Cuesta imaginar a Hannibal Lecter con un rostro distinto al de Anthony Hopkins. Su interpretación en El silencio de los inocentes definió al cine de suspenso moderno y le valió una estatuilla de la Academia con apenas 16 minutos a cuadro en toda la película. Sin embargo, el refinado caníbal estuvo a punto de cobrar vida con una presencia completamente diferente: la de Sean Connery.
Para el director Jonathan Demme, el escocés no era una opción secundaria, sino su candidato predilecto. En una entrevista concedida a Deadline, el realizador de Philadelphia reveló que solo concebía a dos actores con la capacidad de proyectar la feroz agudeza mental y la contundencia física que requería el papel: Hopkins y Connery. Como este último gozaba en ese instante de un estatus de superestrella mucho mayor, el libreto fue a parar primero a su mesa.
La reacción del ex agente 007 fue inmediata y fulminante. Según relató Demme, la historia le pareció sencillamente asquerosa y se negó a participar en ella bajo cualquier circunstancia. Ello abrió el camino para que Hopkins hiciera suyo el papel más emblemático de su trayectoria, el cual retomaría en dos largometrajes posteriores inspirados en la obra de Thomas Harris.
Rechazar éxitos de taquilla masivos no era nada nuevo para Connery. A lo largo de su carrera acumuló una lista impresionante de negativas que hoy asombra a la industria. Dejó pasar el papel de Gandalf en El Señor de los Anillos porque nunca logró conectar con el guion de Peter Jackson. Tampoco quiso saber nada de Matrix, desestimó sumarse al universo de Harry Potter y prefirió ignorar el fenómeno de Jurassic Park.
El actor escocés, fallecido en 2020 a los 90 años, siempre buscó desligarse de la alargada sombra de James Bond. Cuatro décadas después de colgar el esmoquin en Nunca digas nunca jamás, su trabajo fuera del servicio secreto ya había demostrado con creces su versatilidad. Se coronó con el Oscar a mejor actor de reparto dando vida al veterano policía Jim Malone en Los intocables, de Brian De Palma, y dejó huella en títulos tan diversos como El nombre de la rosa, Highlander, La ofensa y La Roca.
Aun con ese catálogo de éxitos, la historia del cine de terror y suspenso cambió radicalmente el día que Connery decidió que Hannibal Lecter era un personaje demasiado desagradable para su gusto, permitiendo que la historia de El silencio de los inocentes consagrara definitivamente a Hopkins.
Imagen | IMDb
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