Durante millones de años, el agua vació esta montaña desde adentro: el resultado fue un agujero de más de 300 metros

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Este fenómeno natural fue un gran desafío para los geólogos.

Samantha Guerrero

Editora Jr

La naturaleza suele construir sus paisajes más extremos lentamente: gota a gota, fisura tras fisura y durante millones de años. Pocas formaciones lo demuestran tan bien como la Sima Humboldt, un gigantesco agujero escondido en la cima de una montaña prehistórica en Venezuela.

Lo que parece una cicatriz abierta en la Tierra tiene aproximadamente 314 metros de profundidad, más de 500 metros de ancho y un bosque completo creciendo en el fondo. Pero lo que realmente convirtió a este lugar en un lugar misterioso geológico no fue su tamaño, sino el tipo de roca donde apareció.

El agujero que no debería existir

La Sima Humboldt se encuentra sobre el tepuy Sarisariñama, una de las enormes montañas de cima plana que dominan parte del paisaje entre Venezuela, Brasil y Guyana. Estas formaciones están compuestas de cuarcita y arenisca con más de 1,700 millones de años de antigüedad, rocas más antiguas incluso que gran parte de la vida compleja en la Tierra.

Y aparece lo extraño. La cuarcita es muchísimo más resistente a la erosión que otras rocas donde normalmente se forman cavernas o sumideros gigantes. Estructuras similares suelen aparecer en terrenos de piedra caliza, donde el agua puede disolver lentamente el subsuelo hasta provocar colapsos. Pero esta montaña no está hecha de caliza.

Es por eso que durante décadas, los científicos no entendían cómo podía existir un agujero tan gigantesco en una montaña aparentemente sólida.

Un lugar tan aislado que durante décadas parecía inaccesible

Parte del misterio de la Sima Humboldt también tiene que ver con su ubicación. El tepuy Sarisariñama es una de las zonas más remotas y aisladas de Venezuela, rodeada por selva y situada a cientos de kilómetros de la carretera más cercana.

Llegar hasta ahí sigue siendo extremadamente complicado incluso hoy. Las primeras expediciones científicas necesitaron sobrevuelos, descensos verticales y complejas incursiones en uno de los territorios más difíciles del continente. Quizá por eso la formación permaneció tanto tiempo fuera del radar científico.

Durante años, explorar estas montañas fue trabajo de pequeños grupos de aventureros, geólogos y exploradores venezolanos obsesionados con documentar ecosistemas prácticamente desconocidos. Gracias a esas expediciones se descubrió que las enormes cavidades circulares del Sarisariñama no eran simples accidentes geográficos, sino algunas de las simas en cuarcita más extrañas jamás encontradas.

El área terminó siendo declarada parque nacional en 1978 para proteger tanto las simas como los ecosistemas únicos desarrollados sobre estas antiquísimas montañas precámbricas.

El agua vació la montaña desde adentro

Con el paso de los años, el agua se infiltró a través de fracturas microscópicas en la cuarcita. Poco a poco, esa erosión casi invisible fue ampliando túneles internos debajo del tepuy, vaciando enormes cámaras subterráneas. Eventualmente, el techo simplemente colapsó. 

El resultado fue un abismo gigantesco abierto en medio de la montaña. Puede ser difícil de imaginar, porque se trata de procesos biológicos lentos. La naturaleza no perforó la montaña de golpe: la fue debilitando desde dentro durante millones de años hasta provocar uno de los colapsos naturales más extraños del planeta.

Un ecosistema dentro de un abismo

La profundidad del agujero terminó por crear algo sorprendente. En el fondo de la sima existe un ecosistema parcialmente aislado del exterior. Las paredes verticales funcionan como barreras naturales que modifican la humedad, la temperatura y la circulación del aire, creando condiciones muy distintas a las de la superficie del tepuy.

Eso permitió que surgiera vegetación propia e incluso especies adaptadas a ese microambiente. Desde arriba, el bosque parece diminuto. Pero en realidad se encuentra cientos de metros más abajo, atrapado dentro de una cavidad excavada por el agua y el tiempo geológico.

Es posible que esa sea la razón por la que la Sima Humboldt resulta tan desconcertante. No parece una formación creada por procesos naturales cotidianos. Parece el resultado de una catástrofe instantánea o de un impacto gigantesco.

Pero no fue ninguna explosión. Fue algo mucho más lento. Durante millones de años, el agua fue debilitando una montaña considerada prácticamente indestructible hasta vaciarla desde dentro. Y cuando finalmente colapsó, dejó uno de los paisajes más extraños y surrealistas de la Tierra.

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