
¿Por qué los astronautas comen tortillas?
En la Tierra, una migaja de pan no es gran cosa; cae sobre la mesa, la sacudimos y seguimos comiendo. En el espacio, esa misma migaja puede convertirse en un problema, pues sin una superficie a la que caer, una pequeña partícula puede quedarse flotando dentro de la nave, terminar en un sistema de ventilación o incluso ser inhalada por un astronauta. Por eso, comer fuera de la Tierra requiere pensar en cosas que aquí damos completamente por sentadas.
Entre las soluciones apareció una que resulta muy familiar para cualquier mexicano: la tortilla. En 1985, el astronauta mexicano Rodolfo Neri Vela pidió que las tortillas formaran parte de la comida de su misión a bordo del transbordador Atlantis y lo que parecía una forma de llevar un pedazo de México al espacio terminó mostrando que este alimento tenía una ventaja bastante útil en microgravedad y es que no genera las mismas migajas que el pan.
El problema no era el sabor. Eran las migajas
Comer en el espacio tiene problemas que aquí abajo ni siquiera pensamos. Cuando un astronauta muerde un alimento y se desprende una pequeña partícula, esa pieza no necesariamente cae, ya que puede quedarse flotando dentro de la cabina, ser inhalada o terminar en algún equipo.
El pan representa precisamente uno de esos problemas porque puede romperse y dejar pequeñas partículas alrededor. La comida espacial, por tanto, tiene que cumplir condiciones bastante diferentes a las de cualquier alimento que ponemos sobre la mesa.
No basta con que sea nutritiva y tenga buen sabor: también debe poder manipularse y consumirse sin generar residuos que puedan convertirse en un problema, y aquí la tortilla tiene una ventaja bastante sencilla y es que no se desmorona como el pan.
Además, puede utilizarse para contener otros alimentos. En lugar de tener diferentes ingredientes flotando por separado, un astronauta puede colocarlos sobre una tortilla, doblarla y comerlos juntos. Lo que en México hacemos sin pensarlo demasiado resulta bastante ingenioso cuando tu comedor está flotando.
Entonces llegó Neri Vela con una idea bastante mexicana
Rodolfo Neri Vela fue el primer mexicano en viajar al espacio. En 1985 formó parte de la misión STS-61-B del transbordador Atlantis y solicitó que las tortillas formaran parte de la comida que llevaría la tripulación.
El Museo Nacional del Aire y el Espacio del Smithsonian conserva una fotografía de Neri Vela comiendo una tortilla a bordo del Atlantis. Pero la imagen es solamente una parte de la historia.
El museo explica que, durante aquella misión, sus compañeros descubrieron que las tortillas funcionaban mejor que el pan para preparar sándwiches y contener otros alimentos porque no eran tan quebradizas y producían menos migajas.
La tortilla funcionaba y eso terminó siendo más importante de lo que podía parecer en aquel momento. El Smithsonian señala que, a partir de aquella experiencia, las tortillas se convirtieron en un alimento habitual en misiones del transbordador y posteriormente en la Estación Espacial Internacional.
Es decir, aquella petición de Neri Vela no se quedó como una anécdota sobre un astronauta mexicano que quiso llevar comida de casa. La tortilla demostró que tenía características que podían resultar útiles en un entorno donde hasta una pequeña migaja puede convertirse en un inconveniente.
Por qué una tortilla funciona tan bien en microgravedad
En una misión espacial, la comida debe ser fácil de almacenar, manipular y consumir. También conviene que genere la menor cantidad posible de residuos y partículas.
La tortilla tiene una ventaja adicional: puede utilizarse como una especie de envoltura comestible. Los astronautas pueden colocar distintos ingredientes sobre ella, doblarla y comerlos juntos, por lo que no necesitan manipular cada componente por separado ni depender de un plato para mantener el alimento en su sitio.
Eso importa mucho cuando no tienes una mesa convencional. En la Tierra, si un poco de comida se cae del sándwich, termina en el plato. En una nave espacial, un pequeño fragmento puede simplemente comenzar a flotar.
La Secretaría de Agricultura también ha destacado algunas características que hacen que la tortilla resulte conveniente para la alimentación espacial, como su tamaño, versatilidad y el hecho de que no genera las mismas migajas que el pan. Así que no, la tortilla no llegó al espacio únicamente porque fuera mexicana, llegó porque tenía sentido.
De una tortilla mexicana a los tacos en órbita
A partir de aquella experiencia, las tortillas volvieron a aparecer en otras misiones espaciales. Su utilidad es bastante fácil de entender. La tortilla sostiene el relleno y permite llevarlo directamente a la boca, y no necesitas perseguir cada ingrediente por separado ni utilizar un plato para mantenerlo todo junto, y eso hace que una comida parecida a un taco tenga bastante sentido en microgravedad.
Es una de esas situaciones en las que algo que parece completamente cotidiano termina teniendo una explicación práctica. El taco funciona bastante bien cuando tu comedor está a cientos de kilómetros sobre la Tierra.
La tortilla llegó hasta Artemis II
La historia tampoco terminó con el Atlantis. En 2026, la Secretaría de Agricultura publicó información sobre la presencia de tortillas en el menú de Artemis II, la misión de la NASA que llevó a cuatro astronautas en un viaje alrededor de la Luna.
La nave Orion incluyó tortillas entre los alimentos disponibles para la tripulación y aquí se encuentra una conexión bastante peculiar. En 1985, Neri Vela había solicitado tortillas para una misión del transbordador espacial.
Más de cuatro décadas después, otro grupo de astronautas podía comerlas durante una misión que se alejó cientos de miles de kilómetros de la Tierra. La tortilla había pasado de ser una petición de un astronauta mexicano a convertirse en un alimento que continuó teniendo un lugar dentro de la alimentación espacial.
Eso dice bastante sobre lo que ocurrió aquella primera vez. No fue solamente una forma de llevar un sabor familiar al espacio; la tortilla había demostrado que podía funcionar.
Una comida con miles de años de historia
Existe algo interesante de la historia que vale la pena recordar. La tortilla de maíz no apareció recientemente como una curiosidad gastronómica, sino que sus raíces están ligadas al maíz y a la alimentación de Mesoamérica desde hace miles de años.
La Secretaría de Agricultura señala que la tortilla de maíz se consume desde hace más de 2,500 años y que su elaboración está relacionada con la nixtamalización, un proceso en el que el maíz se cuece en una solución alcalina de agua y cal antes de convertirse en masa.
Ese proceso modifica las características del maíz y permitió que la tortilla se convirtiera en uno de los alimentos fundamentales de la cocina mexicana. Miles de años después, el mismo alimento terminó encontrando una utilidad en uno de los entornos más extremos creados por el ser humano.
Eso podría ser lo más curioso de todo. Un alimento desarrollado hace miles de años terminó siendo práctico para comer fuera de la Tierra.
De la tortillería a la órbita lunar
Es fácil contar esta historia como una anécdota nacional: un astronauta mexicano llevó tortillas al espacio y, con el tiempo, los astronautas terminaron comiendo tacos en órbita, pero detrás hay algo más interesante.
La tortilla mostró que un alimento cotidiano podía adaptarse muy bien a un ambiente donde las reglas cambian por completo. En la Tierra, una tortilla es simplemente parte de la comida y, en el espacio, su capacidad para contener otros alimentos y evitar las migajas se convierte en una ventaja práctica.
Pero la situación no terminó con Neri Vela. La tortilla siguió apareciendo en misiones espaciales hasta llegar, cuatro décadas después, a una misión que rodeó la Luna.
La imagen es difícil de ignorar: mientras en México una tortilla sale caliente del comal y termina acompañando unos frijoles, una carne o cualquier guisado, en una nave espacial puede convertirse en la base de una comida a cientos de miles de kilómetros de distancia.
Así que la próxima vez que tengas una tortilla en la mano, quizá puedas verla de otra manera. Para nosotros puede ser simplemente la base de un taco; para un astronauta, también puede ser una de las formas más prácticas de comer cuando hasta las migajas pueden salir flotando.
Imágenes | Pexels, NASA
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