Alejandra Jáidar fue la primera física mexicana, pero su mayor legado fue hacer que la ciencia llegara a todos

Una mujer que terminó cambiando la forma en que México entiende la ciencia.

Alejandra Jaidar
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Samantha Guerrero

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Entusiasta de la tecnología. Otaku en las sombras, con RGB para ver de noche y debilidad por las historias donde alguien grita “¡Seeenpaiiiii!”. Como diría Vash the Stampede: “¡Este mundo está hecho de amor y paz!”.

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En 1955, cuando Alejandra Jáidar cruzó por primera vez las puertas de la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), estudiar Física ya era una decisión poco común. Hacerlo siendo mujer lo era todavía más, ya que en aquellos años, las mexicanas apenas comenzaban a abrirse camino en las universidades. 

Dos años antes habían conseguido el derecho a votar en elecciones federales y las carreras científicas seguían siendo territorios dominados casi por completo por hombres. Ni siquiera en su casa todos estaban convencidos, y su padre pensaba que Física no era una carrera adecuada para una mujer, pero Alejandra hizo exactamente lo contrario. 

Entró a la UNAM, se especializó en física nuclear y, en 1961, se convirtió en la primera mexicana titulada como física. Pero ese fue apenas el comienzo, porque el cambio más importante que provocó Alejandra Jáidar no ocurrió dentro de un laboratorio y ocurrió cuando decidió sacar la ciencia de él.

Estudiar Física también era desafiar una idea muy extendida

Hoy todavía hablamos de la falta de mujeres en la ciencia. Según la UNESCO, apenas alrededor de un tercio de las personas dedicadas a la investigación científica en el mundo son mujeres y hace siete décadas el panorama era todavía más desigual.

En muchas facultades de Física era común encontrar salones donde prácticamente todos los estudiantes eran hombres. No había muchas investigadoras a quienes mirar como ejemplo y cada paso que daba Alejandra implicaba demostrar que una mujer también podía ocupar un lugar en una disciplina donde casi todos eran hombres.

Hay historias que caben en una sola palabra

Cuando terminó la carrera, ocurrió un episodio que hoy parece pequeño, pero dice mucho sobre la época. Su título universitario decía "Físico", no "Física". Alejandra cuestionó esa decisión porque entendía que el lenguaje también reflejaba una realidad.

Durante buena parte del siglo XX se daba por hecho que quien ejercía esa profesión era un hombre. Puede parecer un detalle menor, pero en realidad era el reflejo de una comunidad científica donde las mujeres casi no aparecían.

Entonces entendió que el verdadero problema no estaba en los laboratorios

Después de incorporarse al Instituto de Física de la UNAM, Alejandra trabajó en investigación experimental y participó en el desarrollo del laboratorio donde operó el acelerador Van de Graaff, uno de los más importantes de América Latina en su momento.

Acelerador

Pero conforme avanzó su carrera, comenzó a notar algo que le preocupaba: México tenía científicos. Lo que no tenía era suficientes personas capaces de explicar la ciencia y las investigaciones se publicaban en revistas especializadas que casi nadie fuera de la comunidad académica leía.

Mientras tanto, la mayor parte de la población seguía completamente alejada de ese conocimiento. Fue entonces cuando entendió que hacer ciencia no era suficiente; también había que aprender a contarla.

Cuando explicar ciencia también era hacer ciencia

Hoy basta abrir YouTube o TikTok para encontrar videos sobre agujeros negros, inteligencia artificial, vacunas o exploración espacial. Pero hace medio siglo ese mundo simplemente no existía.

Los libros, las revistas, las conferencias y los museos eran prácticamente el único puente entre los investigadores y la sociedad; Alejandra decidió construir ese puente.

Como editora de la colección La Ciencia desde México, que más tarde evolucionó en La Ciencia para Todos, ayudó a acercar temas como física, astronomía, matemáticas, medicina y biología a miles de lectores que probablemente nunca habrían abierto una revista científica.

También impulsó la creación de la Sociedad Mexicana para la Divulgación de la Ciencia y la Técnica (SOMEDICyT) porque estaba convencida de que explicar la ciencia debía ser una labor profesional y no una actividad secundaria.

Cientifica Mexicana

Hoy esa idea vive en YouTube, TikTok y los pódcast

Las herramientas cambiaron por completo y la idea sigue siendo exactamente la misma. Hoy, con abrir cualquier plataforma, encontramos divulgadores que explican desde inteligencia artificial hasta física cuántica en pocos minutos.

Divulgadores como Julieta Fierro, Miguel Alcubierre, Antonio Lazcano y muchos otros investigadores ayudaron a consolidar ese camino. A ellos se suman decenas de creadores de contenido que todos los días traducen investigaciones complejas para millones de personas.

El escenario tecnológico cambió y la misión sigue siendo la misma que defendía Alejandra Jáidar hace décadas: demostrar que la ciencia no pertenece únicamente a los laboratorios. También pertenece a las escuelas, las bibliotecas, las pantallas y cualquier lugar donde exista curiosidad por entender cómo funciona el mundo.

En tiempos de desinformación, divulgar ciencia importa más que nunca

En la actualidad, una noticia falsa puede recorrer internet en cuestión de minutos y muchas veces lo hace con la misma velocidad que un descubrimiento científico. Por eso la divulgación se volvió mucho más que una actividad académica.

Explicar cómo funciona una vacuna, por qué ocurre un eclipse, qué significa una sequía o cómo la inteligencia artificial está transformando la vida cotidiana también ayuda a que las personas puedan tomar mejores decisiones y distinguir la evidencia de los mitos.

Esa era precisamente la idea que Alejandra Jáidar defendía mucho antes de que existieran las redes sociales.

Un legado que ayudó a cambiar la cultura científica del país

Cuando Alejandra comenzó a divulgar ciencia, los libros y las conferencias eran prácticamente la única forma de acercar el conocimiento al público. México cuenta con museos interactivos, ferias científicas, festivales, canales de YouTube, pódcast y divulgadores que llegan a millones de personas.

Jaidar Ciencia

Ese ecosistema no apareció de un día para otro; fue construido durante décadas por investigadores que defendieron una idea que entonces parecía poco importante. Que explicar la ciencia también era hacer ciencia.

Mucho más que la primera física mexicana

Es fácil recordar a Alejandra Jáidar por haber sido la primera mujer mexicana titulada en Física y sin duda ese logro merece un lugar en la historia. Pero quizá esa no fue su aportación más importante.

Cuando decidió estudiar Física, tuvo que abrirse paso en un lugar donde casi no había mujeres y años después terminó abriendo una puerta mucho más grande. La que permitió que la ciencia comenzara a salir de los laboratorios para llegar a las bibliotecas, las escuelas y, décadas más tarde, también a internet.

Quizá por eso su legado no se mide únicamente por haber sido la primera física mexicana, sino por haber ayudado a que millones de personas entendieran que la ciencia también podía hablar su mismo idioma y esa, probablemente, fue la forma más poderosa de hacer ciencia.

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