Hubo un momento en que Olinia parecía demasiado bueno para ser verdad. Un auto eléctrico mexicano por 90,000 pesos, capaz de mover a dos o cuatro personas por las calles de la ciudad, más seguro que una moto y más barato que cualquier otra cosa sobre cuatro ruedas. Esa cifra recorrió internet, generó titulares y despertó una expectativa enorme. Hoy, esa promesa ya no existe.
Roberto Capuano Tripp, coordinador del proyecto, confirmó en un webinar organizado por la Universidad Autónoma Metropolitana que el precio de Olinia rondará los 150,000 pesos. La intención de "ultrabajo costo" se mantiene, pero la escala cambió por completo. Para entender la diferencia, Capuano lo puso en perspectiva: un Kwid, un Aveo o un March cuestan entre 220,000 y 290,000 pesos. Olinia llegará por debajo de los 200,000. Eso sigue siendo barato en el segmento, pero ya no es lo que se dijo antes.
El ajuste de precio no es el único cambio relevante. Olinia tampoco estará disponible en las calles tan pronto como muchos esperaban. La presidenta Claudia Sheinbaum había anunciado que el vehículo estaría presente en la inauguración del Mundial 2026, que se celebrará en Ciudad de México. Eso seguirá siendo verdad, pero con un matiz importante: lo que aparecerá en junio será un prototipo funcional, no un auto de producción en serie. Las primeras unidades listas para la venta no saldrán de fábrica antes del primer semestre de 2027.
Detrás de esos plazos hay un equipo de alrededor de 70 personas que trabaja de lunes a viernes en Puebla. Provienen del Instituto Politécnico Nacional y del Sistema Nacional de Institutos Tecnológicos, entre otras instituciones. Capuano describió una dinámica que suena intensa: cada semana, decenas de colaboradores llegan a la planta como pueden y regresan a casa los fines de semana. El proyecto avanza, según sus palabras, a contrareloj y en tiempo real.
Uno de los aspectos más relevantes del proyecto es la batería. Capuano reveló que Olinia ya cuenta con una planta de manufactura financiada por la Secretaría de Energía, con capacidad para producir 150 megawatts hora por turno. La razón de esta decisión es directa: la batería representa aproximadamente el 40% del costo total del vehículo. Fabricarla en México, bajo control propio, es la clave para mantener el precio accesible y para que la tecnología no quede en manos extranjeras.
Olinia no nació para competir con Nissan, Chevrolet ni Tesla. El vehículo tiene una velocidad máxima de 50 kilómetros por hora, lo que no es una limitación accidental. Esa cifra permite simplificar el diseño y abaratar la producción. El 69% de la población mexicana vive en zonas urbanas, y para ese contexto esa velocidad es más que suficiente. No es un auto de carretera. No quiere serlo.
Olinia aún depende de la aprobación de una normativa
Para que Olinia pueda circular legalmente, México necesitaba una normativa que no existía. Desde octubre del año pasado, el equipo presentó ante las autoridades una propuesta de norma para minivehículos urbanos, similar a la categoría L europea, que regula unidades de dos a cuatro ruedas. Según Capuano, esa norma ya está en discusión. Sin ella, el vehículo más innovador del país no podría salir a la calle.
El proyecto tiene una identidad visual que vale la pena mencionar. El emblema de Olinia es una liebre con alas. La liebre, por su agilidad y por ser un animal del desierto mexicano. Las alas, como referencia a las figuras míticas y mágicas del imaginario nacional. Capuano dice que ya vio cómo luce al frente del vehículo y que funciona. Para un proyecto que quiere romper con todo lo establecido en la industria automotriz mexicana, ese símbolo tiene mucho sentido. Ágil, local, con algo de magia. Eso es, al menos, lo que Olinia quiere ser.
Imagen | Nano Banana
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