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Es oficial: la jornada de 40 horas entra en vigor en México, las empresas tienen 210 días para aplicar el primer paso

  • Las empresas tienen siete meses para iniciar ajustes sin recortar sueldos ni prestaciones.

Valeria Romero

Editora

La discusión llevaba años en la agenda pública, entre promesas políticas, resistencia empresarial y una presión creciente por mejorar las condiciones laborales. Finalmente, el cambio comenzó a materializarse. En mayo de 2026, México activó formalmente el primer paso en la hoja de ruta hacia una jornada laboral de 40 horas, pero lo hizo con un esquema gradual que traslada el verdadero reto a las empresas.

El punto de partida no es menor. El país arrastra una de las jornadas más largas entre las economías de la OCDE, con un límite legal de 48 horas semanales vigente desde 1917. En este contexto, la reforma no solo implica recortar horas, sino reorganizar la forma en que se trabaja, se mide el tiempo y se compensa la productividad en el país. 

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La jornada de 40 horas ya es realidad, pero el cambio será progresivo

Desde el 1 de mayo de 2026, tras su publicación en el Diario Oficial de la Federación, entró en vigor la reforma secundaria de la jornada laboral. Esto no significa que las empresas deban aplicar de inmediato las 40 horas, pero sí que el proceso de transformación ya comenzó.

De acuerdo con El Economista, las compañías tienen un plazo de 210 días o siete meses para ajustar operaciones, turnos y contratos antes del primer recorte. A partir del 1 de enero de 2027, la jornada pasará de 48 a 46 horas semanales, marcando el inicio de una transición escalonada que concluirá en 2030.

El esquema contempla reducciones progresivas: 46 horas en 2027, 44 en 2028, 42 en 2029 y finalmente 40 horas en 2030. Cada año, dos horas menos. Sin embargo, esto no implica automáticamente que todas las personas trabajarán solo cuatro o cinco días a la semana. La reforma no fija un modelo único de distribución del tiempo, sino que permite que la jornada se organice por acuerdo entre empleadores y trabajadores.

Menos horas, mismo sueldo y un control más estricto del tiempo

En términos prácticos, el primer paso para las empresas no es reducir horas de inmediato, sino reorganizar su operación. Esto implica revisar turnos, cargas de trabajo y esquemas de contratación para prepararse al recorte inicial de dos horas en 2027.

Uno de los puntos clave de la reforma es que prohíbe explícitamente la reducción de salarios o prestaciones durante la transición. Es decir, los trabajadores deberán ganar lo mismo por menos horas, lo que traslada el impacto de costos directamente a los empleadores.

También se introduce una obligación nueva relevante para los empleadores: el registro electrónico de la jornada laboral, conocido como “reloj checador”. Este sistema será obligatorio a partir de 2027 y permitirá monitorear horarios, horas extra y el cumplimiento legal de la reforma. 

La Secretaría del Trabajo y Previsión Social tendrá acceso a estos datos para verificar que las empresas respeten los nuevos límites. Las sanciones por incumplimiento pueden ir de 29,327 a 586,550 pesos, según la Ley Federal del Trabajo.

Reducir la jornada laboral es fácil en papel, pero no en la operación diaria 

Diversos análisis de consultoras como Ernst & Young, citados por El Economista, apuntan a que muchas empresas aún no han iniciado ajustes concretos. No es por falta de información, sino por incertidumbre en costos: reducir horas implica contratar más personal o pagar más horas extra, lo que impacta directamente la operación. A esto se suma una dependencia estructural de jornadas extendidas en sectores como manufactura, comercio, logística y servicios, donde el tiempo extra es parte del funcionamiento diario.

El rediseño de turnos, la posible contratación de más personal y la necesidad de mantener productividad con menos tiempo efectivo colocan a empresas completas en un gran desafío. Al mismo tiempo, la reforma no garantiza de inmediato dos días de descanso obligatorios para los trabajadores, ya que existe el riesgo de que el uso intensivo de horas extra diluya su beneficio real.

En este escenario, la jornada de 40 horas no es solo una reforma laboral. Es un cambio profundo que pone a prueba el equilibrio entre competitividad empresarial y calidad de vida de los trabajadores mexicanos, y cuyo resultado dependerá menos de la ley y más de cómo se aplique en la práctica.

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