En 2013 un ingeniero en India creó un glaciar artificial en pleno desierto. 13 años después, la agricultura vive de su invento

La propuesta fue que en lugar de extender el agua sobre superficies planas, convenía amontonarla verticalmente

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Ismael Garcia Delgado

Editor Jr
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Ismael Garcia Delgado

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Comunicólogo y Periodista por la UNAM. Redactor, locutor, guionista y creador de contenido. Apasionado por la música ochentera, el cine de acción/sci-fi, series dramáticas y la literatura hispana. Fiel defensor del séptimo arte mexicano.

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En plena madrugada de enero, a más de 3,000 metros de altitud en un desierto helado, un aspersor lanza un chorro de agua hacia la noche gélida. Las gotas ni siquiera tocan el suelo en estado líquido: se congelan en el aire y, noche tras noche, van formando gigantescas torres de hielo de hasta 50 metros de altura.

Estas estructuras, conocidas como estupas de hielo en Ladakh, no son un truco visual ni una atracción turística: son una ingeniosa respuesta de supervivencia humana frente a la sequía extrema y, sobre todo, frente al desfase del calendario agrícola regional.

El reto de sembrar a contratiempo. Ubicada al norte de la India, la región de Ladakh es un desierto frío de gran altura donde llueve menos de 50 milímetros al año. Alrededor del 80% de los agricultores locales depende exclusivamente del agua que aportan los glaciares de las montañas para sacar adelante sus cosechas.

Sin embargo, los tiempos de la naturaleza no coinciden con los del campo. Los glaciares naturales se derriten tarde, entre junio y julio, mientras que las comunidades necesitan regar la tierra para sembrar entre abril y mayo. Para colmo, los arroyos de la zona bajan con abundante caudal durante el invierno, justo cuando la congelación impide darles cualquier uso agrícola.

El primer paso de Chewang Norphel. A finales de la década de 1980, el ingeniero indio Chewang Norphel ideó una alternativa: desviar las corrientes invernales hacia laderas protegidas del sol. Con muros de contención de piedra, logró almacenar el agua en láminas delgadas que se congelaban con facilidad y servían luego para regar los campos.

El proyecto más representativo de esta técnica se levantó en Phuktsey: una franja de hielo de casi 300 metros de extensión que abastecía a unas 700 personas. El método funcionaba, pero tenía limitaciones serias: exigía condiciones muy específicas de sombra y gran altitud para evitar que el hielo se evaporara antes de tiempo, por lo que resultaba sumamente complejo replicarlo a gran escala.

La reinvención geométrica de 2013. Consciente de estas trabas, otro ingeniero de la zona, Sonam Wangchuk, le dio un giro completo a la idea: en vez de extender el agua sobre superficies planas, convenía amontonarla verticalmente. Mientras que el esquema tradicional formaba estanques poco profundos muy expuestos a la radiación solar, los conos cónicos de Wangchuk minimizaban la superficie de contacto con el calor, frenando drásticamente el ritmo del deshielo.

El sistema se alimentaba por gravedad mediante tuberías que conducían el agua hasta las inmediaciones de los poblados, donde se rociaba para levantar estas torres de hielo. Su primer prototipo funcional, levantado en octubre de 2013, rondó los seis metros de alto, almacenó 150,000 litros y permaneció congelado hasta el 18 de mayo.

Los resultados y el alcance real del proyecto. A lo largo de esta década de trabajo, el balance ha sido significativo pero con matices. Según explica Nishant Tiku, director del proyecto, se ha alcanzado una capacidad de almacenamiento de más de 67 millones de litros distribuidos en 24 aldeas. Aunque se trata de un volumen considerable para abastecer a varias localidades aisladas, la cifra se queda corta frente a las necesidades de una población regional que supera los 300,000 habitantes.

Un porvenir lleno de dudas políticas. El futuro de esta infraestructura también enfrenta turbulencias externas. Wangchuk estuvo detenido 170 días entre 2025 y 2026 bajo acusaciones de haber instigado protestas en la ciudad de Leh, donde un operativo policial cobró la vida de cuatro personas. El ingeniero ha rechazado los señalamientos, pero el gobierno local de Ladakh retiró su respaldo a otra de sus iniciativas clave, lo que deja en el limbo la continuidad y expansión de sus desarrollos.

Más allá del desenlace político, la experiencia de Ladakh demuestra una constante humana: la insistencia por adaptar el entorno para asegurar el sustento. Desde las alturas áridas de la cordillera del Himalaya hasta las ancestrales acequias de Sierra Nevada, el ingenio sigue buscando cómo retener el agua para tenerla exactamente en el momento y lugar indicados.

Imagen | Ice Stupa Project

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