NVIDIA, Siemens y CFS han decidido que el futuro de la inteligencia artificial pasa por la energía de fusión. Su apuesta conjunta es el reactor SPARC, un proyecto que promete convertirse en la infraestructura energética clave para sostener el crecimiento de la IA.
La alianza busca acelerar el desarrollo de este reactor mediante un “gemelo digital”, una réplica virtual que permitirá simular pruebas y detectar errores antes de construir componentes reales. La idea es que la fusión nuclear puede ser el equivalente a un nuevo “microchip” para la era de la inteligencia artificial, capaz de ofrecer energía limpia e ilimitada a los centros de datos del futuro.
NVIDIA y Siemens apuestan por el reactor SPARC: la fusión nuclear como motor del futuro de la IA
NVIDIA aporta su músculo en inteligencia artificial, Siemens su experiencia en simulación industrial y Commonwealth Fusion Systems (CFS) la tecnología de fusión. Juntas, las tres compañías quieren demostrar que el reactor SPARC puede ser la base energética que permita sostener el consumo eléctrico descomunal de la IA.
El objetivo es generar energía limpia e ilimitada, ya que la fusión nuclear, a diferencia de la fisión, no produce residuos radiactivos de larga duración y promete una fuente prácticamente inagotable. Para las empresas, SPARC es la pieza que faltaba para que la IA pueda crecer sin límites energéticos.
Pero, ¿qué es el reactor SPARC?
SPARC es un reactor de tipo tokamak, un diseño que utiliza potentes campos magnéticos para mantener plasma —gas extremadamente caliente— suspendido en su interior. A temperaturas superiores a los 100 millones de grados Celsius, los isótopos de hidrógeno se fusionan formando helio y liberando enormes cantidades de energía.
El reto es lograr que el reactor produzca más energía de la que consume para mantener el proceso. SPARC está diseñado precisamente con ese objetivo: ser el primer prototipo capaz de demostrar la viabilidad comercial de la fusión nuclear.
El papel de la IA en la energía nuclear
Según el anuncio conjunto, la fusión moderna sería imposible sin inteligencia artificial. Mantener estable el plasma a temperaturas tan extremas requiere ajustes dinámicos que superan la capacidad humana. Aquí entra NVIDIA: sus modelos de IA pueden calcular y modificar los campos magnéticos en milisegundos, reaccionando en tiempo real a las turbulencias del plasma.
Parece en realidad un cómico ciclo de retroalimentación perfecto: la IA ayuda a desbloquear la energía de fusión, y esa energía, a su vez, alimenta la próxima generación de IA. Siemens por su parte complementa este esfuerzo con simulaciones industriales que permiten acelerar pruebas que, de otro modo, tardarían años en completarse.
La alianza no se limita al prototipo SPARC. El plan es que, en el futuro, los centros de datos puedan operar sus propios reactores ARC (sí, como el de Iron Man), la versión comercial y escalable de SPARC, directamente en sus instalaciones. Esto descentralizaría la producción energética y permitiría a las granjas de servidores ser autosuficientes con energía limpia.
Está previsto que el primer plasma de SPARC se active cerca de Boston en 2026. Si el proyecto cumple sus promesas, podría resolver uno de los mayores desafíos de la era digital: cómo alimentar el crecimiento exponencial de la inteligencia artificial sin agotar los recursos del planeta.
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