El 18.3% de los 43,410 docentes de la Universidad Nacional Autónoma de México cuenta con 30 o más años de antigüedad, esto equivale a 7,948 maestros que cumplen o rebasan la edad suficiente para jubilarse, según datos de la Dirección General de Asuntos del Personal Académico. Sin embargo, no lo hacen para no perder los estímulos y bonos económicos que complementan sus ingresos mensuales.
De acuerdo con fuentes internas de la institución, apenas el 16% de la plantilla académica de la UNAM la conforman profesores con dos años de antigüedad, es decir, 6,976 académicos. La DGAPA señala que el grupo minoritario lo conforma el personal con entre 24 y 26 años impartiendo clases, pues con apenas 2,046 miembros, representa el 4.7%.
Docentes sin acceso a una jubilación digna
El total de profesores que han decidido posponer sus trámites de jubilación se divide entre docentes de carrera, investigadores, técnicos académicos y profesores de asignatura. Una gran parte se concentra en facultades, escuelas nacionales de estudios superiores e institutos de investigación. En contraste, su presencia es menor en preparatorias y Colegios de Ciencias y Humanidades.
La mayoría de los docentes con mayor antigüedad imparten clases en la Facultad de Medicina (491 docentes). Le siguen la Facultad de Estudios Superiores Iztacala (432 docentes) y la FES Zaragoza (389). En cuarto lugar se encuentra la Facultad de Ingeniería (371 docentes).
El 61% son profesores de asignatura, lo que significa que no reciben las mismas prestaciones y estímulos que los docentes de carreras. Y es que, pese a tener más de 30 años dando clases, el no tener una plaza de profesor titular o asociado les impide acceder a una jubilación, pues laboran por contratos no definitivos.
En cuanto a remuneración y condiciones laborales, existe una gran diferencia entre las diversas categorías docentes. Según Infobae, los profesores a tiempo completo con plaza titular o asociada pueden llegar a ganar salarios de más de 30,000 pesos brutos al mes. Además, cuentan con prestaciones como seguro médico, aguinaldo y prima vacacional.
Por su parte, los profesores de asignatura cobran entre 519 y 590 pesos pro hora, y aunque cuentan con prestaciones proporcionales, lo cierto es que al final su ingreso es mucho menor que los que tienen una plaza. Este esquema influye directamente en la decisión de muchos profesores de seguir activos: al jubilarse, sus ingresos disminuyen, pues pierden algunos beneficios.
El dilema de permanecer en activo
La permanencia prolongada de docentes de edad avanzada ha generado un debate interno sobre la renovación generacional y la actualización de prácticas académicas. Algunas voces dentro de la comunidad universitaria señalan que abrir espacios a docentes más jóvenes favorecería la incorporación de nuevas metodologías y herramientas educativas, incluidas las digitales.
Aunque en México no existe una obligación legal de jubilarse al cumplir 65 años, los profesores veteranos no pueden adaptarse a las nuevas exigencias pedagógicas. Para el abogado laborista Gonzalo Rivera es evidente que muchos maestros que rebasan la edad de jubilación se resisten a las nuevas tecnologías "por desinterés, desconocimiento o propias expectativas personales, incluso hasta por su salud física y tiempo".
Señaló que la enseñanza debe cambiar con la tecnología y las necesidades del alumnado, que tampoco es el mismo de hace 30 años. "Los chicos ahora no quieren peroratas", dice, pues los estudiantes ahora son más críticos, confrontativos y no aceptan la palabra del profesor como una verdad absoluta.
Imagen de portada | UNAM.
Ver 2 comentarios