El frío es tan extremo que Ucrania activó la opción más kamikaze: la de "eliminar 50,000 rusos al mes" o darle lo que quiere a Moscú

Pablo Hernández

Editor

El invierno en Ucrania no solo congela calles y hogares: también redefine la guerra. El 3 de febrero, Rusia lanzó un ataque masivo con misiles y drones contra Kiev, Járkov, Dnipro y otras ciudades, dejando a millones de personas sin electricidad ni calefacción en temperaturas que rozan los −20 °C. Lo que hace tres años se llamaba exageración —el “jolodomor”, muerte por frío— hoy se percibe como una descripción precisa de una estrategia rusa para quebrar la resistencia ucraniana.

La respuesta de Kiev ha sido igual de extrema: acelerar la guerra de desgaste con un objetivo declarado por su nuevo ministro de Defensa, Mykhailo Fedorov. “Nuestro propósito es eliminar 50,000 soldados rusos al mes”, afirmó, en lo que muchos analistas interpretan como una apuesta desesperada para forzar la paz a través del coste humano.

El invierno congela a Ucrania: la estrategia kamikaze de “50,000 rusos al mes” frente a Moscú

Los ataques rusos contra infraestructura crítica no son accidentales. Centrales eléctricas, subestaciones y sistemas de calefacción han sido golpeados de manera sistemática, buscando dejar a millones de civiles sin acceso a servicios básicos. En un invierno ucraniano, la electricidad y la calefacción no son lujos: son cuestión de supervivencia.

La ofensiva ha intensificado la presión sobre el gobierno de Volodímir Zelenski, que intenta evitar el colapso total mediante reparaciones rápidas, generadores y una gestión flexible de apagones. Sin embargo, el precio es enorme: edificios enteros sin calefacción durante semanas, redes eléctricas saturadas y una población exhausta que vive pendiente de horarios de apagones y refugios improvisados.

Las medidas de defensa de Ucrania

Frente a este escenario, Kiev ha optado por una estrategia de desgaste. Según cifras oficiales, más de 35,000 soldados rusos murieron o resultaron heridos en diciembre, y la meta ahora es elevar esa cifra a 50,000 mensuales. La lógica es hacer que el coste humano y económico sea tan alto que Moscú simplemente no pueda sostener la guerra.

No obstante, esta estrategia enfrenta limitaciones. Ucrania sufre escasez de infantería, operadores de drones y recursos tecnológicos frente a una Rusia que ha reforzado su capacidad en guerra electrónica y logística. Apostar por la eliminación constante de soldados enemigos puede dar resultados tácticos, pero no garantiza un cambio estratégico en el frente.

Los drones de Rusia están cayendo y se debe a las armas más inusuales de Ucrania: una caña de pescar y un carro con misiles teledirigidos

Cómo lo han tomado los ciudadanos ucranianos

La presión del frío y los apagones ha cambiado la percepción social. Encuestas recientes muestran que una parte creciente de la población empieza a considerar lo que antes era tabú: aceptar concesiones territoriales a cambio de seguridad. No es aún una mayoría, pero refleja el desgaste de una guerra que parece interminable.

Aun así, los ucranianos han demostrado una resiliencia notable. Se han adaptado almacenando baterías, compartiendo generadores, aislando ventanas y hasta organizando fiestas improvisadas en patios helados para mantener el ánimo. El humor y los memes sobre el frío circulan en redes, como una forma de resistencia cultural frente a la adversidad.

Los residentes conducen sus coches y trineos sobre un depósito de agua congelada en el río Dniéper a temperaturas bajo cero. | Valentyn Ogirenko/Reuters

El dilema que impone el invierno

El panorama es bastante duro: intensificar la lógica kamikaze de los “50,000 rusos al mes” para forzar un desenlace rápido, o aceptar concesiones territoriales para detener la destrucción antes de otro invierno igual o peor. El frío no decide por sí solo, pero actúa como catalizador de una guerra que se ha vuelto más urgente y más cruel.

Zelenski lo resumió en una entrevista reciente: “Si perdemos esta guerra, perderemos la independencia de nuestro país”. Con esa frase, dejó claro que el invierno no es solo un enemigo climático, sino un factor que puede definir el futuro de Ucrania.


Portada | International Rescue Committee

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