
El dato cambia la lectura del proyecto
Olinia quiere llegar a las calles mexicanas en 2027 como una opción de movilidad eléctrica hecha en México, pero el proyecto tiene un problema que todavía no puede resolver con producción nacional. Cerca de 60% de los componentes que necesita no se fabrican en el país. Eso obliga a recurrir al extranjero, sobre todo a China, para conseguir piezas esenciales. El dato cambia la lectura del proyecto. El reto no es solo construir el vehículo, sino crear la industria capaz de fabricar aquello que lleva dentro.
Rafael Garaoya Guajardo, coordinador del proyecto Olinia, reconoció esta situación durante la conferencia magistral Olinia: de una visión mexicana a un nuevo modelo de movilidad y negocio, en la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla. De acuerdo con La Jornada de Oriente, el equipo todavía no encuentra en México proveedores para varios componentes clave. Entre ellos están las baterías, los motores con las características que requiere Olinia y distintos elementos electrónicos del tren motriz. Por ahora, esas piezas deben llegar desde otros países.
El problema va más allá de conseguir una batería o un motor. Para que un vehículo eléctrico tenga una cadena de suministro nacional se necesita una red de empresas capaz de fabricar cada sistema con las especificaciones correctas. Olinia todavía carece de parte de esa red. También faltan en México piezas como el controlador del motor, el cargador del vehículo y la unidad de conversión del sistema eléctrico. Son componentes que pueden parecer pequeños frente al auto completo, pero resultan indispensables para que el sistema eléctrico funcione de forma correcta.
Por eso, el proyecto no plantea que Olinia tenga 75% de contenido nacional desde el primer día. Esa es la meta prevista para 2030. Garaoya Guajardo explicó que imponer ese porcentaje desde el arranque podría retrasar la llegada del vehículo al mercado. La razón es sencilla. México todavía no tiene capacidad industrial suficiente para fabricar todas las piezas que Olinia necesita. La apuesta consiste en iniciar con una cadena de suministro incompleta y usar los primeros años para elevar el volumen de fabricación, generar demanda y atraer nuevas inversiones.
La estrategia tiene otra pieza relevante. El proyecto trabaja con LitioMX para establecer una planta de baterías en Puebla. La idea apunta a resolver una de las mayores dependencias actuales de Olinia y, al mismo tiempo, crear capacidad industrial para futuros vehículos eléctricos. No existe todavía una cadena nacional capaz de cubrir todos los componentes, pero la batería representa una pieza central dentro de esa transformación. Sin proveedores locales, el contenido mexicano del vehículo quedaría limitado aunque el ensamblaje y buena parte del desarrollo ocurran dentro del país.
Para arrancar, Olinia requiere una inversión inicial de 200 millones de dólares con recursos públicos. Los detalles de ese financiamiento todavía deben darse a conocer. Más adelante, el proyecto contempla pasar de un esquema con participación completa del Estado hacia una empresa con capital privado. La intención es atraer inversionistas para ampliar la capacidad productiva y desarrollar proveedores. La prioridad será el capital nacional, aunque también existe apertura para recibir inversión extranjera. En otras palabras, el futuro de Olinia dependerá tanto de fabricar autos como de convencer a más empresas de fabricar piezas en México.
Olinia tendrá que mantener una dependencia externa
Este punto resulta clave para entender qué significa realmente que Olinia sea un auto mexicano. El origen del proyecto, el desarrollo tecnológico y parte de la fabricación pueden estar en México, pero eso no significa que cada pieza tenga origen nacional. La industria automotriz funciona mediante cadenas de suministro muy amplias y ningún vehículo moderno depende de una sola fábrica. En el caso de Olinia, la diferencia estará en cuánto puede crecer esa red local con el paso de los años. La meta de 75% para 2030 será la prueba de ese avance.
Olinia, por tanto, llegará a 2027 con una condición que puede resultar incómoda, pero también revela el tamaño del desafío industrial. Será un vehículo concebido como proyecto mexicano, aunque todavía dependerá de componentes extranjeros para poder existir. El verdadero reto estará después del lanzamiento. Si México logra atraer inversiones, crear proveedores y fabricar baterías, motores y electrónica con las características necesarias, Olinia podría dejar algo más que un auto. Si esa cadena no crece, el proyecto tendrá que mantener una dependencia externa que contradice parte de la idea original. Ahí estará la verdadera medida de qué tan mexicano puede llegar a ser Olinia.
Imagen | Gobierno de México
En Xataka México | BYD tiene un nuevo auto eléctrico que recuerda a Olinia: pequeño, urbano y pensado para gastar poco
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