Antes de que en tu celular pudieras disfrutar del WiFi y la conexión satelital, el internet llegó a nosotros por medio de un cable de fibra óptica que cruzó el Atlántico. Un cable que lleva más de dos décadas en el fondo del mar, pero que dado su alto costo de reparación ha comenzado a retirarse de su lugar. Nos referimos al TAT-8.
Diciembre de 1988. Las compañías AT&T, British Telecom y France Telecom colocan el octavo sistema de cable transoceánico entre Europa y Estados Unidos. Sin embargo, se trató del primero en transmitir tráfico a través de fibra óptica en lugar de cobre y al que se le bautizó como Trans-Atlantic Telephone 8. Pero no duró mucho tiempo.
Tal y como cuenta un reportaje de Wired, en aquel entonces el internet era un concepto prácticamente nuevo para las masas. La entrada en funcionamiento del TAT-8 fue ese punto de inflexión con el que arrancó todo y que hoy por hoy usamos en nuestro día a día. Donde los datos viajaron como pulsos de luz a través de finos hilos de vidrio.
Tal fue su importancia que durante el acto inaugural hubo una videoconferencia donde el autor Isaac Asimov desde Nueva York se dirigió al público de París y Londres. Lo describió como un "viaje inaugural a través del mar sobre un rayo de luz". Contrario a lo que pudiéramos pensar, su capacidad se agotó solo 18 meses después de su lanzamiento.
En medio del estallido de la World Wide Web, la llegada del comercio electrónico y un escenario donde poco a poco el internet comenzó a ganar mayor relevancia, se requirió la instalación de nuevos cables en el menor tiempo posible. Tanto así que para 2001 la serie TAT alcanzó el número 14. Un año después se despidió el pionero.
Resulta que en 2002 el TAT-8 sufrió una avería. ¿Y por qué no solo repararlo? Respuesta rápida: era muy caro. Gracias al avance tecnológico se modernizaron cables con mayor capacidad, los cuales ya estaban en operación. Por lo tanto, resultó innecesario invertir en la reparación del TAT-8. Simplemente se desconectó y dejó en el fondo del Atlántico.
Allí permaneció durante más de dos décadas. Ahora, la compañía Subsea Environmental Services, por medio del buque MV Maasvliet, ha decido recuperarlo. La intención de este movimiento es hacerse con el cable viejo a fin de liberar rutas submarinas para la instalación de unos nuevos. Subsea se dedica precisamente al reciclaje de este tipo de cables.
El objetivo de reciclar el cable es dados sus materiales: cobre de alta pureza, acero y polietileno. Todos y cada uno son reciclables y cuentan con un alto valor en el mercado. Por ejemplo, el cobre es un valioso recurso para la creación de tuberías, laminados o alambres que se usan en sectores como la energía, tecnología y salud.
Por otro lado, el acero puede convertirse en vallas y el plástico en pellets para fabricar envases de productos no alimentarios. Curiosamente, todos estos elementos se utilizaron en un principio gracias a un mito que rodea al TAT-8: los tiburones muerden los cables de internet. Según se dice, un ingeniero mostró unos cables con marcas de dientes del animal durante una conferencia.
Aunque AT&T llegó a publicar un manual sobre protección ante las mordeduras de tiburones, la verdad es que nunca se verificó o bien, nunca hubo un consenso sobre este hecho. Incluso se hicieron pruebas con tiburones en acuarios en los que se dejó a estos animales hambrientos, pero con cables a su alrededor. No hubo un patrón convincente. Lo bueno: las compañías hicieron refuerzos ante daños de cualquier tipo.
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