
El secreto de la gastronomía mexicana no está solo en el sabor.
Muchos turistas llegan a México por sus playas, zonas arqueológicas o ciudades coloniales. Sin embargo, cuando regresan a casa, suelen hablar de otra cosa: los tacos que probaron en una esquina, el mole que no han conseguido encontrar en ningún otro lugar o los chilaquiles que siguen recordando meses después del viaje.
La explicación va mucho más allá de que la comida mexicana simplemente "sepa bien". Durante años, la ciencia ha estudiado por qué ciertos alimentos generan respuestas especialmente intensas en el cerebro humano. Y resulta que muchos de los elementos que caracterizan a la gastronomía mexicana coinciden con mecanismos biológicos relacionados con el placer, la recompensa y la motivación para seguir comiendo.
El chile provoca una reacción que el cerebro interpreta como recompensa
Uno de los ingredientes más representativos de la cocina mexicana es también uno de los más estudiados por la ciencia: el chile.
Su principal compuesto activo, la capsaicina, es responsable de la sensación de picor que aparece al consumir alimentos picantes. Lo curioso es que el organismo interpreta esa sensación como una forma leve de dolor. La capsaicina activa receptores conocidos como TRPV1, estructuras del sistema nervioso encargadas de detectar altas temperaturas y señales asociadas con una quemadura.
En otras palabras, cuando alguien prueba una salsa particularmente picante, el cerebro recibe el mensaje de que algo está irritando la boca. Sin embargo, casi de inmediato ocurre algo más. Para compensar esa sensación desagradable, el organismo libera endorfinas, consideradas analgésicos naturales, además de dopamina, un neurotransmisor asociado con los sistemas de recompensa.
El resultado es una experiencia contradictoria: algo que produce una ligera molestia, pero que al mismo tiempo genera una sensación de bienestar. Los psicólogos han descrito este fenómeno como una forma de "masoquismo benigno", una experiencia controlada que las personas buscan voluntariamente porque conocen la recompensa emocional que llega después. Por eso muchas personas desarrollan gusto por el picante e incluso terminan buscándolo con mayor intensidad con el paso del tiempo.
El secreto no está solo en el chile: también en 3,000 años de conocimiento culinario
La explicación científica no termina con la capsaicina. Gran parte de lo que hace tan atractiva a la cocina mexicana es el resultado de siglos de experimentación culinaria. Muchas de las técnicas que hoy parecen cotidianas fueron desarrolladas mucho antes de que existiera la nutrición moderna.
Uno de los ejemplos más importantes es la nixtamalización, un proceso creado por las culturas mesoamericanas hace más de tres mil años y que sigue siendo fundamental para elaborar tortillas, tamales, tlacoyos y muchos otros alimentos. El procedimiento consiste en cocer y remojar el maíz en una solución alcalina elaborada tradicionalmente con cal. Aunque parece una preparación sencilla, provoca cambios químicos fundamentales.
La nixtamalización mejora la digestibilidad del maíz y libera nutrientes esenciales como la niacina, una vitamina del complejo B que de otro modo permanecería en una forma difícil de aprovechar para el organismo.
La importancia de este descubrimiento fue tan grande que siglos después, en regiones donde el maíz fue adoptado sin esta técnica, aparecieron enfermedades asociadas con la deficiencia de niacina, como la pelagra. La tortilla que acompaña un taco no es únicamente un alimento básico. También es el resultado de uno de los avances alimentarios más importantes desarrollados en América.
La cocina mexicana domina una combinación que el cerebro adora
Lo interesante es que gran parte de estos efectos no fueron diseñados deliberadamente. Son el resultado de siglos de evolución culinaria en los que distintas culturas perfeccionaron combinaciones de ingredientes, técnicas de cocción y sabores que terminaron coincidiendo con muchos de los estímulos que el cerebro encuentra más atractivos.
La neurociencia de la alimentación ha identificado una categoría conocida como alimentos hiperpalatables. Se trata de preparaciones que combinan cantidades específicas de grasa, carbohidratos y sodio en proporciones capaces de activar con especial intensidad los circuitos cerebrales relacionados con el placer.
Y aquí aparece otro aspecto interesante de la gastronomía mexicana. Algunos de sus platillos tradicionales reúnen varias de las características que la literatura científica asocia con este tipo de alimentos. Una tortilla aporta carbohidratos complejos. Ingredientes como queso, carne, aguacate o crema aportan grasas. Mientras tanto, las salsas y condimentos potencian los sabores mediante el sodio y otros compuestos aromáticos.
El resultado es una combinación que el cerebro percibe como especialmente valiosa desde un punto de vista energético. Diversas investigaciones sugieren que este tipo de alimentos puede estimular los sistemas de recompensa con suficiente intensidad como para mantener el interés por seguir comiendo incluso después de que aparezcan las señales normales de saciedad. En otras palabras, el cuerpo puede sentirse satisfecho mientras el cerebro sigue considerando atractiva la idea de pedir otro taco.
El caso del taco de chicharrón: una tormenta perfecta para los sentidos
Si existe un ejemplo de cómo distintos mecanismos pueden actuar al mismo tiempo, podría ser un taco de chicharrón acompañado de salsa. La grasa aporta sabor y prolonga las sensaciones en el paladar. La textura crujiente genera una experiencia que el cerebro suele asociar con alimentos frescos y apetecibles.
Además, durante la cocción se producen cientos de compuestos aromáticos derivados de las reacciones químicas responsables del característico olor de alimentos tostados, asados o dorados. Y encima de todo aparece el picante.
La capsaicina añade una capa adicional de estimulación sensorial y desencadena la liberación de sustancias relacionadas con el bienestar. La combinación de textura, aroma, grasa y picante activa múltiples sistemas sensoriales al mismo tiempo, algo que ayuda a explicar por qué ciertos platillos permanecen durante tanto tiempo en la memoria de quienes los prueban.
No es casualidad que siempre haya espacio para uno más
La mayoría de las personas ha experimentado algo parecido. Después de una comida abundante, llega el momento en que alguien ofrece un taco extra, una quesadilla o un postre, y de alguna forma aparece espacio para seguir comiendo.
La ciencia cree que parte de la explicación está en la capacidad de ciertos alimentos para mantener activas las vías neuronales relacionadas con el placer y la motivación. No significa que funcionen como una droga. Pero sí que aprovechan algunos de los mismos mecanismos cerebrales involucrados en la recompensa y el aprendizaje.
México también es una historia de cultura, no solo de química
Reducir la cocina mexicana a procesos neuroquímicos sería injusto. La gastronomía del país es el resultado de siglos de intercambio cultural, técnicas ancestrales y una enorme diversidad regional.
Sin embargo, la ciencia ayuda a entender por qué esos sabores generan reacciones tan intensas incluso en personas que nunca habían probado algo parecido.
El picante, la nixtamalización, las combinaciones de texturas, los aromas producidos durante la cocción y el equilibrio entre ingredientes crean experiencias capaces de estimular múltiples sentidos al mismo tiempo. Por eso la fascinación que sienten muchos visitantes no depende únicamente del hambre.
En parte, tiene que ver con la forma en que el cerebro humano está programado para responder ante ciertos estímulos.
La razón por la que tantos turistas vuelven hablando de tacos
Quizá por eso ocurre algo curioso. Al regresar de México, muchos viajeros recuerdan los paisajes, los museos o las playas. Pero también siguen hablando de los tacos que probaron en una esquina, de un mole que no han vuelto a encontrar o de unos chilaquiles que parecían imposibles de superar.
La ciencia todavía investiga todos los mecanismos detrás de esa experiencia. Lo que sí sabe es que el picante activa sistemas de recompensa, que ciertas combinaciones de ingredientes resultan especialmente atractivas para el cerebro y que algunos alimentos pueden estimular el deseo de seguir comiendo incluso después de alcanzar la saciedad.
Y pocas cocinas en el mundo combinan todos esos elementos de forma tan eficaz como la mexicana. Por eso, para muchos turistas, el recuerdo más persistente de México no termina siendo una playa o una zona arqueológica y termina siendo el sabor de un taco que no han podido olvidar.
En Xataka México | Todas las taquerías de CDMX reunidas en un solo mapa: la mayoría estamos a cinco minutos de una
En Xataka México | México cambió su forma de comer y eso tuvo consecuencias: la mayoría de los adultos ya tiene sobrepeso
Ver todos los comentarios en https://www.xataka.com.mx
VER 0 Comentario