
No necesitas ser experto para caer en la ilusión del conocimiento.
Hay cosas que utilizamos todos los días sin preguntarnos demasiado cómo funcionan. Sabemos que un teléfono puede conectarse a internet, que un refrigerador mantiene fríos los alimentos o que un automóvil puede acelerar cuando pisamos el pedal. Pero hay una pregunta que puede cambiar rápidamente esa sensación de conocimiento: ¿podrías explicar exactamente cómo funciona alguno de ellos?
Es posible que la respuesta sea mucho más complicada de lo que parecía al principio y es ahí donde aparece una de las frases atribuidas a Stephen Hawking: "El mayor enemigo del conocimiento no es la ignorancia, es la ilusión del conocimiento". La idea detrás de la frase no sería simplemente desconocer algo, sino creer que lo entendemos y dejar de buscar respuestas porque nuestra propia sensación de conocimiento nos hace pensar que ya las tenemos.
No es lo mismo saber algo que entender cómo funciona
Podemos saber que un avión vuela sin conocer todos los principios físicos que intervienen para hacerlo posible. También podemos utilizar internet durante todo el día sin entender cómo se transmiten los datos entre nuestro dispositivo y un servidor situado a miles de kilómetros.
Ese conocimiento es suficiente para desenvolvernos en la vida cotidiana. El problema aparece cuando confundimos esa familiaridad con una comprensión completa.
Una persona puede conocer el resultado de un proceso, reconocer sus componentes e incluso utilizarlo correctamente y, aun así, tener dificultades para explicar qué ocurre entre el principio y el final. Y eso no necesariamente significa que sea ignorante: significa que su conocimiento tiene límites que quizá no había identificado.
La psicología encontró una explicación para esto
En 2002, los psicólogos Leonid Rozenblit y Frank Keil estudiaron este fenómeno y lo llamaron "ilusión de profundidad explicativa". Sus experimentos mostraron que las personas pueden sentir que comprenden mecanismos complejos con mucha más precisión y profundidad de la que realmente pueden explicar. La diferencia se vuelve evidente cuando tienen que describir cómo funciona algo paso por paso.
El ejemplo puede ser tan sencillo como una cremallera. Todos sabemos utilizarla. Sabemos qué ocurre cuando movemos el deslizador hacia arriba y hacia abajo, pero si tuviéramos que explicar exactamente cómo interactúan sus dientes, el deslizador y las distintas piezas para conseguir que ambos lados queden unidos, probablemente aparecerían varios huecos en nuestra explicación.
Eso es precisamente lo que estudiaron Rozenblit y Keil: la sensación de entender puede ser mucho mayor que nuestra capacidad real para explicar. La ilusión es especialmente evidente cuando necesitamos comprender relaciones causales y mecanismos complejos.
El problema no es ignorar algo
No saber algo no necesariamente representa un problema. Si reconocemos que desconocemos cómo funciona un mecanismo, podemos buscar información, hacer preguntas o aprender. La ilusión del conocimiento funciona de una manera diferente: puede hacer que ni siquiera nos demos cuenta de que existe un vacío.
Por eso intentar explicar algo con nuestras propias palabras puede ser una buena prueba. Mientras más detalles necesitamos aportar, más sencillo resulta descubrir qué partes realmente conocemos y cuáles simplemente damos por sentadas.
Los investigadores también señalan que esta ilusión puede tener cierta utilidad. Sería imposible comprender con absoluta profundidad todos los mecanismos que nos rodean, así que nuestro cerebro necesita trabajar con representaciones simplificadas que sean suficientes para desenvolvernos en la vida cotidiana.
El objetivo, entonces, no es saberlo todo. Es reconocer cuándo nuestro conocimiento es suficiente para utilizar algo y cuándo realmente necesitamos comprenderlo.
La frase también tiene una historia curiosa
Aunque suele atribuirse a Stephen Hawking, el origen de la frase no está del todo claro. Existen versiones anteriores asociadas con el historiador estadounidense Daniel J. Boorstin, quien utilizó la expresión "ilusión del conocimiento" en la década de 1980. La atribución a Hawking apareció posteriormente y no existe una fuente primaria conocida que permita confirmar con seguridad que él fue quien la formuló.
Pero incluso dejando de lado quién pronunció originalmente la frase, su idea encaja con algo que la psicología ha estudiado durante décadas. Podemos vivir rodeados de cosas que sabemos utilizar sin comprender realmente cómo funcionan.
Y quizá ahí está la diferencia más importante entre ignorancia e ilusión del conocimiento: cuando sabemos que no sabemos, todavía estamos buscando una respuesta. Cuando creemos que ya la tenemos, quizá ni siquiera sentimos la necesidad de buscarla.
Imágenes | Pexels, Britannica
En Xataka México | Stephen Hawking acertó: todo en el universo se evaporará
En Xataka México | En 2009 Stephen Hawking organizó "la fiesta del siglo". Nadie fue porque precisamente Stephen Hawking la organizó
Ver todos los comentarios en https://www.xataka.com.mx
VER 0 Comentario