Leída de forma aislada, la famosa cita de Stephen Hawking acerca de lo efímera que resulta la vida parece un recordatorio de nuestra total insignificancia frente a la inmensidad del cosmos. Sin embargo, su verdadero propósito era el opuesto. Con esas líneas abría The Grand Design, la controvertida obra que publicó en 2010 al lado de Leonard Mlodinow que se ha usado como punto de partida para una paradoja fascinante.
Una reflexión descontextualizada. Aquella frase que dio inicio al libro lanzado en 2010 por Hawking y Mlodinow se transformó con el tiempo en una de esas citas virales que suelen compartirse junto a fotografías del espacio profundo. Sin embargo, en el texto original cumplía un objetivo mucho más ambicioso: evidenciar desde el primer momento el abismo entre la fragilidad biológica de nuestra especie y la escala de los misterios que pretendemos resolver.
La pequeñez humana como motor. La intención de los autores no era presentar a la humanidad como una anécdota irrelevante condenada al olvido. De inmediato, el texto señalaba la herramienta que permite trascender esas barreras: la curiosidad innata.
El planteamiento es claro: nuestra existencia dura apenas un instante, habitamos un rincón diminuto del espacio y jamás podremos viajar en persona por la mayor parte del cosmos; aun así, no hemos dejado de alzar la vista para averiguar qué hay allá afuera, cómo opera y cómo comenzó todo. La fuerza de la reflexión radica en ese contraste: mientras el cuerpo permanece atado a límites físicos estrechos, el pensamiento científico es capaz de alcanzar distancias inimaginables.
Los enigmas fundamentales. A partir de esa inquietud, Hawking y Mlodinow estructuraron los temas del libro: cómo interpretar la realidad, qué leyes rigen el comportamiento del universo, cuál es nuestro origen o si el cosmos requirió de un creador. Se trata de interrogantes monumentales formulados por una especie casi invisible en la escala cósmica, lo que refuerza el núcleo de su postura.
No hace falta recorrer físicamente cada rincón del universo para deducir cómo funciona: basta con estudiar una fracción mínima, diseñar modelos teóricos y aplicar esas leyes para describir sucesos que ocurren a miles de millones de años luz de distancia.
Un paso hacia la controversia. Muy pronto, el libro dejó atrás la pura divulgación para meterse en un terreno espinoso. Los autores afirmaron que las grandes dudas existenciales habían correspondido históricamente a la filosofía, pero que esta disciplina se había quedado rezagada frente al vertiginoso avance de la ciencia y, en particular, de la física teórica.
Su conclusión fue abiertamente provocadora: sentenciaron que "la filosofía ha muerto" y que ahora correspondía a los científicos liderar la búsqueda de respuestas. La declaración provocó un intenso revuelo, pues no cuestionaron una corriente filosófica en particular, sino que reclamaba para la ciencia preguntas esenciales que la humanidad llevaba milenios formulándose.
La hipótesis de un cosmos autosuficiente. Otra de las tesis más debatidas de The Grand Design tocaba directamente el origen de todo. Hawking y Mlodinow sostenían que la existencia de leyes como la gravedad hace factible que el universo pueda surgir de forma espontánea, sin requerir de un catalizador divino para ponerse en marcha.
Hawking matizó más adelante su postura: la ciencia no tiene forma de probar la inexistencia de Dios, pero sí puede articular un modelo físico del universo donde la intervención de un creador resulta prescindible. Pese a la aclaración, el argumento desató un debate acalorado en el que participaron científicos, filósofos y teólogos.
El escrutinio de la comunidad académica. Los postulados plasmados en The Grand Design también encontraron resistencia dentro del ámbito científico, sobre todo por cómo abordaban dilemas cosmológicos no resueltos respecto a el Big Bang y la estructura fundamental del cosmos. Una de las réplicas más destacadas provino de John Lennox, profesor de Matemáticas en la Universidad de Oxford, quien cuestionó frontalmente que las leyes de la física pudieran explicar por cuenta propia el origen de la existencia.
Ni siquiera la enorme reputación internacional de Hawking bastó para convertir las ideas del libro en consensos indiscutibles: al tratar de dar respuesta a las incógnitas más profundas de nuestra realidad, terminó generando tantas interrogantes como certezas intentaba ofrecer.
Una mirada muy distinta sobre la frase. Convertida en una simple cita de internet, la idea de Hawking podría sonar desoladora: nacemos, pasamos unas cuantas décadas aquí, apenas conocemos una fracción microscópica del cosmos y nos extinguimos. No obstante, en las páginas de The Grand Design, esa pequeñez funcionaba como el preludio de un logro humano extraordinario.
La historia de cómo una civilización que jamás podrá viajar por todo el espacio ha sido capaz de calcular los elementos que componen estrellas inalcanzables, registrar la luz emitida por galaxias antes de que existiera el ser humano y descifrar los primeros momentos del universo. Pero lo verdaderamente asombroso, como defendía Hawking, es que nada de eso nos ha impedido comprender el resto.
Imagen | RawPixel
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