolsillos de los trabajadores.
El director general del sistema, Adrián Rubalcava, tuvo que salir al quite con un video que circula en redes sociales para calmar los ánimos encendidos. En un tono que mezcla la disculpa con la resignación, el funcionario pidió a los millones de usuarios que tengan paciencia ante las molestias actuales. Las intervenciones en las líneas 2, 3, 7 y 8 son necesarias, pero el caos cotidiano no entiende de razones técnicas ni de presupuestos anuales. La paciencia en Ciudad de México es un recurso más escaso que el agua y pedirla suena a una broma de mal gusto cuando el termómetro marca treinta grados.
Metrobús en CDMX.
El futuro de la movilidad en la capital
A pesar de los dramas internos y las estaciones a medio terminar, la movilidad urbana en la zona metropolitana movilizó a 187.6 millones de personas en este arranque de año. Es un ejército de gente que recorrió más de 32 millones de kilómetros para que la economía de este país no se detenga. El incremento anual en la afluencia es del 2.4%, lo que confirma que, aunque el Metrobús pierda brillo, la necesidad de movernos es cada vez mayor. Somos una ciudad que camina, que corre y que se adapta a sistemas eléctricos cuando los camiones ya no dan para más en las avenidas saturadas.
El futuro de la movilidad en la capital parece inclinarse hacia los cables y los troles, dejando atrás la idea de que solo el Metro o el Metrobús importan. La caída en el uso del segundo sistema de transporte más popular es un mensaje directo para quienes planean las rutas desde un escritorio. El usuario de 2026 prefiere la eficiencia de un cablebús que vuela sobre el tráfico o la suavidad de un trolebús renovado antes que el encierro tradicional.
Al final del día, el chilango sabe que no importa el color del transporte, sino que este llegue a tiempo para alcanzar la última cita o el partido de fútbol. La estadística del INEGI es solo el reflejo de una ciudad que muta de piel cada que el tráfico se vuelve insoportable. Nos queda la duda de si la paciencia que pide Rubalcava alcanzará para ver las estaciones terminadas antes de que el calendario marque junio. Mientras tanto, el Metro seguirá como el rey absoluto, aunque sus cimientos necesiten algo más que una capa de pintura y promesas de buena voluntad.
Imagen de portada | Wikipedia
En Xataka México | Faltan autobuses en CDMX y trabajadores alertan que el transporte podría colapsar antes del Mundial
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