
Un proyecto concebido para que sus pasajeros no sean solo turistas, sino residentes permanentes
Vivir en el mar arriba de un barco parece una idea salida de la ciencia ficción. Sin embargo, hace casi diez años la Polinesia Francesa comenzó a estudiar la posibilidad de crear la primera ciudad flotante del mundo. Si bien dicho proyecto nunca se concretó, la idea de vivir en el océano se mantuvo y ahora, parece estar más cerca que nunca. ¿Cómo? Gracias a un crucero de 1.6 kilómetros de largo.
Presentado como el Freedom Ship, este navío llegó para romper con todo concepto tradicional de crucero. Su objetivo es que aquellos que se encuentren a bordo no solo estén ahí por vacaciones o viajes de placer, sino que residan permanentemente. Esto gracias a sus dimensiones, las cuales abarcan cerca de 240 metros de ancho y 30 cubiertas de altura. A grandes rasgos: albergará a unas 80,000 personas.
Este titánico proyecto tiene un costo estimado de 12,000 millones de libras, y básicamente tendría la capacidad para resguardar al mismo número de personas que una ciudad mediana. Esto gracias a que su tamaño será mucho mayor al de los cruceros actuales. Pero lo interesante, como dijimos, es el plan de que las personas a bordo sean residentes permanentes. Es decir, que vivan ahí.
Para ello, esta ciudad flotante navegará alrededor del mundo en un tiempo aproximado de dos años y medio. Debido a su tamaño, el buque sería incapaz de atracar en puertos convencionales, operaría únicamente en aguas internacionales y utilizaría embarcaciones auxiliares para conectar con el continente. Además, los habitantes tendrían acceso a barrios diferenciados. Toda una utopía.
Tal es el empeño porque las personas se sientan como en una ciudad real que el navío incluirá sistemas de transporte interno, kilómetros de paseos peatonales y múltiples zonas verdes a lo largo de la estructura. Sumado a ello, se buscará que los habitantes encuentren de todo, literalmente. El proyecto incluye viviendas, hoteles, escuelas, hospitales, bancos, oficinas, museos, salas de conciertos y zonas deportivas.
Pero eso no es todo. El ambicioso crucero también incluye cultura y entretenimiento a un nivel en el que se contempla un estadio con capacidad para 15,000 espectadores, un parque acuático, discotecas, así como una amplia gama de centros comerciales. Evidentemente, la idea es que esta plataforma flotante sea capaz de operar de forma autónoma durante años.
Impulsado por Freedom Cruise Line International, el proyecto aún se encuentra en proceso de financiación. De concretarse, los promotores planean construir el casco por secciones en Indonesia y después ensamblarlo directamente en el mar. Se estima que la construcción se complete en tres o cuatro años. Igualmente, su modelo económico fungirá como el de una ciudad al vender espacios comerciales a empresas.
Como si esto no fuera suficiente, otro aspecto que llama la atención del Freedom Ship es el posible uso de energía nuclear para impulsar el gigantesca barco. Según sus promotores, esto podría ayudar a reducir las emisiones asociadas al transporte marítimo. En paralelo, se tiene pensado que la embarcación participe en iniciativas de limpieza oceánica y se convierta en un laboratorio para la sostenibilidad en el mar.
Claro está, existe cierto escepticismo. Al final, una ciudad flotante de tales dimensiones nunca se ha construido y la inversión necesaria supera a niveles estratosféricos la de los cruceros más actuales. Sin embargo, sus defensores indican que la combinación de vivienda, comercio, turismo y servicios podría hacer viable el modelo, aunque se mantiene entre las grandes utopías tecnológicas contemporáneas.
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