Monstruos de las profundidades, asesinos despiadados y máquinas devoradoras de hombres: durante décadas, la cultura popular ha retratado a los escualos bajo adjetivos sanguinarios. Gran parte de esa fobia colectiva nació en 1975 de la mano de Steven Spielberg y su obra maestra: Tiburón.
Sin embargo, detrás del clásico cinematográfico ganador del Oscar y con calificación casi perfecta del 97% según el sitio Rotten Tomatoes, existe una consecuencia ecológica que persigue a su director hasta el día de hoy: la distorsión y persecución de un animal marino cuya imagen ayudó a condenar.
La culpa que persigue a Spielberg cinco décadas después
Como recaban en Irish Times, el cineasta estadounidense no eludió su responsabilidad en el estigma que aún rodea a estas criaturas: "todavía lamento hoy en día la aniquilación de la población de tiburones causada por el libro y la película", admitió con franqueza, añadiendo un rotundo "lo siento de verdad". La producción cinematográfica adaptaba la novela homónima que el escritor Peter Benchley publicó en 1974.
El impacto cultural del filme detonó una auténtica oleada de cacería en el mundo real. Inspirados en personajes como Quint —interpretado en pantalla por Robert Shaw—, pescadores deportivos de diversas latitudes se lanzaron a los océanos para capturar y matar depredadores por puro entretenimiento y exhibición. Con ironía y remordimiento, Spielberg reconoció cuál ha sido su mayor inquietud durante este último medio siglo: "no temo ser devorado por un tiburón, sino que los tiburones me guarden rencor de alguna manera por la frenética pesca deportiva que se desató tras 1975".
Los efectos de este fenómeno no fueron menores. Desde organizaciones dedicadas a la conservación de los océanos como Shark Stewards, advierten que la cinta cambió de forma radical la relación entre la sociedad y estos depredadores: "la actitud general hacia los tiburones pasó de una indiferencia y una mala gestión pesquera a un desprecio puro y absoluto".
El autor del libro también buscó redimirse
Spielberg no fue el único en cargar con esa deuda moral. El propio Peter Benchley, quien coescribió el guion de la película, dedicó los últimos años de su vida a revertir el daño causado por su ficción. Como divulgador y activista en favor de la fauna marina, buscó desmitificar el mito del cazador implacable: "los tiburones no atacan a los humanos y desde luego no son rencorosos. Mirando hacia atrás, hoy jamás habría podido escribir ese libro".
La preocupación por el declive de las especies llevó a Benchley a convertirse en un férreo protector de los ecosistemas oceánicos, subrayando el rol fundamental que tienen estos animales en el equilibrio biológico del planeta.
Más allá del clásico original, la franquicia continuó con tres secuelas en las que Spielberg ya no participó: la primera a cargo de Jeannot Szwarc (1983), una segunda entrega dirigida por Joe Alves (1983) y la tercera entrega en manos de Joseph Sargent (1987).
Si gustas revisitar este clásico de terror -aunque ya sin el miedo a que te devore un animal acuático-, te recordamos que Tiburón se encuentra disponible en streaming a través de HBO Max.
Imagen | IMDb
En Xataka México | Steven Spielberg regresa a una de las grandes sagas de ciencia ficción en la historia del cine: ganó más de 5,000 millones de dólares
En Xataka México | 25 años después, está de regreso el mejor trabajo de Steven Spielberg en el género bélico
Ver 0 comentarios