La captura de Nicolás Maduro en Caracas no solo sacudió el mundo de la política, también funcionó como una especie de radiografía que resultó ser bastante precisa sobre cómo ejecuta hoy Estados Unidos sus misiones de acción directa de máximo riesgo. Frente a la narrativa habitual de drones y ataques remotos, la operación dejó en claro que cuando el margen de error es cero, el protagonismo sigue siendo para plataformas tripuladas.
En concreto, para el MH-60M DAP, el Direct Action Penetrator del mítico 160th Special Operations Aviation Regiment, mejor conocidos como los Night Stalkers. Venezuela era, en todos los sentidos, un escenario hecho a la medida de este helicóptero. Entorno urbano hostil, defensas aéreas potenciales, necesidad de inserción rápida y fuego preciso coordinado con equipos de asalto. El DAP no es un Black Hawk “adaptado”, sino una variante concebida desde hace décadas para escoltar, atacar y sobrevivir en el mismo vuelo.
De acuerdo con el United States Army Aviation Museum, los primeros DAP entraron en servicio en 1990 y desde entonces han estado asignados exclusivamente al 160.º SOAR, acumulando mejoras constantes y experiencia real en combate.
Potencia de fuego modular que rivaliza con helicópteros de ataque
La seña de identidad del MH-60M DAP es su capacidad de combinar la pegada de un helicóptero de ataque con la flexibilidad de uno de operaciones especiales. Su configuración actual incluye alas cortas modulares con uno o dos puntos de anclaje por lado, capaces de portar cohetes de 70 mm, misiles AGM-114 Hellfire, misiles aire-aire Stinger ATAS, ametralladoras pesadas GAU-19/B calibre .50 y cañones M230 de 30 mm, los mismos que utiliza el AH-64 Apache.
A esto se suman dos Miniguns de 7,62 mm que pueden fijarse en posición frontal para maximizar el volumen de fuego durante pasadas a baja altura. La introducción de cohetes APKWS II guiados por láser ha añadido una precisión quirúrgica clave en entornos urbanos densos. Según el museo del Ejército estadounidense, configuraciones como la COMNAV IDAP, vistas en Afganistán en 2012, combinaban precisamente este tipo de armamento según la misión.
Entrar de noche, volar bajo y no ser visto
Más allá de las armas, el verdadero valor del DAP está en su capacidad para llegar al objetivo sin ser detectado y sobrevivir una vez dentro. Comparte con el resto de la flota del 160.º SOAR una aviónica optimizada para vuelo nocturno extremo y perfiles nap-of-the-earth, literalmente rozando el terreno. De acuerdo con TWZ, el radar AN/APQ-187 Silent Knight permite volar con seguridad en condiciones en las que otros helicópteros simplemente no podrían operar.
A esto se suma la torreta AN/ZSQ-2, con sensores electro-ópticos e infrarrojos, designador láser y vídeo en tiempo real, además del sistema DVEPS, que combina cámaras, LIDAR y bases de datos del terreno para operar entre polvo, humo, lluvia o niebla. Es la razón por la que los DAP pueden combatir a muy corta distancia y ejecutar la clásica combinación de ametrallamiento y cohetes vista en los vídeos de Caracas.
Blindaje invisible y una obsesión por sobrevivir
Si hay algo que distingue a los Night Stalkers es su enfoque casi obsesivo en la autoprotección. El MH-60M DAP integra sensores de alerta de misiles, radar y láser, guerra electrónica activa, dispensadores de bengalas y chaff y contramedidas láser direccionales como el sistema CIRCM, capaz de cegar buscadores infrarrojos en pleno vuelo. Todo está interconectado para reaccionar de forma automática ante amenazas emergentes, un factor clave en misiones a baja altura y de noche.
La operación en Venezuela también dejó pistas sobre el futuro inmediato. De acuerdo con TWZ, existen indicios de que el MH-60M DAP pudo emplear por primera vez en combate los llamados launched effects: drones lanzables desde helicópteros para atacar, interferir o engañar defensas a gran distancia. Sumado a su capacidad de repostaje en vuelo desde MC-130J, el DAP es la versión más armada y protegida del Black Hawk jamás construida y como una pieza central del modo en que Estados Unidos ejecuta hoy sus misiones más delicadas.
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