Jim Farley tiene una razón bastante personal para explicar por qué Ford decidió ponerle límites a quienes quieren sacar más potencia de un Mustang. El director ejecutivo de la compañía contó que una mala experiencia con la Ford F-150 que compró el novio de su hija ayudó a dejar claro un problema que la marca ya había detectado: una reprogramación mal hecha puede terminar en una reparación costosa y, peor para el fabricante, en un cliente que culpa al auto.
Farley contó la anécdota durante una conversación con el podcast Decoder. La presentadora le preguntó por qué Ford había hecho tan difícil modificar el software de sus autos. El ejecutivo respondió que la decisión está relacionada con los tuneos mal hechos. No habló de un supuesto riesgo teórico. Puso como ejemplo lo que ocurrió con la camioneta que compró el joven.
Ford y Multimatic trabajan en el Mustang GTD.
La F-150 tenía un motor sobrealimentado, según la descripción de Farley. El directivo no especificó cuál era, aunque todo apunta a que se refería a uno de los V6 EcoBoost de la camioneta. El propietario quiso llevarla hasta 650 caballos de fuerza y recurrió a una modificación del software para conseguirlo. El problema apareció después, cuando la calibración comenzó a generar consecuencias que iban mucho más allá de una cifra mayor en la hoja de especificaciones.
La camioneta empezó a mostrar códigos de error y varios testigos en el tablero. Farley explicó que el sistema también comenzó a dañar el árbol de levas. Una modificación que buscaba más potencia terminó por provocar problemas mecánicos en una F-150 nueva. La anécdota le permitió explicar algo que, desde el punto de vista de un fabricante, resulta difícil de controlar una vez que el vehículo llega a manos del cliente.
Para muchos propietarios, modificar el software puede parecer menos complicado que cambiar piezas físicas del motor. La realidad es que una calibración modifica la forma en que trabajan distintos sistemas del vehículo y un ajuste incorrecto puede generar fallas. El caso que relató Farley muestra el problema desde el otro extremo: el dueño quiere un auto más potente, el trabajo sale mal y la primera marca a la que puede reclamar es la que aparece en la parrilla.
Ford F-150.
Las modificaciones caseras pueden afectar la reputación de Ford
Ese último punto es el que más preocupa a Ford. La compañía no considera que buscar mayor desempeño sea el problema. El conflicto aparece cuando una modificación externa provoca una avería y el propietario atribuye el resultado al vehículo original. Desde la perspectiva de Farley, eso puede afectar la reputación de Ford aunque la calibración con la que salió la unidad de fábrica ya haya sido sustituida.
De ahí sale la decisión de dificultar el acceso al software del Mustang. El bloqueo no hace imposible cualquier modificación, pero sí eleva considerablemente la dificultad para quien pretenda cambiar los archivos por su cuenta. Farley reconoció que existen empresas especializadas capaces de hacerlo. Son preparadores con herramientas y conocimientos específicos, y sus servicios tampoco tienen el precio de una modificación casera.
Ford Mustang Dark Horse SC.
El Mustang como lienzo para Hennessey Performance, Shelby American y Saleen
La postura del CEO también tiene una segunda lectura, mucho más comercial. Farley dijo que incluso propuso que Ford se convierta en el proveedor de modificaciones para sus propios vehículos. La idea no tendría que competir con un mercado inexistente. Hennessey Performance, Shelby American y Saleen llevan años dedicados a convertir Mustang de fábrica en autos con mucha más potencia.
El Mustang GT 2025 entrega 480 caballos de fuerza, mientras que un Shelby Super Snake basado en el GT supera los 830 caballos de fuerza. Hennessey, por su parte, llevó el Shelby GT500 de 760 a 1,000 caballos de fuerza con el Venom 1000. Son ejemplos de que sí existe un cliente dispuesto a pagar por más potencia, pero también de la distancia que puede haber entre una preparación profesional y una reprogramación hecha sin los conocimientos necesarios.
Hennessey Venom 1000 Ford Mustang GT500.
Ahí es donde la propuesta de Farley adquiere sentido para Ford. La compañía podría desarrollar sus propias modificaciones, controlar la calibración y cobrar por ese trabajo en lugar de dejar que todo el negocio quede en manos de preparadores externos. Por ahora, el bloqueo de la ECU marca una frontera mucho más clara para los propietarios del Mustang. El novio de la hija de Farley no fue quien provocó por sí solo esta decisión, pero su F-150 terminó convertida en el ejemplo que el CEO utilizó para explicar por qué Ford prefiere saber quién toca el software de sus motores y qué hace con él.
Imagen | Ford y Hennessey
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