En los primeros meses de 2026, los mexicanos no solo usaron más sus tarjetas de crédito. También están regresando al financiamiento para compras grandes como automóviles y electrodomésticos, algo que parecía haberse enfriado en años anteriores.
Los números más recientes del Banco de México (Banxico) muestran un arranque de año donde el crédito al consumo volvió a acelerarse. Las tarjetas siguen creciendo a doble dígito, pero el dato más llamativo está en los llamados bienes duraderos: el dinero prestado para autos y artículos del hogar tuvo el mayor crecimiento dentro del financiamiento bancario.
El fenómeno abre una pregunta interesante. ¿Los mexicanos están recuperando confianza para hacer compras grandes o el crédito se está convirtiendo en la única forma de seguir consumiendo, en un contexto donde el dinero alcanza menos?
Los mexicanos se están endeudando más para compras grandes
De acuerdo con cifras del Banco de México retomadas por La Jornada, el saldo total del crédito al consumo llegó a 1 billón 908 mil millones de pesos en marzo de 2026, frente al billón 704 mil millones registrado un año antes.
El uso de tarjetas de crédito se disparó 11.6% anual y alcanzó un saldo de 687,432 millones de pesos. Pero el segmento con mayor dinamismo fue el destinado a bienes duraderos, como automóviles y electrodomésticos, que avanzó 15.7% anual hasta alcanzar 410,114 millones de pesos.
Dentro de esa categoría, el crédito automotriz fue el de mayor expansión. El saldo llegó a 366,000 millones de pesos, una señal de que parte de la demanda de autos comenzó a recuperarse pese a un entorno económico todavía retador.
Las ventas parecen respaldar esa tendencia. De acuerdo con un reporte de El Financiero, basado en cifras del Inegi y de la Asociación Mexicana de Distribuidores de Automotores (AMDA), el mercado automotor mexicano cerró el primer trimestre de 2026 con un récord histórico de 381,632 vehículos ligeros nuevos vendidos, superando incluso el máximo alcanzado en 2017.
Mientras algunos compran más, otros ya están cancelando tarjetas
Sin embargo, este regreso al crédito para compras grandes ocurre al mismo tiempo que muchos mexicanos parecen estar siendo más cautelosos con las deudas.
Datos de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV) muestran que entre enero y febrero se cancelaron más de 65,000 tarjetas de crédito en México. Parte de los consumidores parece haber optado por reducir deuda después de la cuesta de enero, mientras algunos bancos también endurecieron sus criterios para prestar dinero.
BanCoppel, HSBC, Banamex y Banco Azteca estuvieron entre las instituciones con mayores reducciones netas de plásticos activos. Además, la Condusef reportó miles de reclamaciones relacionadas con fraudes y cargos no reconocidos en productos financieros durante 2025.
¿Los mexicanos están sobreviviendo a crédito?
El crecimiento del crédito deja una lectura ambigua. Por un lado, el aumento en financiamiento para automóviles y electrodomésticos podría ser una señal de recuperación en el consumo: compras importantes que suelen regresar cuando las familias sienten más confianza para comprometer pagos a meses o largo plazo.
Pero el contexto económico también pesa en el bolsillo. De acuerdo con un análisis de la Escuela de Negocios del ITESO, el costo de la canasta alimentaria aumentó 67% entre 2018 y marzo de 2026, muy por encima de la inflación acumulada.
Eso significa que vivir cuesta más. Una persona necesita hoy 2,571 pesos al mes solo para alimentación básica en zonas urbanas, frente a poco más de 1,500 pesos hace ocho años. En otras palabras: mantener el mismo nivel de vida requiere cada vez más dinero.
Ahí aparece la verdadera duda detrás del boom del crédito. Mientras algunos especialistas ven en este repunte una señal de mayor dinamismo económico, otros advierten que las tarjetas de crédito podrían convertirse en un problema cuando los pagos se acumulan y los intereses comienzan a pesar más en el presupuesto familiar.
En este contexto, el crecimiento del crédito podría estar reflejando algo más complejo que un simple aumento en el consumo. Cuando la comida, la gasolina y los gastos básicos suben más rápido que el ingreso, las tarjetas dejan de servir sólo para compras extraordinarias y empiezan a funcionar como un colchón financiero.
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