En 1993, un surcoreano entró a Japón con el pasaporte de su hermano. 33 años después, descubrieron hasta dónde llegó su visa de 15 días

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Entró a Japón como un adulto de 39 años, hasta que la policía tocó a su puerta cuando ya tenía 72

Ismael Garcia Delgado

Editor Jr

Mun Jong-gi llegó a Japón procedente de Corea del Sur con una visa de turista que le permitía quedarse únicamente 15 días. De acuerdo con la policía japonesa, el hombre utilizó el pasaporte de su hermano menor con un propósito muy claro: conseguir empleo con un sueldo más alto que en su país natal. El permiso venció, pero él jamás se fue. Tuvieron que pasar casi 33 años para que una denuncia anónima revelara a las autoridades la verdadera dimensión de aquella estancia temporal.

De una visita de 15 días a tres décadas en la clandestinidad. Cuando Mun pisó suelo nipón en septiembre de 1993, tenía 39 años y una autorización para permanecer en el país durante solo 15 días. Los reportes policiales indican que recurrió a la identidad de su hermano con la intención de integrarse al mercado laboral y obtener mayores ingresos que en territorio surcoreano. Pero lejos de marcharse al concluir el plazo legal, Mun decidió quedarse.

El misterio de cómo pasó desapercibido. A lo largo de más de 30 años, Mun subsistió realizando trabajos por jornada y labores temporales. Sin embargo, los reportes no detallan quiénes fueron sus empleadores ni de qué manera resolvió trámites cotidianos que en Japón suelen exigir documentos oficiales de identidad.

Por ahora tampoco existe una explicación clara sobre cómo logró eludir los controles migratorios durante tanto tiempo sin ser detectado. Lo que queda claro es que su captura no derivó de un caso abierto en los años noventa: llegó a manos de la policía más de tres décadas después de su arribo.

El reporte que terminó con su vida encubierta. La cadena de eventos que puso fin a su estancia clandestina comenzó en junio de 2026, cuando las autoridades locales recibieron una pista sobre una persona que residía sin documentos en el país. Con esa información, la Policía de la Prefectura de Shizuoka abrió una investigación que los llevó directamente hasta Mun en Yaizu, una ciudad costera ubicada al suroeste de Tokio.

El operativo concluyó el 26 de agosto de 2026 con su arresto, cuando ya contaba con 72 años de edad. En su declaración inicial, el hombre habría admitido los hechos y confirmado que durante todos esos años se mantuvo a flote encadenando empleos informales. Básicamente, residió en Japón de manera ininterrumpida durante 33 años sin que lo detectaran.

La paradoja legal del caso. Detrás de la acusación existe un matiz jurídico clave. Aunque su estancia legal venció en 1993, la legislación japonesa estableció sanciones penales directas para la permanencia irregular a partir de una reforma que entró en vigor en febrero de 2000. 

Por ese motivo, el periodo legalmente imputable por la fiscalía inicia a partir del cambio en la ley: Mun vivió en situación irregular durante casi 33 años, pero el delito penal por el que fue arrestado abarca formalmente los últimos 26.

Un fenómeno que llegó a sumar 300,000 casos. El panorama migratorio de Japón en 1993 era muy distinto al actual. En el año en que Mun llegó, el país asiático registró 298,646 personas extranjeras con permisos vencidos, un récord histórico que cuadruplicaba las cifras actuales.

Para enero de 2026, la cifra oficial se redujo a 68,488 casos. Su trayectoria comenzó en la cúspide de las estancias irregulares en Japón y concluyó en una época en la que el gobierno ha endurecido drásticamente sus filtros migratorios.

Si bien la razón por la que Mu emigró de su país de origen no resulta extraña, lo fuera de lo común fue que un plan pensado para una quincena terminó convirtiéndose en casi 12,000 días de estancia. Entró a Japón como un adulto de 39 años y pasó prácticamente media vida ahí hasta que la policía tocó a su puerta cuando ya tenía 72.

Preguntas que siguen sin respuesta. El proceso en contra de Mun continúa abierto porque aún existen muchas incógnitas sobre cómo logró sostener esa rutina durante 33 años: qué documentos usó para trabajar, quién lo contrató o cómo accedía a servicios básicos sin contar con residencia legal.

Además, las autoridades japonesas aún no han emitido un fallo judicial definitivo ni determinado si será deportado a Corea del Sur. Lo único confirmado es una cronología insólita: Japón le otorgó un permiso de dos semanas en septiembre de 1993 y descubrió su paradero hasta el verano de 2026.

Imagen | Picryl

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