Dos astronautas varados durante nueve meses, motores descompuestos y fugas de helio: aún así, la NASA sigue confiando en la Starliner

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Pese al fiasco del vuelo tripulado en 2024, la agencia espacial estadounidense invertirá millones para reanudar las misiones

Ismael Garcia Delgado

Editor Jr

El historial de la nave Starliner de Boeing en el espacio ha estado lejos de ser un éxito incuestionable. Aunque los ensayos sin tripulación acumularon tropiezos técnicos, la agencia espacial estadounidense dio luz verde a su primer vuelo con tripulantes a bordo rumbo a la Estación Espacial Internacional (EEI). Los dos astronautas alcanzaron su destino, pero la lista de fallas mecánicas durante el trayecto obligó a tomar una decisión drástica.

La cápsula regresó vacía a la Tierra y los tripulantes quedaron varados durante nueve meses en la estación hasta que SpaceX pudo traerlos de vuelta. Ante semejante antecedente, muchos daban por terminada la participación de Boeing en el transporte de tripulaciones para la NASA. Sin embargo, la agencia espacial estadounidense decidió otorgarle una nueva oportunidad: la nave volverá a llevar astronautas en 2028.

El calendario hacia 2028. La próxima travesía tripulada de Boeing ha sido designada como Starliner-2. Está programada tentativamente hacia mediados de 2028. Hasta ahora, el único miembro confirmado de la misión es el astronauta Woody Hoburg, quien fungirá como comandante, a la espera de que se defina al resto de la tripulación.

Un historial marcado por desperfectos. La racha de problemas de la Starliner arrancó en 2019, durante su viaje inaugural sin tripulantes a la EEI. Aunque el despegue resultó exitoso, un desajuste en el temporizador a bordo desvió la trayectoria orbital de la cápsula y le impidió acoplarse con la estación espacial. Tres años después, en 2022, logró llegar a su destino, aunque tuvo que lidiar con dos propulsores descompuestos en el camino.

Con todo y esos tropiezos, la NASA apostó por subir a dos humanos a la cápsula en 2024. Los astronautas Suni Williams y Butch Wilmore alcanzaron la EEI, pero durante el vuelo sufrieron múltiples fugas de helio y se apagaron cinco de los 28 motores del sistema de control de reacción (RCS). Lo que debía ser una estancia exprés de apenas 10 días se convirtió en una espera de nueve meses en órbita mientras la Starliner aterrizaba vacía. La gravedad del caso llevó a la NASA a clasificarlo como incidente tipo A, el nivel de máxima seriedad dentro de sus protocolos de seguridad interna.

El origen de las fallas y las reparaciones. Tras meses de escrutinio internacional y titulares sobre los astronautas varados, los ingenieros lograron rastrear el origen de las fallas. Las fugas de helio surgieron por el deterioro de una serie de sellos en las válvulas al entrar en contacto con el oxidante del sistema de propulsión; para los futuros vuelos, el fabricante optó por cambiar dichos materiales por compuestos más resistentes.

En cuanto al fallo en los propulsores del módulo tripulado, la causa fue la corrosión provocada por residuos de hidracina que reaccionaron con el dióxido de carbono presente en el ambiente. Frente a esto, Boeing ya implementó nuevos protocolos para aislar y purgar las líneas de combustible.

El paso intermedio: Starliner-1. Para llegar con garantías a Starliner-2, Boeing pondrá en órbita la misión Starliner-1, un ensayo de prueba no tripulado previsto para diciembre o enero. Tras ese vuelo, el programa se tomará una pausa técnica considerable: se rediseñarán las válvulas del módulo de servicio, se incorporarán baterías y propulsores de nueva generación y se realizarán ajustes en los paracaídas.

Un cohete completamente nuevo en el horizonte. El plan a largo plazo contempla mantener la cápsula en servicio constante. Las misiones que van de Starliner-1 a Starliner-4 despegarán montadas en un cohete Atlas V de ULA. No obstante, este lanzador tiene sus días contados y ya no se fabrica. Por ello, a partir de Starliner-5 la cápsula tendrá que migrar al nuevo Vulcan Centaur, un cohete que todavía debe superar el proceso de certificación para vuelos con humanos. 

Adaptar la nave y certificar este nuevo sistema requerirá una inversión calculada en 359 millones de dólares, costeada en parte por la propia NASA. Una muestra contundente de la fe ciega que la agencia estadounidense todavía mantiene en el proyecto de Boeing.

Imagen | NASA

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