Basta con ver una fotografía de cualquier partido del Mundial 2026 para notar algo que hace no mucho parecía raro en el futbol profesional. Las grandes estrellas ya no comparten el mismo aspecto; donde antes predominaban los cortes militares, los degradados y los peinados discretos, hoy aparecen coletas, rizos, trenzas y melenas largas que se mueven con cada carrera.
Erling Haaland convirtió su coleta rubia en una de sus principales señas de identidad. Marc Cucurella hizo lo mismo con sus rizos. Darwin Núñez, Cody Gakpo o Khvicha Kvaratskhelia también forman parte de una generación que rompió con la idea de que un futbolista debía verse igual que todos los demás.
A primera vista, parece una simple cuestión de estilo. En realidad, detrás hay algo mucho más interesante: psicología, construcción de marca personal e incluso una nueva forma de entender la disciplina dentro del deporte.
Cuando todos llevan el mismo uniforme, cualquier detalle cuenta
Hay algo curioso en el futbol; durante noventa minutos, los 22 jugadores en la cancha usan prácticamente la misma ropa. La camiseta cambia de color, pero el uniforme cumple la misma función: hacer que el equipo se vea como un conjunto.
Entonces, ¿cómo consigue un futbolista destacar cuando todos visten igual? La respuesta está en los detalles. El Modelo de Imagen de Marca del Atleta (MABI), desarrollado por investigadores como Arai y colaboradores, explica que la marca personal de un deportista no depende únicamente de su rendimiento.
También se construye a partir de su estilo de vida y de aquellos rasgos que permiten reconocerlo al instante. Por eso basta una silueta para saber que se trata de Haaland o de Cucurella: su cabello terminó convirtiéndose en una firma.
En una época donde los jugadores también son marcas personales, una identidad visual clara tiene un enorme valor. No solo ayuda a que los aficionados los recuerden; también facilita que las marcas patrocinadoras construyan campañas alrededor de una imagen reconocible.
En México ya habíamos visto algo parecido
Aunque hoy parezca una tendencia global, los aficionados mexicanos ya habían tenido un anticipo de este fenómeno. A finales de los noventa era prácticamente imposible confundir a Luis Hernández. Su cabello largo teñido de rubio terminó siendo tan famoso como los cuatro goles que marcó en Francia 98.
Algo parecido ocurrió con Francisco Palencia o Hugo Sánchez, quienes rompían con la imagen tradicional del futbolista de cabello corto. La diferencia es que entonces eran casos aislados y hoy forman parte de una tendencia mucho más amplia.
Jorge Campos también fue una excepción; sin embargo, algo que destacaba en cada juego eran sus uniformes coloridos y con diseños únicos que de igual manera quebrantaban la idea de que todos los futbolistas deben verse igual.
Verse diferente también cambia la forma de competir
Todos conocemos a alguien que cambia de actitud cuando se pone un traje, un uniforme o incluso unos tenis nuevos. La psicología lleva años estudiando ese fenómeno.
Se conoce como Enclothed Cognition, un concepto desarrollado por Hajo Adam y Adam Galinsky que explica cómo la apariencia influye en la forma en que una persona piensa, siente y actúa.
Aunque la teoría nació para estudiar el efecto de la ropa, varios investigadores consideran que también puede aplicarse a otros elementos de la imagen personal. Cuando un futbolista encuentra un estilo con el que se siente auténtico, fuerte o seguro, esa percepción puede reforzar su confianza dentro de la cancha.
El cabello deja de ser un simple rasgo físico; se convierte en parte de la identidad con la que sale a competir y no hace que un delantero remate mejor ni que un portero ataje más balones. Pero sí puede hacer que se sienta más seguro de sí mismo y, en un deporte donde la presión psicológica decide partidos, esa diferencia importa.
También cambio la idea de cómo debe verse un futbolista
Durante buena parte del siglo XX existía una imagen muy clara del futbolista profesional: cabello corto, aspecto sobrio, nada que llamara la atención y, con el paso del tiempo, esa idea comenzó a cambiar.
Las nuevas generaciones crecieron en un contexto donde la apariencia también forma parte de la personalidad y donde expresar quién eres ya no se interpreta como una falta de profesionalismo.
Lo curioso es que el cabello largo tampoco representa una ruptura completa con la historia. En muchas culturas ha simbolizado exactamente lo contrario; desde Sansón hasta los guerreros vikingos, las largas melenas han estado asociadas con fuerza, resistencia e independencia y es por eso que no sorprende que Haaland haya abrazado constantemente esa estética como parte de su imagen pública.
La parte difícil no es dejarlo crecer
Existe una idea equivocada y es que mucha gente piensa que tener el cabello largo consiste simplemente en dejar de ir a la peluquería. La realidad es bastante distinta.
Una melena como la de Haaland requiere años de crecimiento continuo, además de hidratación, acondicionadores, tratamientos y cortes periódicos para mantenerla saludable; y eso apenas es una parte.
Los futbolistas entrenan prácticamente todos los días. El sudor, el sol, la lluvia y el roce constante deterioran el cabello mucho más rápido que en la vida cotidiana, y muchos de ellos recurren a diademas, ligas o peinados específicos que les permitan mantener despejado el campo visual sin sacrificar comodidad.
Marc Cucurella utiliza una diadema para controlar sus rizos; Haaland juega con una coleta perfectamente sujeta; Darwin Núñez alterna entre trenzas y cola de cabello dependiendo de la longitud de su cabello.
Detrás de esas imágenes hay una rutina constante de cuidado, pero lo extraño es que aquello que hace unos años algunos asociaban con rebeldía hoy exige una disciplina casi diaria.
Incluso cambia la forma en que los vemos jugar
Un detalle que pasa desapercibido es que nuestro cerebro presta especial atención a los objetos que están en movimiento. Cuando un futbolista acelera, cambia de dirección o salta, una melena añade un efecto visual que amplifica cada acción.
No significa que corra más rápido, pero sí hace que su presencia parezca más dinámica: es un efecto de percepción y ayuda a explicar por qué algunos jugadores terminan siendo tan fáciles de recordar incluso después de un solo partido.
Un Mundial también fuera de la cancha
Hace apenas unos años era complicado imaginar que las mayores figuras del futbol apostaran por una imagen tan distinta a la que predominó durante buena parte de los años 2000.
Hoy ocurre exactamente lo contrario. Las estrellas del Mundial no solo compiten por marcar goles o levantar un trofeo; también construyen una identidad que vive en las transmisiones de televisión, las redes sociales, las campañas publicitarias y la memoria de millones de aficionados.
Es por eso que las melenas de hombres como Haaland, Cucurella o Kvaratskhelia llaman tanto la atención. No porque el cabello largo esté de moda, sino porque reflejan un cambio mucho más profundo.
Durante décadas, el futbol entendió la disciplina como la capacidad de verse igual que todos los demás; por eso hoy, las grandes figuras demuestran que también hay un espacio para la personalidad y que, incluso en un deporte donde todos usan el mismo uniforme, encontrar una identidad propia puede convertirse en una de las mayores fortalezas.
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