El "Chernóbil asturiano": el pueblo fantasma junto a una antigua central térmica que tiene cine, escuela y hasta consultorio médico

Levantado en los años sesenta, este pueblo agoniza entre el vandalismo y el abandono

chernobil
Sin comentarios Facebook Twitter Flipboard E-mail
ismael-garcia

Ismael Garcia Delgado

Editor Jr
ismael-garcia

Ismael Garcia Delgado

Editor Jr

Comunicólogo y Periodista por la UNAM. Redactor, locutor, guionista y creador de contenido. Apasionado por la música ochentera, el cine de acción/sci-fi, series dramáticas y la literatura hispana. Fiel defensor del séptimo arte mexicano.

2331 publicaciones de Ismael Garcia Delgado

A simple vista parece el escenario de una ficción postapocalíptica: un poblado completo con escuela, cine, alberca, parroquia, club social y hasta consultorio médico, devorado en silencio por la maleza y la humedad. Este rincón existe en Tineo, Asturias, y lleva por nombre Soto de la Barca. Hay quienes lo apodan el "Chernóbil asturiano", aunque su tragedia dista mucho de cualquier catástrofe atómica: mientras en Prípiat se evacuaron 49,000 habitantes en cuestión de horas, este pueblo se extinguió a paso lento, quincena tras quincena, al compás del declive minero.

Toda su historia comenzó en 1965 con una sola misión: darle techo a los trabajadores de la central térmica de Narcea, construida junto al río del mismo nombre. El proyecto original del empresario Higinio González —quien falleció en 1960 sin ver su obra en marcha— buscaba procesar el carbón del suroccidente asturiano y del norte de León. Cuando Naturgy fijó el inicio de sus operaciones comerciales, la compañía diseñó un complejo habitacional integral: chalets para el personal técnico y edificios multifamiliares para los obreros, alcanzando una comunidad de 500 personas y una plantilla directa de 250 empleados.

Aquel desarrollo arquitectónico, firmado por Ramón Vázquez Molezún, encarnó las ilusiones del auge industrial. La planta creció sucesivamente en 1969 y 1984 con tres grupos de generación, hasta marcar en el 2000 un récord histórico de 3,855 GWh —suficiente para abastecer de electricidad a cientos de miles de hogares durante un año— respaldado por dos parques de almacenamiento con 120,000 toneladas de carbón. Sin embargo, para 2014 el complejo solo producía 916 GWh.

El declive fue inexorable. En 2016 se autorizó apagar el primer grupo, y para diciembre de 2018 la energética solicitó cerrar el resto de sus instalaciones, en paralelo a complejos como La Robla y Meirama. En junio de 2020, junto con otras seis termoeléctricas en España, Narcea se desconectó de la red eléctrica. Al momento de tramitar el apagón, la planta contaba con 81 empleados directos y 48 de subcontratistas; colectivos como Somos Tineo calcularon que en realidad se destruyeron 180 fuentes de trabajo. La mayoría de las familias terminaron mudándose hacia el centro de la región y dejaron atrás un cascarón vacío en una zona catalogada como inundable.

En agosto de 2022, tras recibir los permisos de demolición en marzo, Naturgy traspasó la propiedad del poblado al Ayuntamiento de Tineo. Las esperanzas renacieron en abril de 2023, cuando el Instituto para la Transición Justa le otorgó 3.5 millones de euros provenientes del Plan de Recuperación, tras obtener la calificación técnica más alta del país. La meta consistía en rescatar 14 viviendas unifamiliares e inaugurar el primer modelo público de vivienda colaborativa (cohousing) de España.

El desmantelamiento industrial siguió su curso: la torre de refrigeración fue dinamitada el 20 de diciembre de 2023, y en septiembre de 2024 otra detonación derribó las estructuras pendientes, mientras el Principado prometía un futuro parque empresarial. Las obras concluyeron formalmente en octubre de 2025. Sin embargo, para ese entonces los fondos ya se habían esfumado.

Tineo tuvo que devolver íntegros los 3.5 millones. La alcaldesa Montse Fernández detalló que la administración entrante en junio de 2023 ya arrastraba plazos vencidos. El rescate requería dos licitaciones paralelas: rehabilitar las 14 casas y urbanizar el entorno; la empresa responsable del proyecto urbano jamás entregó la documentación y la convocatoria quedó desierta. Ante los estrictos requisitos de conservación patrimonial y la falta de presupuesto local, el concejal de Urbanismo, Pablo Fernández, calificó la cesión como un "regalo envenenado". En pleno octubre de 2026, aún no existe un plan de rescate consolidado.

Actualmente apenas sobreviven 24 vecinos registrados en Soto. En el antiguo complejo residencial, las grietas y la maleza cubren edificios donde todavía se aprecian muebles desvencijados, expedientes, material médico, pupitres escolares y ropa abandonada, como si la gente hubiera huido precipitadamente. A la par, el vandalismo y los saqueos no han dado tregua: en 2024 robaron el busto de bronce del fundador; el párroco tuvo que cortar la luz tras sufrir dos robos de cableado eléctrico, y los habitantes retiraron las campanas de cobre para evitar que se las llevaran, aunque en junio de 2026 destrozaron uno de los accesos del templo.

Expertos como Rubén Domínguez, de la Universidad de Oviedo, insisten en que el conjunto demanda una restauración arquitectónica integral para devolverle la vida. Es una estampa que también evoca a poblados de obra como A Paicega —que alojó a los constructores de la presa de Salime con escuela, policía y teleférico antes de ser tragada por el olvido— o, en un extremo global, a la isla japonesa de Hashima, que llegó a albergar a más de 5,000 mineros antes de vaciarse por completo en 1974 tras el cierre de Mitsubishi.

Otras instalaciones corrieron con distinta suerte, al menos en planes. En La Robla, tras un desmantelamiento de 12.9 millones de euros, se anunció una planta de hidrógeno verde en alianza con Enagás prevista para 2026, si bien la cúpula directiva de Naturgy ya ha reconocido que la falta de decisiones finales de inversión mantiene en pausa buena parte de esos proyectos en el sector.

Por lo pronto, el nudo de evacuación eléctrica Narcea 400 kV fue concedido a La Barca Energía para levantar una hidroeléctrica de bombeo de 320 MW, prometiendo hasta 289 puestos de trabajo. La infraestructura energética sobrevive, pero el enclave social es otra historia: durante los trabajos de derribo de la térmica, de las 30 personas empleadas registradas por Naturgy, solo una pertenecía a Tineo. Sin inversión ni proyectos viables, el sueño obrero de Soto de la Barca permanece detenido en el tiempo.

Imagen | Flickr

En Xataka México | Un niño en México coleccionaba piedras sin saber que tenían uranio, uno de los elementos más tóxicos y radiactivos de la Tierra

En Xataka México | Hace 80 años lanzaron más de 200,000 barriles radiactivos al océano: ahora intentan encontrarlos

Inicio