Sam Altman afirma que el impacto ambiental de la IA es un meme. Los expertos exigen: es hora de ver los números

Sam Altman afirma que el impacto ambiental de la IA es un meme. Los expertos exigen: es hora de ver los números

La defensa de Sam Altman al gasto de agua y energía de la inteligencia artificial usa desde lavabos e inodoros hasta almendras y seres humanos. 

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Wilson Vega

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Wilson Vega

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Fanático de la tecnología, el cine y la cultura pop. Periodista de profesión y geek por vocación, apasionado de la inteligencia artificial y la robótica en la ciencia ficción y en el mundo real. A veces, el éxito significa ser el primero en fracasar.

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El director ejecutivo de OpenAI, Sam Altman, volvió a defender recientemente el elevado consumo de agua y de electricidad de la inteligencia artificial y llegó, incluso, a compararlo con la energía necesaria para formar a un ser humano. El inusual símil ocurrió en el episodio inaugural del podcast Sources junto al presentador Alex Heath.

Como lo ha hecho en otras oportunidades, Altman dijo que las preocupaciones sobre el agua en torno a la IA no resisten “ningún escrutinio”, y calificó las preocupaciones públicas sobre el consumo hídrico de los centros de datos como un meme sin fundamento. El CEO afirma que las instalaciones modernas ya no recurren al enfriamiento por evaporación  y que consumen un volumen de agua similar al de inodoros y lavabos en un edificio de oficinas común.

Según Altman, una consulta promedio en ChatGPT utiliza únicamente alrededor de 0.34 vatios-hora y que, por tanto, tomarían 38,000 consultas a ChatGPT para consumir el equivalente al agua necesaria para cultivar “una sola almendra en California”.

Con todo, nada de lo que dijo en el podcast se compara con la comparación que Altman usó en febrero, cuando le djo a The Indian Express que, si bien se discute mucho la energía que requiere entrenar un modelo de IA, desarrollar a un ser humano también exige una enorme cantidad de recursos. Afirma que se necesitan aproximadamente 20 años de vida, con todo el alimento consumido en ese periodo, para que un ser humano se vuelva inteligente.

No hay transparencia

El problema con la apreciación de Altman de que los cuestionamientos ambientales a su compañía el agua no resisten “ningún escrutinio” es, justamente, que nunca han tenido alguno. OpenAI no ha dado a conocer cifras oficiales sobre su consumo de agua y electricidad y por eso dos proyectos de ley aprobados recientemente por la legislatura estatal plantean obligar a los centros de datos a revelar y divulgar públicamente su consumo de agua.

Cabe destacar que, para entrar en efecto, esos proyectos necesitan la firma del gobernador Gavin Newsom, que el año pasado vetó una medida similar el año anterior.

Pese a todas sus justificaciones, Altman admite que la evaluación y preocupación pública sobre el consumo de energía de la IA es justa y, como respuesta, propone que la industria debe realizar una rápida transición hacia energías limpias como la nuclear, eólica y solar, al tiempo que pronostica que el costo de la inteligencia eventualmente tenderá a converger con el costo de la electricidad.

Las críticas de los expertos

Dat Center

Por años, académicos y comunidades, han levantado alertas sobre el hambre y la sed de los data centers. Noman Bashir, investigador del consorcio de clima y sostenibilidad del MIT, sostiene que la demanda de nuevos centros de datos no se puede satisfacer de manera sostenible. “El ritmo al que las empresas están construyendo nuevos centros de datos significa que la mayor parte de la electricidad para alimentarlos debe provenir de centrales eléctricas basadas en combustibles fósiles”, expresó.

Según datos de la Agencia Internacional de la Energía (IEA), el consumo eléctrico de los centros de datos (que representaba el 1.5% global en 2024) crecerá a un ritmo del 15% anual hasta 2030, una tasa cuatro veces más rápida que la de cualquier otro sector.

Por todo esto, las declaraciones de Altman ante la rápida expansión de la infraestructura de la inteligencia artificial han generado fuertes críticas y escepticismo por parte de expertos ambientales. 

Shaolei Ren, profesor de ingeniería eléctrica e informática en UC Riverside, le dijo a CalMatters: “Demasiados factores afectan la cantidad de agua que usan los centros de datos como para reducirlo a una estadística conveniente. La ubicación del centro de datos, la temperatura exterior, el tipo de sistema de refrigeración, la duración del prompt, el razonamiento necesario, la salida… Todo afecta a la cantidad de agua que consume el centro de datos”.

Pero numerosos estudios indican que probablemente consumen MUCHA agua y, de hecho, el Servicio de Investigación del Congreso afirma que los centros de datos la están usando más que antes.

Por todo esto, figuras como Alex Biering, director de defensa de políticas especializada en temas hídricos para la California Farm Bureau Federation, piden, al menos, transparencia. En charla con Quartz, dijo: “Si sabemos qué usa una almendra, ¿quizá podamos averiguar qué usa un centro de datos?”.

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