En 2025, un equipo de científicos japoneses desarrolló una innovadora tecnología para acabar con la basura espacial. Se trata de un cañón de plasma que empuja los restos que flotan en el espacio de regreso a la Tierra para que se desintegren debido a las altas temperaturas producidas por la fricción con la atmósfera.
Actualmente, la basura espacial representa el 47% de todos los objetos que orbitan nuestro planeta. Estos se desplazan a velocidades que alcanzan los 28,000 km/h, lo suficiente para dañar seriamente satélites activos y misiones tripuladas.
El principal responsable de este invento fue el profesor Kazunori Takahashi, de la Universidad de Tohoku. De acuerdo con Gizmodo, el dispositivo, descrito en Scientific Reports, se coloca en un satélite y dirige un haz de plasma hacia el desecho. Esto lo devuelve a la atmósfera, donde se desintegrará por las altas temperaturas.
Según el estudio, el problema es que el haz también empuja al satélite hacia atrás por reacción, con lo que perdería la distancia con el desecho. Kazunori y su equipo proponen usar un solo propulsor con dos salidas. Un chorro va hacia el desecho y otro en sentido contrario, de modo que el empuje neto sobre el satélite sea casi cero. Con esto se mantiene la distancia mientras el desecho se frena.
La investigación también reveló un aumento en el rendimiento respecto de otras tecnologías similares gracias a la introducción de una cúspide magnética espacial, que ayuda a contener y enfocar el plasma, mejorando la fuerza de desaceleración.
"Un significativo avance tecnológico"
Actualmente, los métodos de limpieza actuales se basan en el contacto físico directo y utilizan brazos robóticos, redes y cables. Takahashi explicó que "este logro representa un avance tecnológico significativo hacia el desarrollo de un sistema de propulsión capaz de eliminar eficiente y seguramente la basura espacial". El científico japonés reconoce que la basura espacial plantea una seria amenaza debido a su aumento exponencial.
Hoy en día orbitan alrededor de la Tierra más de 130 millones de fragmentos de desechos espaciales, desde restos de satélites hasta partículas microscópicas. La acumulación de estos desechos puede desembocar en un fenómeno conocido como síndrome de Kessler, una serie de colisiones que generan más fragmentos, los cuales podría llegar a chocar con otros objetos que estén orbitando.
La destrucción de los satélites en órbita tendría sería consecuencias, pues nos quedaríamos sin servicios de comunicación, navegación GPS, observación meteorológica y climática, además de sistemas de defensa. Como explican medios como El Confidencial, esto dinamitaría la era de la información en la Tierra, haciéndonos retroceder décadas.
Imagen | UNAM.
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