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La psicología explica por qué en México nos emociona el Mundial aunque sentimos que algo está mal: no es incongruencia, son ideas opuestas

Psicologia Futbol

No eres la única persona que se cuestiona si el Mundial emociona, pero algunas cosas incomodan.

Samantha Guerrero

Editora Jr

El Mundial 2026 está muy cerca, pero ya provocó una contradicción familiar para millones de aficionados. Muchos critican a la FIFA, cuestionan el costo de organizar una Copa del Mundo y hablan de cómo el futbol se ha convertido en un negocio cada vez más grande. Al mismo tiempo, cuentan los días para ver a la Selección Mexicana jugar en casa y esperan con emoción el inicio del torneo.

La situación parece contradictoria. ¿Cómo es posible emocionarse por algo que también genera rechazo? La psicología tiene una explicación a este tipo de conflictos internos para entender por qué una misma persona puede sentirse ilusionada y crítica al mismo tiempo frente a un evento como el Mundial.

El cerebro no lleva bien las contradicciones

La psicología tiene un nombre para este fenómeno: disonancia cognitiva. El concepto fue desarrollado por el psicólogo Leon Festinger para describir la incomodidad que aparece cuando una persona mantiene al mismo tiempo ideas, emociones o creencias que parecen incompatibles.

Un ejemplo cotidiano sería saber que pasar demasiadas horas frente al celular puede ser perjudicial y aun así seguir utilizándolo constantemente. Con el Mundial ocurre algo parecido.

Una persona puede considerar que existen problemas alrededor de la organización del torneo, cuestionar las decisiones de la FIFA o criticar los enormes recursos que implica albergar una Copa del Mundo. Al mismo tiempo, puede emocionarse por ver jugar a la Selección Mexicana, reunirse con amigos para ver los partidos o disfrutar el ambiente que genera el torneo.

Ambas ideas conviven dentro de la misma persona. Y aunque parezcan incompatibles, en realidad forman parte de una experiencia humana bastante común.

El futbol es más grande que quienes lo organizan

Cuando esa contradicción se vuelve demasiado intensa, el cerebro suele encontrar formas de reducirla. Aquí aparece otro fenómeno estudiado por la psicología conocido como desacoplamiento moral. Este mecanismo permite separar el juicio que una persona tiene sobre una institución de las emociones que experimenta hacia una actividad relacionada con ella.

Esto quiere decir que alguien puede considerar cuestionables algunas decisiones de la FIFA y aun así disfrutar del futbol.

Diversas investigaciones sobre aficionados deportivos han encontrado comportamientos similares durante escándalos de corrupción, controversias institucionales o conflictos dentro de ligas y federaciones. 

Los seguidores no necesariamente ignoran los problemas. Simplemente separan esas críticas de la experiencia emocional que les produce el deporte. Por eso alguien puede cuestionar a la FIFA durante la semana y emocionarse cuando escucha el himno nacional antes de un partido de la Selección Mexicana.

No es hipocresía, es ambivalencia

Existe otro concepto que ayuda a entender esta situación: la ambivalencia afectiva. La psicología define la ambivalencia como la capacidad de experimentar emociones opuestas hacia una misma situación al mismo tiempo.

Es posible sentir orgullo y preocupación. Entusiasmo y escepticismo. Alegría e incomodidad. Lejos de representar una falla del pensamiento, los especialistas consideran que esta capacidad refleja una comprensión más compleja de la realidad. Las personas pueden reconocer aspectos positivos y negativos de un mismo fenómeno sin necesidad de elegir únicamente uno de ellos.

El Mundial es un ejemplo perfecto. Una persona puede sentirse incómoda con la comercialización del futbol y, al mismo tiempo, emocionarse por la posibilidad de que México vuelva a ser el centro de atención deportiva del planeta.

La nostalgia también juega su papel

La emoción alrededor de una Copa del Mundo tampoco tiene que ver únicamente con los partidos que están por jugarse. Diversas investigaciones psicológicas han encontrado que la nostalgia cumple una función importante en el bienestar emocional porque fortalece el sentido de identidad y pertenencia.

Cuando muchas personas piensan en un Mundial, no recuerdan solamente goles o resultados. Recuerdan reuniones familiares, partidos vistos con amigos, celebraciones colectivas o momentos específicos de su vida. Para millones de mexicanos, la Copa del Mundo está asociada a recuerdos que van mucho más allá del futbol.

Y en el caso de 2026 existe un elemento adicional. Será la tercera vez que México reciba una Copa del Mundo después de los torneos de 1970 y 1986, convirtiéndose en el primer país de la historia en albergar tres ediciones del torneo.

Para algunos aficionados, la emoción no proviene únicamente de lo que ocurrirá en los estadios. También nace de lo que representa el evento dentro de la memoria colectiva del país.

El Mundial como ritual colectivo

Parte de la explicación también es social. Diversos investigadores han descrito los grandes eventos deportivos como rituales modernos capaces de generar identidad colectiva, pertenencia y cohesión social.

Durante una Copa del Mundo, millones de personas observan los mismos partidos, comentan las mismas jugadas y comparten emociones similares al mismo tiempo. La experiencia trasciende el resultado deportivo. Por algunas semanas, el torneo se convierte en una conversación nacional.

Eso ayuda a entender por qué el entusiasmo persiste incluso cuando existen críticas legítimas alrededor del evento. Lo que muchas personas esperan no es únicamente el futbol. También esperan la experiencia colectiva que acompaña al torneo.

La contradicción que nos hace humanos

Quizá la conclusión más interesante es que sentir emociones encontradas frente al Mundial no significa ser incongruente. La psicología sugiere exactamente lo contrario. Significa que el cerebro está procesando simultáneamente distintas dimensiones de una realidad compleja.

Un aficionado puede reconocer los problemas, cuestionar a las instituciones y criticar algunas decisiones alrededor del torneo. Y aun así emocionarse cuando ruede el balón. Porque las personas rara vez sienten una sola cosa a la vez.

Y pocas experiencias ilustran mejor esa realidad que una Copa del Mundo: un evento capaz de reunir identidad, nostalgia, esperanza, crítica y entusiasmo dentro de una misma conversación.

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